#Sitges2019N11 (mecanismos)

#Sitges2019N11, Mecanismos: para evitar el destino, para olvidar, para encontrar un sentido

 

J’ai perdu mon corps (Íd., Jérémy Clapin, Francia, 2019, Oficial Fantàstic Competició)
Ride Your Wave (Kimi to, nami ni noretara, Masaaki Yuasa, Japón, 2019, Anima’t)
We Are Little Zombies (Wî â Ritoru Zonbîzu, Makoto Nagahisa, Japón, 2019, Noves Visions)

 

El ser humano es inteligente. Es capaz de superar cualquier obstáculo, incluso aquel que se ha puesto en mitad del camino él mismo, aquel que se ha puesto de manera inconsciente sea de manera inconsciente. Sentirse culpable por la muerte de un ser querido, sentir la necesidad de aferrarse a un recuerdo para no enfrentarse a un futuro que no entraba en los planes o, simplemente, ignorar eso de «sentir», para seguir adelante. Si hablábamos de cómo superar el duelo y cómo alcazar la madurez en otras crónicas de Sitges 2019, aquí nos centramos en cómo se pueden plasmar de muy distinta forma a nivel cinematográfico todos estos mecanismos de superación. Introducimos J’ai perdu mon corps, Ride Your Wave y We Are Little Zombies.

 

J’ai perdu mon corps

 

Una mano recorre la ciudad en busca del cuerpo al que pertenece. La travesía le/nos traerá recuerdos de la infancia, y de los últimos momentos en los que estuvo «pegada» al brazo del que proviene. El camino y los flashbacks se convertirán en lso mecanismos de Naoufel, el adolescente «propietario», para superar una culpa que lleva años arrastrando.

Opera prima atrayente, poética y melancólica, en la que su director y guionista toma varias decisiones acertadas para mostrar en imágenes la que sabremos bien avanzado el metraje es una historia cotidiana. Porque narrarla desde el punto de vista de la mano tiene un doble efecto: el primero, dotar de protagonismo a una parte del cuerpo que cobra vida de forma individual se torna imprescindible para comprender la desdicha del protagonista. El espectador no lo sabrá de antemano, pero la decisión no es baladí en la historia. Y dado que para Naoufel su mano tiene un papel clave en la evolución de su vida, es lógico que se le otorgue la importancia que merece, conviertiéndola en co-protagonista.

Esto enlaza con el segundo efecto: J’ai perdu mon corps puede avanzar en paralelo, por un lado con los recuerdos de Noufel de pequeño, en blanco y negro, más la explicación de su historia ya como adolescente independiente que se enamora de una chica (en color), y por otro el imposible recorrido de una mano que quiere volver al «hogar», metraje que condensa el peso de suspense y que podría proyectarse incluso de forma independiente a los flashbacks. Y es esta en verdad una gran baza, ya que de esta forma se cambia la mirada, ayudando a crear escenas de fantasía alejadas de la verdad de Naoufel pero absolutamente determinantes (algunos planos son brillantes y originales, como el de la suela de los zapatos o cualquiera poco habitual desde el punto de vista de la altura de un ser humano), ya que la metáfora del viaje de reencuentro mano-dueño permite al protagonista construir esos mecanismos de autoreflexión que le llevarán a aceptar su no-destino. Un viaje que nos da muchas pistas independientes a la explicación racional de lo sucedido, como son esos pasajes en los que la mano huye de las moscas que antes había querido cazar entre sus dedos…

El tipo de animación puede que no sea de gusto generalizado, pero su sencillez es básica para acompañar esta historia de superación personal tan inusual que termina por cruzar sus dos vertientes para dejar una sonrisa apocada en los labios del espectador, con una banda sonora tan acorde que se ha llevado el premio a la mejor música en Sitges 2019.

Desprenderse del recuerdo para analizar un trauma desde otro punto de vista es uno de los mecanismos. En Ride Your Wave, encontramos el totalmente opuesto: aferrarse al recuerdo para no sufrir.

 

Ride Your Wave

 

Hinako, surfista, y Minato, bombero, se enamoran perdidamente. La muerte accidental del chico llevará a nuestra protagonista a una depresión que pronto superará cuando se dé cuenta de que puede hacer que su espíritu se le aparezca en el agua cuando cante su cansión preferida. Hinako será feliz paseando con una botella de agua o un muñeco hinchable por la calle… lo que haga falta para seguir juntos.

Alejándose de sentimentalismos, el director sabe sacar provecho de la historia y la hace avanzar manteniendo cierto tono burlón, pero respetuoso, para la situación planteada. El guion en ese sentido es notable, permitiendo al espectador acompañar a Hinako en su pequeña crisis y sentir esa mezcla de dolor y falsa alegría por reencontrarse con su novio aunque sea de esta peculiar forma, pero también recordando que el entorno ve algo completamente distinto en esa alegría incondicional (esa señora en el metro que aparta a sus hijos de «la loca»). Y, en cualquier caso, Ride Your Wave podría hacer referencia precisamente a que debería importar poco lo que los demás piensen si uno ya es feliz con «su verdad»…

Al igual que en J’ai perdu mon corps, Ride Your Wave se permite jugar con introducir la cámara en el agua para sentirnos como el atrapado Minato, pero este punto de vista se convierte también en hilo conductor del resto de imágenes de un film que aporta a todas sus escenas también esa mirada fluida con cierto toque irreal incluso en los pasajes a priori no fantasiosos. Es esa fluidez y frescura la que caracteriza el trabajo del director, como ya vimos en la excelente Night is Short, Walk on Girl  (Yoru wa Mijikashi Arukeyo Otome, Masaaki Yuasa, 2017) de Sitges 2017, y que hace destacar su obra por encima de otros animes más convencionales.

Ride Your Wave destaca por querer defender que los mecanismos utilizados en primera instancia por Hinako no son perjudiciales si se saben conducir, ya que el olvido absoluto no va a ayudar a salir del pozo. Recordar para sentir, y para salir reforzado.

Porque si no se quiere sentir… nos convertimos en zombies. Vamos con el tercero de los mecanismos.

 

We Are Little Zombies

 

We Are Little Zombies sigue a cuatro niños que se conocen en el funeral de sus respectivos padres.  Solos y sin ningún tipo de ilusión, deciden formar un grupo de música utilizando como instrumentos sus objetos preferidos.

Con esta sinopsis poco podemos imaginar que el film es uno de los más sorprendentes de este Sitges 2019.

Saturación del color, cambios de formato, experimentación contínua con la posición de la cámara, bustos parlantes o planos aéreos, nostalgia ochentera y un humor entre absurdo y negrísimo, We Are Little Zombies es una experiencia audiovisual que deja exhausto. Mas cuando plantea de forma abierta y sin filtros, con una velocidad, originalidad de diálogo y puesta en escena cambiante, el mundo que estamos dejando a nuestros hijos.

We Are Little Zombies arremete contra una sociedad entregrada a la pantalla de sus móviles (esa escena en la «Estación Zombie» del tren debería darnos vergüenza), egoísta y egocéntrica, que no es capaz de pararse a pensar qué es lo verdaderamente importante. Niños que crecen rodeados de juguetes y caprichos para suplir el no estar nunca en casa; padres que son maltratadores por ser incapaces de lidiar con su propio fracaso; niños que hacen bullying, seguramente porque en casa no se les ha explicado que hay que respetar a los compañeros, o que nadie es mejor que nadie; abusos verbales, acoso… todo esto es lo que estamos dejando crezca en nuestra sociedad «civilizada». No es de extrañar que los niños se refugien en sí mismos, y se vean desprovistos de emociones que se autoreprimen. ¿Llorar en el entierro de los padres? ¿Por qué? ¿De qué sirve, si nadie va a ir a consolarles, tal y como dice uno de los protagonistas?

Los capítulos de sus vidas, como si de pasar niveles de un videojuego se tratara, se suceden para dar un giro de tuerca cada vez más imaginativo a la vez que desgarrador… y todo aderezado con explosiones de color en absurdos programas televisivos (de los que también se burla We Are Little Zombies), con canciones pop con letras sobre la soledad extrema y con situaciones tan hilarantes que dejan perturbado al espectador precisamente por estar riendo de la desdicha de los pequeños huérfanos.

Pero… ¿hay esperanza? Siempre. El tercer giro en el cierre de We Are Little Monsters, interesantísima opera prima,  acaba por dejar una puerta abierta. Y no tanto para nosotros, sino para los que ahora son esos niños que peuden ser capaces, pro sí mismos, de revertir el legado que les estamos dejando. PEro no seamos pesimistas, nosotros. Podemos superar nuestra desdicha: la cuestión es aplicar los mecanismos necesarios en los momentos oportunos.

 

 

TRAILER – J’ai perdu mon corps (Íd., Jérémy Clapin, Francia, 2019, Oficial Fantàstic Competició):

TRAILER – Ride Your Wave (Kimi to, nami ni noretara, Masaaki Yuasa, Japón, 2019, Anima’t):

 

TRAILER – We Are Little Zombies (Wî â Ritoru Zonbîzu, Makoto Nagahisa, Japón, 2019, Noves Visions)

 

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Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014 (y de su Junta de 2015 a 2019), en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en los libros 'Steampunk Cinema' (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013), 'Miradas: 2002-2019' (Ed. Macnulti, 2019) y 'El amor en 100 películas' (Ed. Arkadin, 2019). Ahora, y tras cursar un Máster en Gestión Cultural para obtener una visión completamente holística y complementaria también a sus estudios de Ingeniería, amplía sus textos críticos más allá del cine, entrando también en la ficción, y quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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