El árbol de la vida (#Malick5)

El árbol de la vida (The Tree of Life, 2011): la evolución del Universo. La evolución de nuestras vidas

 

“¿Por qué el humo del cigarro no vuelve nunca al cigarro?¿Por qué se aleja una molécula de otra?¿Por qué una gota de tinta derramada no se rehace? Porque el universo se mueve hacia un estado de disipación. Ese es el principio de entropía. La tendencia del universo a evolucionar hacia un estado de desorden creciente. ¿Pero qué ocurrirá cuando las fuerzas gravitacionales compensen a las de expansión? En ese momento, el universo podría entrar en su fase de contracción: el Big Crunch.”

Las vidas posibles de Mr. Nobody (Mr. Nobody, Jaco Van Dormael, 2009)

 

Los pensamientos de un hombre que ha crecido bajo la influencia de dos visiones muy distintas de lo que es la vida, y que se plantea qué es más real, si la crudeza del mundo representada por su padre o la agradecida fantasía de una madre que defiende que todo ocurre por un motivo fuera de nuestro alcance. Un hombre que vaga por paisajes perdidos, tanto como sus propias reflexiones, en contraste con los edificios, acristalados, cuya transparencia muestra, precisamente, la a veces imposible armonía entre Naturaleza, y evolución.

Y la pérdida. La pérdida,  como reflexión de lo bonito de nuestra existencia. La pérdida como reflejo de sentirse vivo.

Muerte y vida. Ciencia y religión. Universo y familia. Y el duelo como hilo conductor, que nos hace considerar el valor de nuestras más preciadas posesiones, verdaderamente insignificantes frente a la majestuosidad del Cosmos.

La complejidad de la obra de Malick se nutre de la aparente sencillez con la que nos expone las múltiples capas de su narrativa. El árbol de la vida, al igual que hemos podido comprobar en el análisis de sus anteriores largometrajes, no es una excepción. Pero sí que será la primera vez que muestre abiertamente su particular posición individual con respecto al significado de su (crisis de) fe.

 

 

 

Job

 

Punto de partida: blanco sobre negro, Malick nos obliga a leer el siguiente pasaje:

 

“‘Dónde estabas cuando yo echaba los cimientos de la Tierra, mientras me alababan los nacientes astros y prorrumpían en voces de júbilo todos los hijos de Dios?’ –  Job 38:4,7

 

Job.

El Antiguo Testamento nos habla de la prueba de integridad por la que Dios acepta hacer pasar, a petición del Diablo, al rico ganadero para confirmar que su devoción se debe a amor, y no a falsa correspondencia por su buena posición. Muertes, enfermedades, pobreza… Job mantiene su fe, y acaba siendo recompensado por ello.

Job. “Aquél que soporta penalidades”.

Nuestro protagonista se llama Jack O’Brien. J-O-B. Aunque también podría estar haciendo referencia a Jacob, a su vida (a caballo entre el pecado y la gracia de Dios), y a su redención por haber obrado con mala fe hacia su hermano… (1)

¿Qué penalidades sufre Jack? ¿Cuál será el resultado de su padecimiento?

¿Quién es Jack, sino todos nosotros? ¿Qué espera del ser humano Dios?

¿Y nosotros de él?

Continuamos con una nebulosa.

 

 

El inicio del universo, o la llama de Dios. “Hermano. Madre. Ellos me guiaron a ti”. Nos dice una voz en off. Es la de un Jack adulto, que se encuentra en plena reflexión: ¿cómo ha podido olvidarse de su hermano, y de lo que significó en su vida?

Siguiente secuencia: una niña en plena naturaleza, en un paisaje idílico, como son todos los recuerdos de la infancia. “Las monjas me enseñaron que puedes seguir dos caminos. El de la naturaleza y el de la gracia”. Inevitable que nuestra mente no vuele hacia El nuevo mundo, cuando contrastábamos la manera de pensar, y de enfrentarse a sus propias decisiones, de Pocahontas y Smith. Espiritualidad y sufrimiento….

Pronto veremos que esta niña es la madre de Jack, y que, como él mismo nos adelanta, ella va a representar el camino de la gracia en su vida.

 

 

El camino de la naturaleza, por otro lado, vendrá representado por su padre. Un hombre muy duro con respecto a la educación de sus hijos, pero a los que sin lugar a dudas ama desde lo más profundo de su corazón, aunque le cueste mostrar sus sentimientos. Él es la realidad de la existencia del hombre: nacer para sufrir, para salir adelante en un mundo en el que desde sus inicios ya se habían repartido los roles de depredadores y presas. Un hombre hecho a sí mismo, pero que sin embargo no ha conseguido ser lo que quería en la vida. Un perdedor a los ojos del sueño americano. Jugador, y con problemas. Es por eso que quiere que sus hijos sepan defenderse. Que sean lo que él no pudo ser.

El hilo conductor será la muerte del hijo mediano, que desde los recuerdos de Jack, sea verdad o no, siempre fue el preferido. Esta es la excusa que encuentra Malick para rendir homenaje a la naturaleza, y al Dios creador. Un homenaje en el que no decanta la balanza ni a un lado ni al otro. Simplemente expone puntos de vista distintos, pero muy relacionados entre sí en nuestra sociedad, en nuestras vidas. Básicamente nos llegamos a preguntar, igual que el protagonista, si tanta belleza es posible que surja de la simple evolución del mundo… ¿Ciencia pura, o alguien/algo que pudo iniciarla, y guía nuestro destino?

 

 

El director juega con los sentimientos y creencias del espectador mostrando escenas entremezcladas de ciencia y religión que nos conducen a lo largo de todo el metraje entre el sosiego, la profunda tristeza, y finalmente la esperanza. Jack se pregunta por qué en este determinado momento de su vida está cuestionándose cómo pudo olvidar a su hermano.


Por la escena de apertura y la final, podemos pensar que se trata de la reciente muerte de su propia madre, aunque no estamos seguros de ello. Incluso de la muerte del propio Jack, que también intuimos se avecina y está a punto de reunirse con los suyos.


Y este pensamiento le lleva a plantearse el por qué de las desgracias en un mundo tan maravilloso, el mundo que le enseñó su madre…

Vida y muerte. Luz y oscuridad.

Dicotomías insalvables.

Sobre cómo hemos llegado aquí. Sobre por qué somos como somos

 

Malick juega con el espectador, y com él mismo, cuestionándose  el verdadero inicio de la vida. Muchos criticaron en su momento el salto entre la vida de un niño que se ha visto truncada por la muerte de un hermano a rememorar células y dinosaurios. ¿Es que no está suficientemente claro? Permitidme dos referencias… menos terrenales:

 

“I can remember a long time ago. Long before my birth. I was waiting with those who were not yet born. When we’re not born yet, we know everything. Everything that will happen. When it’s your turn, the Angels of Oblivion place a finger on your mouth. “Shh…” It leaves a mark on the upper lip. It means that you have forgotten everything. But the angels missed me.”

Las vidas posibles de Mr. Nobody (Mr. Nobody, Jaco Van Dormael, 2009)

 

“Our lives are not our own. From womb to tomb, we are bound to others. Past and present. And by each crime and every kindness, we birth our future.”

Cloud Atlas (Íd., hermanas Wachowski, 2012)

 

El origen del Universo sigue siendo una incógnita. ¿Qué fue lo que desencadenó toda esta, nuestra vida? ¿Un conjunto de casualidades? ¿Un ser superior? De lo que podemos estar seguros es de que estamos conectados…

Es entonces cuando se plantea cómo se inició el universo. Vemos el Big Bang, la aparición de animales unicelulares que darán paso a pequeñas criaturas que evolucionarán hasta la llegada de los dinosaurios. Y ahí veremos uno de los indicios de que la vida no es tan perfecta como puede parecer a los ojos de un niño cuya madre quiere proteger: un dinosaurio agarra por la cabeza a otro moribundo, y ni le ayuda, ni le deja levantarse, hasta que le deja atrás.

El mundo no es perfecto. La armonía no impera. Pero, en cualquier caso, la naturaleza es poderosa.

Se nos introducirá entonces a la infancia de Jack. El orgullo de su padre al acariciar a su bebé. La mirada entregada de una madre que da gracias a Dios por su familia, que a sus ojos es perfecta. La irrupción en su vida de su pequeño hermano, que le quitará protagonismo desde temprana edad.

 

 

Jack, Malick, escoge entonces recrear el recuerdo en el año más feliz de su adolescencia, que también fue en el que se dio cuenta de que el mundo no es tan maravilloso como se lo describe una madre. Lo vemos por las cortas escenas en las que ella intenta que sus hijos no vean un ataque de epilepsia, unos delincuentes atrapados por la policía, o un perro con sarna. E incluso cuando no quieren jugar con un niño con la cabeza quemada tras un terrible incendio. De niños juegan en el cementerio, tras la trágica muerte de un amigo en la piscina pública.

De niños, no somos conscientes del horror que nos rodea.

De niños… no asumimos las reglas sobre el bien y el mal. Sobre lo correcto.

De niños… quizá en esa edad es cuando somos más abiertos al mundo. Sin restricciones. Sin obligaciones. Sin imposiciones sobre cómo debemos pensar, y actuar.

El joven Jack despertará, y se enfrentará a su padre, que le ha dominado hasta ese preciso momento… y seguramente lo seguirá haciendo durante toda su vida.

¿Es el Sr. O’Brien un mal padre?

Finalmente el director recoge todos estos recuerdos, comunes para muchas familias, y nos devuelve al Jack adulto, que en su reflexión final piensa también en el fin del mundo, y en cómo los humanos lo (sobre)viviremos. Nos imagina uniéndonos de nuevo con nuestros seres queridos, volviendo al mar que nos dio la vida. Todos juntos. Todos felices. Con un hermano menor, en la edad en la que le recuerda con mayor estima, perdonando a su padre, abrazándole. Con una madre que besa una mano anciana, seguramente la de su padre, o que dice “te entrego a mi hijo”, recreando el momento en que ella por fin abandona el recuerdo de su hijo muerto que ha amargado toda su existencia para seguir con su vida. Y él mismo, Jack, acompañando a su padre, que le coge del hombro, caminando hacia su destino en silencio. Un final feliz para todos, en un mundo engullido por el sol y que se ha convertido en una enana blanca.

El fin de una vida. El fin de todas las vidas. ¿Es acaso distinto?

 

Y una máscara de carnaval que se hunde el el mar…

 

El carnaval de una vida que debemos tomarnos con la alegría de saber que no hay que tomarla muy en serio. ¿O sí?

Malick nos confunde, entremezclando continuamente el rigor científico con escenas oníricas. Vemos en el nacimiento de Jack una escena con niños jugando bajo el agua, y a una mujer (¿un ángel de la guarda? ¿el mismo Dios?) que les ayuda a salir de ella, a encarnarse en un ser humano. Esta misma mujer la veremos al final de la película, caminando al lado de los hombres, acompañándoles en el agua, hacia su siguiente destino: el reino de Dios. Nos confundirá también con las escenas en el pequeño ático de la casa, con un niño jugando, siendo vigilado por un hombre alto que le dice que tiene que salir de ahí, o que simplemente le guarda, le protege. ¿Representación de la protección de los padres, y/o de guías espirituales? Lo que está claro es que insta a pensar que los niños están escoltados mientras son inocentes.

Los niños, inconscientes del peligro.

Los niños, la gran esperanza. Los grandes envidiados.


¿Cómo consigue Malick hacernos meditar sobre temas tan transcendentales en las dos horas de metraje? Quizá la mejor manera de describirlo es diciendo que es imposible escuchar una película del director sin ver sus imágenes.


La narración de la compleja historia, y más en esta su visión del mundo en El árbol de la vida, se basa en la perfecta simbiosis entre imagen y relato. De hecho, podríamos verla sin un sólo diálogo, y nos transmitiría básicamente lo mismo. Esta es una de las grandes diferencias con sus anteriores films. si consideramos que El nuevo mundo cae más bajo el paraguas racional que espiritual (aunque ya dijimos que se trata de la verdadera “película puente” entre su filmografía). Porque Malick es capaz de hacer aflorar mil sentimientos con el simple hecho de girar la cámara alrededor de una madre que deja caer al suelo la carta que acaba de recibir comunicándole la muerte de su hijo, sin más sonido que el propio silencio.

 

 

La fotografía del film es básica: Malick trabaja con luz natural, por lo que es necesario no sólo controlar el mejor momento para rodar sino también los elementos en la puesta en escena. Las paredes se oscurecen para hacer resaltar la piel de los personajes. Los trajes tienen tonos ocres, pálidos, en los recuerdos más tristes de Jack con su padre. Un “¿quieres a tu padre?” nos estremece en una habitación sin la luminosidad en la que siempre pensamos existe a finales de los años cincuenta y, en cambio, la luz y colores pastel imperan cuando está con su madre, cuando la imagina volando en el jardín. Ella es perfecta, es un ángel.

 

Personajes

 

Primerísimos planos abundan en el film. La cámara baila literalmente a su alrededor, de forma tan natural que, de hecho, Malick no incluye las típicas marcas de posición en sus rodajes. Los niños ni tan siquiera seguían un guión preestablecido, simplemente se les explicaba de qué iba la escena y se ponían a rodar. En el rodaje, además, se ambientaban varios bloques de manzanas con coches de los años cincuenta y extras por si los niños salían corriendo por la puerta principal o trasera.

Los niños son niños. En un set, o en la vida real.

Y por eso daba igual, y por eso era necesario controlar de la forma más positiva posible: lo que se buscaba era espontaneidad, que rezuma cada fotograma. Tampoco es casual que la voz en off de Jack no sea exclusivamente la del Jack adulto, sino también la de él de pequeño. Refuerza ese sentido más espiritual de los personajes: Jack está recordando, pero también se ha trasladado mentalmente a su niñez y a los sentimientos y pensamientos que tenía cuando aún era adolescente. Ni qué decir tiene que Brad Pitt, aún con pocos minutos, encarna a la perfección al hombre duro, contenido y severo que representa excelentemente a la generación nacida en plena guerra, quizá la que mejor presenta el instinto de supervivencia d toda la raza humana; y que Jessica Chastain borda el papel de madre entregada, devota para asegurar el bienestar de sus hijos. La mujer que no sólo mira por el bienestar inmediato, sino por el futuro que va a dejar a las siguientes familias. A las siguientes generaciones.

 

 

Y, sobre el montaje: un único visionado de El árbol de la vida no nos permite detectar la riqueza de lo que se nos está transmitiendo. Se entremezclan conceptos muy distintos en una misma explicación, fortaleciendo el hecho de que la vida, y el hombre, está llena de contradicciones. La música de Alexandre Desplat, oscura, metálica en muchos momentos y ensoñadora en muchos otros, que compuso, importante, sin tener la película rodada… supo traducir la idea del director en preciosos compases. De hecho, grabó composiciones de incluso más de veinte minutos, para que Malick pudiese luego escoger los trozos y capas de instrumentos que más le valiesen para el montaje final. El resultado es, básicamente, inigualable.

Con todo, El árbol de la vida es la pieza clave de la filmografía de Malick. Es su pedestal, al menos hasta el momento, porque llegó para revolucionar el cine onírico sin olvidarse de que su base reside, precisamente, en la racionalidad del hombre. Malick respeta, y nunca impone. Y aquí comenzará con sus trilogías sobre el hombre y sus pecados, sobre la vida y sus retos. Una visión única e inigualable, tan perfecta en su presentación que es imposible que el film de Malick no evoque las mejores intenciones de Stanley Kubrick con 2001: Odisea en el Espacio (2001: A Space Odissey, 1968), en la que ya mostraba la evolución de la humanidad, o de Las vidas posibles de Mr. Nobody (Mr. Nobody, Jaco Van Dormael, 2009), en la que la teoría del fin del Universo es el motivo final del análisis sobre el destino de las personas.

Malick recoge el duelo y lo convierte en salvación, en la explicación de la joya que es la vida. Pero el duelo no será el único “regalo” al hombre…. en breve, continuará con sus pesquisas. To the Wonder no será la mejor obra de Malick, ni tampoco su segundo o tercer mejor film. Pero será básico para comprender sus razonamientos para con un hombre al que o sabe si amar, o tener lástima.

___

(1) Jacob, como indica El Doctor en Teología Francesc Ramis Darder en un artículo de su blog dedicado al Patriarca, “la vida de Jacob es el reflejo de toda vida humana, una mezcla de pecado y gracia (…). La vida de Jacob refleja una contradicción. Por un lado fue el hombre que supo encontrarse con Dios; y por otro su vida estuvo teñida por la trampa: usurpó la primogenitura de Esaú, y se apropió de los rebaños de Labán. Las contradicciones de la vida de Jacob se reflejan en el significado de su nombre (…). Por una parte, la palabra ‘Jacob’ significa, seguramente, ‘Dios siempre protege’, y, ciertamente el patriarca gozó de la protección divina durante toda su vida. Por otra parte, el término Jacob oculta una raíz hebrea que significa ‘el tramposo’ (…), pero lo grandeza de Jacob estriba en su capacidad de pedir perdón al hermano que había ofendido”. Por tanto, Malick puede hacer referencia también a las vivencias, entendiéndolas como pecado y posterior redención, de un hombre que supo afligirse pro su comportamiento y fue bendecido por el Señor, que le otorgó posteriormente el nombre de Israel, pasando entonces a ser el padre de todos los israelitas.

__

Este texto, ahora revisado, reestructurado y ampliado, fue publicado originalmente en la fecha de su estreno en la revista digital Cine Divergente.

 

TRAILER – El árbol de la vida (The Tree of Life, Terrence Malick, 2011):

 

Comparte:

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014 (y de su Junta de 2015 a 2019), en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en los libros 'Steampunk Cinema' (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013), 'Miradas: 2002-2019' (Ed. Macnulti, 2019) y 'El amor en 100 películas' (Ed. Arkadin, pdte. publicación). Ahora, y tras cursar un Máster en Gestión Cultural (2016-2018, UOC) para obtener una visión completamente holística y complementaria también a sus estudios de Ingeniería, amplía sus textos críticos más allá del cine, entrando también en la ficción, y quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *