#MFD19N3 (y nostálgica grandeza)

#MFD19N3. Nostálgica grandeza: de épocas doradas y nombres propios. De maestros, y cansancio.

 

Paris Couture (Íd., Jean Lauritano, 2018)
The Wars of Coco Chanel (Les guerres de Coco Chanel, Jean Lauritano, 2018)
Les dessins de Christian Dior (Íd., Loïc Prigent, 2018)
Celebration (Íd., Olivier Meyrou, 2007)

 

 

«Un buen modisto debe ser: arquitecto para los patrones, escultor para la forma, pintor para los dibujos, músico para la armonía y filósofo para la medida.»

Cristóbal Balenciaga

 

Balenciaga fue el padre de todos los grandes diseñadores. Ermitaño, muy celoso de su vida privada, fue admirado por la innovación de sus propuestas. Acabó cerrando, negándose a entrar en esa tendencia que era el prêt-à-porter. Givenchy quiso trabajar con él en los años cuarenta, y no pasó de la puerta de la boutique. Pudo entrar com aprendiz en la por entonces gran firma Schiaparelli… que acabó cerrando, no sin antes augurar un muy pobre destino al que se fue para crear su propia línea. Christian Dior entró por todo lo alto en el sector al presentar en 1947 lo que se calificó como «New look», un derroche de imaginación, y tela, en absoluta contraposición al racionamiento post-guerra mundial, que supo innovar año tras año hasta su repentina muerte diez años después. Yves Saint Laurent entraba en la casa Dior a los 21 años, y su genialidad le acompañó hasta sus últimos años de vida, apoyado por Pierre Bergé, amigo, amante y socio desde que le ayudó a crear el emporio Yves Saint Laurent Couture House en 1961. Y Coco Chanel odiaba a todos estos modistos, que según ella habían destrozado el significado de la elegancia femenina (Saint Laurent dijo, a finales de los 60 – algo que en los 2000 parece olvidó, que «la elegancia había dado paso al atractivo»). Pero bueno, Coco se odiaba también a sí misma. Y terminó sola, y amargada. Eso sí, en una tumba que ocupa tres espacios. La comodidad ante todo. Como sus propuestas.

 

 

Paris Couture

 

Hay documentales, y documentales. Aquellos meramente informativos, que sirven para hacerse una idea global sobre la temática que se quiere explicar, y que pueden ser incluso un encargo para una serie de episodios que acabarán formando parte de la parrilla de una cadena temática, y los que sacrifican, conscientemente, otorgar una visión global para centrarse en un momento temporal determinado, en el ensalzamiento de una idea o característica concreta, y que permiten despegarse del mero rigor histórico para jugar algo más con las posibilidades que el formato puede ofrecer.

Los primeros  son una mera invitación a entrar en el mundo descrito, dejando en manos del espectador el querer o no profundizar en sus explicaciones, buscando material en otra parte y más allá de la recopilación mostrada. Este es el caso de Paris Couture y The Wars of Coco Chanel que, cinematográficamente hablando, poco aportan al séptimo arte, pero cuyo trabajo de recopilación de material de archivo es necesario para acercar a la moda, y en este caso a sus años más gloriosos como símbolo de la superación humana a sus propios desastres, a un espectador poco ducho en el tema pero sí curioso y deseoso de conocer, como mínimo, algo más sobre este atractivo sector que a mitad del siglo pasado era el centro de todas las miradas (y el impulsor de la recategorización de niveles sociales tras la Guerra Mundial) y del que ahora queda un porcentaje tan irrisorio como verdadero barómetro de la realidad actual, tanto económica como social (pocos muy ricos, muchos muy estresados y entregados más ala tecnología que al buen gusto). Así Paris Couture hace un barrido al alzamiento y caída de la alta costura desde 1945 hasta 1968, año en el que la influencia americana, la revolución social y el abaratamiento de la producción textil terminan por defenestrar absolutamente el equilibrio económico de una línea de negocio que se sustentaba casi absolutamente gracias ya a la venta de perfumes. Una visión global que nos permite, a base exclusivamente de imágenes y material cinematográfico de archivo, recorrer de puntillas las grandes avenidas de París y las boutiques de sus firmas de alta costura. Desfiles con vestidos ahora imposibles para el 95% de la población, inocentes y superficiales incursiones en la vida privada de sus protagonistas, y una voz en off (del famoso actor francés Lambert Wilson) cuya entonación desequilibra la objetividad de lo narrado hace de Paris Couture un sencillo pero efectivo ejercicio sorprendentemente nostálgico, ya que muchos de los espectadores sólo podemos imaginar, e idealizar, esta maravillosa época.


En la línea, literalmente, de Paris Couture, encontramos The Wars of Coco Chanel. Mismo director, mismo narrador, y mismo formato (incluso utilizando en ocasiones el mismo material gráfico) para revisar la vida de una mujer que debió sufrir tanto en sus primeros años que la conclusión que saca el espectador, y no gracias a las intenciones del documental (la entonación, la música dramática, nos llevan a querer menospreciar a la persona y por tanto a no valorar como se merece toda su obra), es que sus ansias de abandonar la pobreza la llevaron a autoimponerse retos personales que acabaron llevándola al éxito, pero olvidando una de las cosas más importantes de nuestra vida: la creación de vínculos afectivos, verdaderos y duraderos.


El rigor del documental se considera fuera de toda duda, más con ese despliegue de material recuperado… hasta que vemos The Times of Bill Cunningham, en el que el fotógrafo declara que el traje más famoso de Jackie Kennedy no es un Chanel. ¡Ah! Maravilloso.

 

The Wars of Coco Chanel

 

Sólo el espectador que está siguiendo esta propuesta holística alrededor de la alta costura que ha programado con tan buen criterio el Moritz Feed Dog 2019 puede conectar información… y queda entonces la sensación de que tanta visión panorámica ha olvidado documentarse en los detalles. ¿Será verdad? Quizá es el fotógrafo el que no recuerda bien la época. Quizá sea cierto, quizá no. Nunca lo sabremos. En cualquier caso, The Wars of Coco Chanel es un buen film para conocer a la leyenda.

Pero, como decíamos hace unos párrafos, hay otro tipo de documentales que, por el formato escogido, son más interesantes per se para profundizar en el conocimiento de estos icónicos «personajes». 

 

Les dessins of Christian Dior

 

Les dessins de Christian Dior parte de una interesante premisa: focalizarse en revisar el talento del diseñador a través de las reacciones de personas allegadas, directa o indirectamente, al talentoso modisto. Así, el documental se centra básicamente en captar las impresiones, recuerdos y valoraciones de ex-costureras, amigos íntimos, periodistas especializados e historiadores de moda, al presentarles, por primera vez, los esbozos originales que Dior realizó durante los diez años de su «reinado» (de 1947 a 1957, año que murió de un ataque al corazón – algo que, para los más profanos, se puede conocer gracias al resumen de Paris Couture, por ejemplo). De esta forma, y con la cámara encuadrando principalmente a cada interlocutor observando los antiguos diseños en un entorno tan aséptico que se torna clave para enmarcar el gran acontecimiento (mobiliario y atrezzo blanco que potencian la figura del observador pero sobretodo el amarillo de los valiosos papeles), además de regalarnos primerísimos planos de cada dibujo, el director avanza el film presentando las colecciones por orden cronológico, combinándolas con preguntas directas a los entrevistados que van del agradable interrogatorio («¿sabe el nombre de la colección a la qué colección pertenece?») al dejar fluir los pensamientos en voz alta de los que están revisando el material. Y, si esto no fuera poco (¿qué mejor forma que acercarse al mito desde el momento actual para reconstruir, no su vida personal, sino su vida profesional?), el documental sumerge al espectador en la ensoñación al presentar, también, sencillas animaciones de los dibujos que dan vida a la imaginación de Dior, tal y como él debía ver en su mente sus creaciones.

De esta forma, el documental se convierte en testimonio de la grandeza de un diseñador que a día de hoy sigue levantando pasiones, y que sigue siendo «copiado» por la propia casa Dior para trabajar en sus colecciones anuales. La vida personal de Dior se abandona, porque no es lo que interesa. Al menos al tipo de espectador al que va destinado el film. Les dessins de Christian Dior es un documental ideado para el más puro reconocimiento del arte de la moda, y de uno de sus estandartes inmortales que consiguió reinventar a la mujer parisina, e internacional, año tras año. Y no exclusivamente para conseguir vender más prendas forzando a que las de la colección anterior quedasen rápidamente obsoletas: Dior observaba el mundo desde su taller, y ofrecía a la mujer destacar. Siempre.

El arte de la moda…

De Dior a su más aventajado discípulo: Yves Saint Laurent.

 

Celebration

 

«La moda no es arte», dice Yves Saint Laurent en el discurso de aceptación del premio que se convierte en el centro de Celebration. Poco antes le habremos oído aceptar en una entrevista que es uno de los últimos diseñadores que defienden la elegancia de la mujer, cuando en The Wars of Coco Chanel había sentenciado, cincuenta años atrás, que la elegancia daba paso al atractivo, como hemos escrito antes. Celebration se convierte en radical contrapunto a la nostálgica grandeza que Paris Couture muestra en sus imágenes( y concretamente cuando nos trae a ese joven, que se presenta entre altivo y tímido, que acaba de revolucionar la casa Dior con una mirada a la moda femenina absolutamente cautivadora).

Bergé no quería que el documental viese la luz, y tras su visionado sabemos por qué. Quizá sea cierto que despedaza al mito pero, en pleno siglo XXI, esta visión del venerado diseñador es lo que necesita nuestra sociedad: Yves Saint Laurent era, ante todo, un hombre. Extraordinario, pero un hombre. Con sus achaques, con sus obsesiones y supersticiones, con una visión infinita sobre la necesidad de la mujer. 


El Yves Saint Laurent de Celebration es un hombre cansado, con la mente lejos, muy lejos, de lo que ocurre a su alrededor. Es un hombre que, al igual que su eterno cigarrillo, parece no apagarse nunca, pero que acumula su ceniza, en un pulso con una vida… en la que ya no tiene cabida. Un hombre que se contradice, y que sólo revive cuando su modelo preferida se le acerca con uno de sus últimos diseños.


El equipo técnico sigue al diseñador, siempre con las indicaciones de su eterno compañero, Pierre Bergé. Las imágenes más actuales, las del rodaje, se presentan en color. Las de archivo, en blanco y negro.  Pero todo el documental se basa en la objetiva mirada de una cámara que sigue al diseñador desde la distancia. No hay cabida en Celebration para narraciones, es el espectador el que debe sacar sus propias conclusiones al comparar el desordenado antes y después, básicamente al observar la postura de su protagonista. El documental sólo se permite dos licencias: la primera, comparar esta visión desde el cercano entorno al diseñador con el seguir a dos de sus ex-costureras. Ellas nos acompañan al antiguo taller, recuerdan emocionadas dónde se sentaban, a sus compañeras de trabajo y los vestidos que cosieron. Ellas nos dejan entrar a uno de los últimos desfiles del modisto, y tenemos que conformarnos con verlo desde la distancia, como si Bergé, al igual que echa a los periodistas de la sesión de las 10:30 h, también mantuviese un ya olvidado protocolo incluso para el espectador. Una visión que por un lado contrarresta el mero «perseguir» del protagonista, pero que no acaba de explotarse en Celebration, olvidando pronto a las dos profesionales para centrarse en el ocaso de Laurent… y Bergé. Porque los dos son uno, para bien y para mal.


Y esta es la peculiaridad del documental: concentrarse en el lenguaje verbal y no verbal de Bergé es lo más interesante de Celebration.


El compañero de Laurent se presenta controlador con el entorno de su amigo y amante, pero también con el propio diseñador. Bergé se antoja antipático, pero pronto esa percepción cambia en el espectador, o al menos debería hacerlo…. Porque Bergé, aparentemente fuerte y decidido, se torna ante nuestros ojos como el único capaz de comprender al desvalido genio. El espectador sale de la proyección con la certeza de que Bergé tuvo que transformarse en pro del divo, incluso abandonando su propio «yo» para convertirse en fiel sirviente de su compañero. Y la lástima le invade, más al recordar el último plano del film, ese que muestra a Bergé de espaldas, entrando a la gran mansión solo, ya.

Y el aura de gloria se desvanece. Para bien.

La otra licencia se la permite Celebration con el sonido, y lo hace para que podamos sentir el aislamiento de Saint Laurent. El diseñador, ya nos hemos dado cuenta, vive sus días en otra época, y seguramente otro lugar. Sustituir el sonido de fondo del taller, o del hotel, por un monotono que erradica cualquier distracción del «ahora», hace que el espectador comprenda ya no las ganas, sino la necesidad, de alejarse de este nuevo mundo tan acelerado que ya no respeta nada. La entrevistadora pregunta a Yves si comprende el tiempo actual. Y éste responde, con silencioso lamento, que sí… pero que no lo comparte.

Yves Saint Laurent murió en 2008, y con él terminó, definitivamente, la alta costura de los grandes diseñadores con nombre propio. Quizá volvamos a un resurgimiento digno de este arte. Quizá no. Mientras, nuevos nombres, más o menos efímeros, aparecen. Veremos cuál es su legado final.

 

Y hasta aquí, con seis documentales, la cobertura del Moritz Feed Dog 2019. Nos hubiese gustado disfrutar y comentar más films, pero en este sector cada vez es también más difícil disponer de acreditaciones completas. No obstante, es de agradecer la confianza, ya que este ha sido el primer año que desde la realidad no existe solicitamos y cubrimos este festival que nos ha sorprendido, para bien, por ser capaz de arrastrar a un buen número de espectadores en cada sesión, de edades e intereses dispares (y entre los que la cinefilia quizá no es el principal, sino que nos lo digan a los que hemos tenido que soportar minutos de móviles, con la luz del pequeño dispositivo al máximo, filmando o haciendo fotografías a la pantalla… algo que la que esto escribe no comprenderá nunca). En cuanto a los films, destacar la coherencia en una programación que se focaliza en un aspecto concreto de la moda para acompañarlo al máximo de una explicación detallada a través de los films seleccionados, y que en este caso ha sido la alta costura y sus grandes nombres. De los seis vistos, aquí nos quedamos con The Times of Bill Cunningham, que representa claramente que sencillez de exposición no esta reñida con calidad, ni emotividad, y con Les dessins de Christian Dior, por equilibrar recursos básicos, con buenas ideas de presentación, con técnicas que invitan a la imaginación huyendo, además, de hurgar en la vida personal del homenajeado y centrándose en el porqué de ese necesario reconocimiento, aún más de sesenta años después.

Y sí, Sr. Laurent: la moda es arte. #lamodaescultura. Esperamos volver a #MFD20. 

 

TRAILER – Celebration (Íd., Olivier Meyrou, 2018):    

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Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014 (y de su Junta de 2015 a 2019), en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en los libros 'Steampunk Cinema' (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013) y 'El amor en 100 películas' (Ed. Arkadin, 2019). Ahora, y tras cursar un Máster en Gestión Cultural para obtener una visión completamente holística y complementaria también a sus estudios de Ingeniería, amplía sus textos críticos más allá del cine, entrando también en la ficción, y quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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