Voyage of Time (#Malick8)

Voyage of Time (Íd., 2016): divagaciones del ser humano sobre su propia existencia, y su deber olvidado

 

“Father… Mother… Always you wrestle inside me. Always you will”

El árbol de la vida (The Tree of Life, Terrence Malick, 2011)

 

Cuando uno se acerca a Voyage of Time tiene una conexión directa, y completamente lógica, con El árbol de la vida. La poesía de sus encuadres, la música, las imágenes que ya hemos visto del Universo; de niños columpiándose gracias al soporte de altos y hermosos árboles; del desierto… y una voz en off que se parece a nuestra propia conciencia. Pero la realización de este documental, y las inquietudes de Malick para aceptar el llevarlo a cabo junto a National Geographic, no se comprenden sin la previa revisión de su Knight of Cups (Íd., 2015)…

Recordemos el viaje vital de Rick. Rick comenzaba a buscar el sentido de su vida, con la ayuda de amigos y familiares, con el recuerdo de acciones pasadas, y presentes. Rick vagaba por las calles de su ciudad, asistía a orgías hollywoodienes en plena autodestrucción personal, pero también comenzaba a fijarse, e incluso a arrodillarse para contemplarlos más de cerca, ante los vagabundos de su ciudad, recordando también que su ex-mujer era una médico comprometida con los más desfavorecidos. Ya decíamos en el análisis del film que, a decir verdad, estas imágenes quedaban más snobs que integradas en el discurso del protagonista. Algo no cuadraba, quedaban postizas ante el viaje hacia el auto-sentido, igual que la única imagen de las auroras boreales vistas desde el espacio que se incluyen nada más comenzar el film. Pero eran imágenes que ahora se nos antoja que Malick no pudo quitarse de la cabeza. Es más: las auroras, y los pobres tirados en las calles, tienen una conexión directa para Malick. Así que era necesario incluirlas. Tanto, como revisar, y profundizar, en el porqué de ellas.

¿Cómo es posible la existencia de tanta pobreza en el mundo? ¿Acaso no somos todos iguales ante Dios? Si Él existe, por supuesto. Entonces… ¿es la Naturaleza (¿creada por Dios?) la que se encarga de diferenciarnos? No tendría por qué. Es más… terremotos, inundaciones, virus… catástrofes que golpean fuertemente a la economía de un territorio… ¿son mensajes divinos, o son consecuencia de las acciones el hombre?

Rick, ahora directamente Malick, necesita ir más allá.

¿Quiénes somos? ¿Quién nos ha hecho así, nosotros mismos?

Naturaleza y religión, siempre. Libre albedrío o destino. Malick retorna a su obsesión, esta vez con la necesaria mirada el que tiene que remontarse al origen del Universo para llegar a adivinar, aunque sea tangencialmente, el por qué de la desviación del comportamiento del ser humano.

 

¿Honrar a la Naturaleza, o al Ser Superior que la creó? Da igual. Debemos reencontrarnos a nosotros mismos

 

“Antes que la noche. Antes que el día. Cuando nada era”.

 

La sinuosa voz en off de Cate Blanchett se alza ante la imagen en negro. 

 

“Madre”

 

Y un amanecer, uno de tantos que abren cualquier historia. La Historia. Nuestras vidas.

Malick corta a una vagabunda empujando trabajosamente su carrito de la compra, ese que contiene todo lo que posee. La enlaza con el primer plano de un hombre que claramente sufre internamente por su condición, con el de una mujer que busca comida en la basura…

El director retoma las escenas filmadas para Knight of Cups, y las convierte en el verdadero punto de partida del viaje hacia el análisis de cómo hemos podido llegar hasta aquí.

De América salta a África, y a personas lavando en un agua más sucia que el propio ropaje.

 

“¿Acaso no soy tu hijo?”

 

El ser humano, siempre buscando la respuesta a sus penurias fuera de su radio de influencia. ¿A quién pregunta, a la Naturaleza, o directamente al supuesto Dios que la creó?

Malick, com cualquier otro, también busca las respuestas fuera: Pero él, y nosotros gracias a Voyage of Time, debemos ir directamente al inicio de todo.

Enlazamos el barrio africano con una nebulosa.Con el pre Big Bang.

 

 

Malick imagina cómo esas “nebulosas” comienzan a conectarse, como si de neuronas se tratase. La banda sonora, con toques de música sacra, acompaña a una explosión roja que da paso al cosmos, a los planetas, a la rocosa superficie de uno en concreto. El nuestro.

El Big Bang es un concepto científico, pero Malick lo tiñe de espiritualidad. Sus creencias nunca van a quedar a un lado.

A partir de aquí Malick recreará el nacimiento de la vida, desde las bacterias. Desde el paso de la lava que se solidifica en rocas hasta la más profusa vegetación. Cada salto evolutivo se diferenciará de otro por un fundido a negro, y un recordatorio del por qué se realiza este viaje, incluyendo imágenes reales con un formato 4:3 de Rusia, de la India, de Asia…. En todos los continentes hay pobreza… pero también felicidad, y celebración.

 

 

Así que desde los seres pluricelurares hasta el Neardental, pasando por lagartos, aves, sepias gigantes, dinosaurios… Malick avanza poco a poco para descubrir qué es lo que nos ha hecho ser com somos. La belleza de la propuesta es innegable, así como su denuncia. Las pocas frases pronunciadas por la narradora se clavan en el alma, por ser las que todo amante de las obsesiones de Malick se repite también una y otra vez:

 

“¿Qué soy?”

“¿Quién me trajo aquí?”

“Naturaleza, ¿quién soy yo para ti?”

“¿Vamos a estar siempre juntos?”

“Una llama viva”

“¿Dónde estás?”

“¿Qué es este mundo?”

“El alma. Un deseo. Un sueño. Y no sabemos nada. Estamos ciegos”

“¿Tu bondad nunca falla?”

“¿Me abandonarás?”

“Madre, ¿qué amo cuando te amo?”

“¿Qué perdura?”

“¿Cómo te alcanzo?”

“Más allá del tiempo… más allá del dolor”

 

 

 

 

Blanchett entona la mezcla de sentimientos de cualquier ser humano que se halla perdido en un desconcierto arropado por una multicolor verdad. La evolución de los organismos tiene respuesta científica, pero no cómo pudieron llegar ahí. La dicotomía Dios/Creación Natural es imposible de ser evaluada, falta probar ese gran inicio. Pero lo que sí es cierto es que el hombre, desde sus primeras escalas evolutivas, es un ser social, preocupado por su comunidad, por los suyos. Cualquier descubrimiento lo pone al servicio de su especie. Malick se recrea especialmente en este punto, porque es el foco al que quería llegar: el hombre actual se ha perdido en su egoísmo, en su codicia. El hombre actual permite, permitimos, una profunda desigualdad entre nosotros. Por dinero. Por bienestar. Sin importar que éste sólo está siendo forjado por la caída de otros.

Malick se detiene en contemplar, en observar… en que observemos a nuestros antepasados. Muestra que éramos, que somos, una especie eminentemente cazadora que avanzó drásticamente con la invención de herramientas a partir de huesos (la conexión de todo este pasaje con 2001: Una Odisea del Espacio se antoja no tanto una referencia inevitable sino incluso un homenaje, una conexión directa con aquella visión del origen de la inteligencia humana de Kubrick/Clarke), pero también que nos preocupamos por cuidar a los heridos, a las embarazadas. La supervivencia del otro es la propia supervivencia, la de toda una especie. De eso, quizá, nos damos cuenta en el momento en el que nos reconocemos al vernos reflejados. Como nuestro antepasado, cuando “se descubrió” en el reflejo del agua del río…

El agua, siempre, presente en el cine de Malick. Agua de vida, de renovación. De avance.

Y el corte evolutivo, otro recordatorio a Kubrick, lo provoca Malick con la evolución social exponencial: de dormir a la intemperie, a crear paredes de barro en las cuevas. Y de las cuevas… a las grandes metrópolis actuales. Y futuras.

 

 

 

Tras recorrer sus calles, sus carreteras, su grandeza sólo fruto de una inteligencia que no ha dejado de crecer, Malick imagina el anunciado Big Crunch a partir de lo que parece un agujero negro, y una implosión, y lo relaciona con la transcendencia del ser humano. ¿Terminará así nuestra vida, nuestro planeta, nuestro Universo? Posiblemente.

 

“Tomo tu mano, no sueño más. Me uno a ti.”

 

Sea como fuere, lo importante es el aquí, y ahora. Es lo que hacemos ya para garantizar nuestro futuro hasta (a no ser que se demuestre lo contrario) la llegada de la última intervención divina. Hasta que nos lleve con Él.

Necesitamos disfrutar de un presente que sólo puede perdurar si nos olvidamos de nuestras diferencias. Si nos ayudamos, como hacían ya nuestros antepasados. La supervivencia de la especie depende únicamente del amor hacia los demás, hacia la Naturaleza.

 

“Madre. El amor nos ciega juntos.”

 

Sólo de esta forma el primer plano de una pequeña manita, de un columpio, e incluso de un rebaño de ovejas, estas tres imágenes encadenadas con las que finaliza Malick su recorrido, tendrán tanta relevancia como el Cosmos en sí. Porque sea quien sea quien lo haya creado… está en nuestras manos mantener esta pequeña parcela denominada Tierra.

 

 

TRAILER – Voyage of Time (Íd., Terrence Malick, 2016):

 

 

 

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Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014 (y de su Junta de 2015 a 2019), en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en los libros 'Steampunk Cinema' (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013), 'Miradas: 2002-2019' (Ed. Macnulti, 2019) y 'El amor en 100 películas' (Ed. Arkadin, pdte. publicación). Ahora, y tras cursar un Máster en Gestión Cultural (2016-2018, UOC) para obtener una visión completamente holística y complementaria también a sus estudios de Ingeniería, amplía sus textos críticos más allá del cine, entrando también en la ficción, y quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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