Ventajas de viajar en tren (#Sitges2019N5)

Ventajas de viajar en tren: la crudeza del comportamiento humano… servida con dosis de humor enfermizo

 

«You wanna know how I got these scars? My father, was a drinker, and a fiend. And one night, he goes off crazier than usual. Mommy gets the kitchen knife to defend herself. He doesn’t like that. Not. One. Bit. So, me watching, he takes the knife to her, laughing while he does it. He turns to me and says, «Why so serious?» Comes at me with the knife. «WHY SO SERIOUS?» He sticks the blade in my mouth… «Let’s put a smile on that face.» And…»

El caballero oscuro (The Dark Knight, Christopher Nolan, 2008)

 

Vaya por delante que la que suscribe este texto no ha leído (todavía, porque es una deuda a saldar en breve) la novela homónima de Antonio Orejudo en la que se basa Ventajas de viajar en tren. Por no haber, no había leído ni tan siquiera sobre la película, pero fue de esas corazonadas que a veces uno tiene, sumada a que compañeros de la profesión te dicen el día anterior cosas como «te gustará. No es una comedia. Bueno, a no ser que te guste la comedia muy negra».

Y claro… el film de Aritz Moreno me ha parecido realmente fascinante.

 

Del porqué es imprescindible el visionado del film

 

Motivo 1: giros, giros y más giros que exponen denuncias a golpe de despiste

 

 

El film se divide en tres capítulos. Con el primer motivo abordaremos, precisamente, el primero de ellos, el más arrollador. Por la historia, por su montaje, por su mezcla de géneros, y por un elenco de actores de nivel que llevan la absurdidad a niveles estratosféricos… para lanzar unos dardos envenenados que dejan sin habla.

«La verosimilitud está sobrevalorada», se dice, más o menos, en un momento del film. Y es que en verdad son ya films como Ventajas de viajar en tren los que pueden llegar a impactarnos.

Impactante es el inicio de la película, con una mujer, Helga, que se encuentra atrapada en la berborrea del médico de su marido mientras vuelven a casa en tren. El hombre comenzará con un «¿quiere que le explique mi vida?», y, escondiendo sus palabras tras la disculpa y la broma, en verdad va a hacerlo. Comienza entonces una historia dentro de una historia dentro de una historia dentro de….

Las imágenes acompañan cada giro, cada nuevo personaje. Aunque salten en breves segundos de España a Kosovo, del comedor de una casa a un hospital. El aturrullamiento es tal que el espectador se encuentra envuelto en las palabras de un cuentacuentos que parecen infinitas, y que aprovechan para arremeter contra altos directivos de farmacéuticas, de instituciones públicas e incluso de ONGs. Y eso que todo empieza con un militar y su hermana. O con un basurero con micrófonos en sus fosas nasales.

Entre croquetas voladoras y brazos amputados se exponen intenciones ocultas de altos cargos para enriquecer tanto al País como a sus bolsillos, cometiendo, según siempre las palabras de lso imaginarios personajes, atrocidades que, quizá… no lo sean tanto. Porque el guión puede parecer exagerado, pero ya se sabe que «cuando el río suena…». No, no seamos (tan) malpensados.

Toda esta primera parte transmite una excelente dirección de actores, además. Porque no es fácil presentar con tanta naturalidad algunas de las jugosas sentencias que se exponen, ni tampoco lo es conseguir que actores de la talla de Luís Tosar o Ernesto Alterio confíen su talento en unos personajes tan extremos, y que van a ser motivo, seguro, de duras críticas. Pero… ¿no es arriesgando cuando se consigue que el séptimo arte sea un verdadero altavoz?

 

Motivo 2: porque se trata de la clase de film que sí puede marcar una diferencia

 

 

El capítulo 2 se titula «Personas» y, como ya debíamos esperar, lo que expone es, básicamente, la deshumanización absoluta del ser humano. Y lo hace centrándose en explicar la historia de esa viajera de tren que está escuchando atentamente las idas y venidas del psiquiatra que está tratando a su marido…

¿Qué puede identificar más esa deshumanización que la violencia de género?

Este segundo bloque se aleja del absurdo, en sentido cómico, para llevarnos al absurdo del maltrato. Helga describirá al futuro maltratatador como ya estamos lamentablemente acostumbrados a escuchar y ver a través de  reportajes de televisión, o de las noticias de la tarde: él era encantador, él me quería, él…  Muchos se verán afectados con la crudeza de algunas propuestas (y no me refiero a la escena que se imagina Helga con respecto a la posible muerte de su marido – aplaudida en Sitges, como tenía que ser -, sino a esa en la que la mujer acaba de perder toda su identidad atada de pies y manos esperando a… digamos, satisfacer las fantasías de su marido). Aquí los efectos especiales, la fantasía del capítulo uno desaparecen. La cámara se acerca a Helga y a su sufrimiento, que es mucho, y nos hace vivir con ella la pérdida de su propia identidad, de una forma tan destilada y aparentemente tan inocente que podemos sentir, con estremecedora piel de gallina, el porqué ha llegado a esa situación sin darse cuenta. La ventaja, valga la redundancia, del capítulo, es que podemos vivirlo en escasos treinta minutos. Y el poder comparar el inicio del capítulo con los momentos previos al cierre, y a su encubierta moraleja…. Este capítulo debería ser de obligado visionado en escuelas, en asociaciones, y en cualquier foro de esos que dicen que el maltrato de género no existe.

Y no, el capítulo no puede tildarse «de mal gusto». Precisamente esa es la gran baza de Ventajas de viajar en tren: muestra, a bocajarro, lo que queremos evitar ver desde hace décadas. Y tontos seríamos si  pensásemos que es una exageración: la mente humana puede esconder a nuestros peores «yo». Además, se agradece que previamente se haya ya introducido cómo va a acabar el marido de Helga: es el anclaje del espectador para cerciorarse de que la mujer sale seguro de un infierno que estamos viviendo casi en primera persona.

La sala está ahora en absoluto silencio, como tiene que ser.

Peturbador hasta decir basta, la valentía de rodar este capítulo como se hace, y de interpretarlo con una devoción y sentimiento que transmite cada fotograma (con Quim Gutiérrez y Pilar Castro de premio indiscutible)… por favor, que sea de utilidad. Este film, este pasaje, es toda una llamada a la sociedad, española.

 

Motivo 3: porque si no gusta, siempre nos podemos escudar en que «la gente está muy mal»

 

 

El tercer capítulo es el menos relevante para la historia, pero el imprescindible para hacer las paces con algunos espectadores. He de confesar que para mí se trata de un cierre, no esperanzador (no tendría cabida en Ventajas de viajar en tren), pero sí benévolo. Demasiado, quizá. En todo caso, da sentido al título, y a la historia. Helga puede rehacer su vida precisamente por haber iniciado una conversación con un Ángel que resultó ser un Martín, y alejarse de la mala vida que un marido que se cruzó en su camino le ha dado. Quizá es necesario incluir cierta lógica en el guión. Quizá sea la penitencia, el peaje a pagar, para conseguir que el público se interese por el trasfondo que se ofrece aderezado de un humor que pocos entenderán. Quizá sin este tercer capítulo nadie haría caso a las verdades que presenta Ventajas de viajar en tren. Da igual. Por favor, vayamos al cine. «Disfrutemos» de la película. Y reflexionemos. Y actemos.

 

TRAILER – Ventajas de viajar en tren (Aritz Moreno, 2019):

 

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Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014 (y de su Junta de 2015 a 2019), en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en los libros 'Steampunk Cinema' (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013), 'Miradas: 2002-2019' (Ed. Macnulti, 2019) y 'El amor en 100 películas' (Ed. Arkadin, 2019). Ahora, y tras cursar un Máster en Gestión Cultural para obtener una visión completamente holística y complementaria también a sus estudios de Ingeniería, amplía sus textos críticos más allá del cine, entrando también en la ficción, y quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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