#MFD19N2 (conexión)

#MFD19N2. Conexión: un mismo sueño, dicotómicos acercamientos

 

The Times of Bill Cunningham (Íd., Mark Bozek, 2018)
Jean Paul Gaultier: Freak & Chic (Jean Paul Gaultier fait son show, Yann L’Hénoret, 2018)

 

Recogimiento vs. exageración.
Documentación vs. pura inspiración.
Timidez vs. espontaneidad.
Infravaloración vs. constatación del propio ingenio.

Pero… común humildad. Y agradecimiento. Y bondad. Y mucho, mucho talento que el público debe conocer, y reconocer.

Un “historiador de la moda”. Un modisto que hace historia. Y una misión común, una conexión, más o menos intencionada: contribuir a la evolución social.

   

The Times of Bill Cunningham

 

Bill Cunningham se excusa continuamente cuando su entrevistador le concede cualquier tipo de halago. Se ruboriza, baja la cabeza, niega la evidencia… La evidencia es que es uno de los grandes fotógrafos de la sociedad neyorquina y parisina desde, en ese momento, más de 40 años. Estamos en 1994, y ya era toda una eminencia que aún tenía mucho que reportar en sus dos páginas semanales para el Times.

Bozek persiguió al fotógrafo tiempo antes para que le concedira una entrevista y finalmente éste aceptó su propuesta. Le concederá sólo diez minutos que, tras ver el documental, se antoja más por su timidez y por querer de hablar de sí mismo el menor tiempo posible, que por sentirse un divo del sector. Y, una vez que se inicia la entrevista… el material rezuma una inmediata conexión entre entrevistado y entrevistador, aunque nunca lleguemos a ver al que está detrás de la cámara (la entrevista, por mucho que se “queje” de lo contario Cunningham, sí ha reparado en gastos: horas y horas de metraje de un busto parlante, sin cambio de encuadre, ni de zoom, ni….). Los diez minutos se convierten entonces en cuatro horas de un Cunningham que se abre en canal ante su interlocutor, decidiéndose a explicar planeramente su vida al joven que le ha preguntado; que llora al recordar, seguramente, alguna terrible situación cuando su “amigo” le pregunta sobre si alguna vez ha dejado de fotografiar algún suceso; y que se enorgullece desde la humildad al poder describir cómo conoció a tal y cual famoso, con la misma ilusión que explica que cada año le roban la bicileta, pero que es el mejor transporte para trasladarse por una ciudad tan inabarcable como Nueva York.

Y así conocemos a Bill, hombre de mediana edad que comenzó como sombrerero (al igual que muchos de los grandes diseñadores de moda entre los años 30 y 40), y que no se considera fotógrafo, y menos de talento. Cada vez que se minusvalora, al entrevistador se le escapa una risita nerviosa. Cunningham dispone de un status dentro del sector envidiable… y sigue viviendo en un estudio en el que comparte baño con todos los de la planta del edificio.

Bozek rescató todo el material en 2016, que desde 1994 incomprensiblemente quedó en su archivo personal (n él es capaz de dar una explicación lógica), y aun habiéndose apartado del mundo de la moda (es CEO en una cadena de teletienda…), decidió dirigir The Times of Bill Cunningham. El resultado es un documental sencillo pero efectivo, muy emotivo gracias a la cercanía del protagonista, que combina la entrevista con muy breves explicaciones en el caso que Cunningham no haga alusión directa en los pasajes seleccionados (relatadas por la voz en off de “la” neyorquina por excelencia, Sarah Jessica Parker, mientras se pasan forografias del barrio de la infancia del fotógrafo, por ejemplo), además de combinar las palabras del entrevistado ya sea con fotografías de su pasado en las que él es protagonista, o de su trabajo personal y profesional. Y una de las pocas reflexiones técnicas del documental (sin ser un reporche, ya que el material de partida ya tiene la suficiente fuerza como para cargar con el peso de todo el film) es, precisamente, homenajear al estilo de un Cunningham que desde su primera Olimpus (que le regaló un amigo fotógrafo) pudo “estirar” las fotos del carrete de 36 a 72, fragmentando en dos el frame y disponiendo de más capacidad: y es que así se presentan, mayoritariamente, estos fotogramas que aderezan el contenido de la entrevista.


The Times of Bill Cunningham necesita de muy poco para conseguir su objetivo: mostrar que Cunningham, lejos de estar subido a un pedestal, conservó toda su vida una actitud de servicio muy poco común en este sector. La empatía hacia el fotográfo y el joven entrevistador es inminente de inicio a fin.


Cunningham dedicó práctivamente toda su vida a documentar la evolución de la moda; a fijarse en las “modelos” de la calle y no de las pasarelas (porque al fin y al cabo, como él mismo declara, la realidad, lo que se considera cómodo ypara el día a día y acaba siendo tendencia, está en la calle); y a dejar millones de fotografias como legado de una ciudad, de un tiempo, convulso desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Para el protagonista su misión es la de servir a la sociedad, quedándose él al margen, despojándo su trabajo de cualquier conexión personal, y ofreciendo una mirada distante, objetiva y serena de lo que él considera importante. Dejos dejó sus diseños… quizá por no considerarse suficientemente preparado. Quizá él era el único que lo pensaba… pero su personalidad agradeció su profesión final tanto como sus lectores.

Y, a 180º de este pensamiento, encontramos a un Jean Paul Gaultier que decide adentrarse en el mundo del espectáculo, en la revista que ensalzó el Folies Bergère y, “lógicamente”… lo hace explicando su propia vida. Vamos con Jean Paul Gaultier: Freak & Chic.

 

Jean Paul Gaultier: Freak & Chic

 

Lo primero que sorprende es que el documental sea básicamente el making of del extravagante musical del diseñador de moda y no vaya un poco más allá, más sabiendo se trata(ba) de la conmemoración del cuarenta aniversario del enfant terrible en esta profesión. Con un inicio más trabajado en cuanto a montaje, sonido y rotulación, que promete llevar al extremo la exposición de esta aventura que es el musical-desfile-biopic ideado por Gaultier (en consonancia a la supuesta personalidad del “personaje”), pronto Jean Paul Gaultier: Freak and Chic se torna homogénea, y previsible. Avanzando por capítulos, siempre “coronados” por un rótulo (eso sí, en bonito “neón”) a modo de título del capítulo y que se corresponde con alguna frase pronunciada (sea ésta más o menos relevante en el pasaje) por el propio Gaultier o alguien del equipo que le acompaña, el making nos lleva al backstage desde los meses previos a la presentación del espectáculo hasta, como no podía ser de otra manera, la fecha del estreno. Se documentan, mayoritariamente cámara en mano, ensayos coreográficos, cambios de vestuario solicitados por el propio Gaultier, grabaciones en el set que se proyectarán al fondo del escenario… y, (muy) de vez en cuando, el genio de la moda explica a cámara el por qué, o el significado concreto, de un pasaje específico (la influencia de su oso de peluche de la infancia en sus creaciones futuras, el devastador efecto del SIDA en su vida, el descubrimiento de que podía ser querido por los compañeros de escuela por sus dibujos, y no por el mismo…).

¡Ah! Hagamos un alto: “ser querido por sus dibujos, y no por él mismo”.


Jean Paul Gaultier: Freak and Chic es más interesante si la observamos más allá del making of que es, destinado exclusivamente a documentar los preparativos de un espectáculo efímero, y nos fijamos en detalle en la evolución ante la cámara de Gaultier.


El documental permite descubrirnos a alguien que se sabe rompedor, y genio, pero que también reconoce al máximo el haberlo conseguido gracias, directa o indirectamente, a sus más allegados, ya sean familia (su abuela), o equipo (su costurera, que rescata en esta ocasión aunque ella ya se ha jubilado… y que le sigue encantada). El documental capta la aureola que rodea a Gaultier, la admiración que levanta (esas imáneges, con el diseñador al fondo, que muestran cómo los bailarines le espían desde lo lejos), pero también la inocente ilusión del que descubre que lo que hace, gusta. Porque para él, ese es el mayor reconomiento: si gusta le querrán, si le quieren no le abandonarán. Gaultier se muestra vulnerable pero maduro… y Jean Paul Gaultier: Freak and Chic acaba por ser, en verdad, un testimonio clave para comprender el día a día de un diseñador reconvertido en guionista, en director, y mil cosas más, al que las pasarelas se le quedaron pequeñas, seguramente por dejar de sentir en ellas la admiración de un público que le es clave como alimento de su objetivo vital. Y no por egocentrismo, sino por intrínseca necesidad.

 

TRAILER – Jean Paul Gaultier: Freak & Chic (Jean Paul Gaultier fait son show, Yann L’Hénoret, 2018):

 
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Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014 (y de su Junta de 2015 a 2019), en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en los libros 'Steampunk Cinema' (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013) y 'El amor en 100 películas' (Ed. Arkadin, 2019). Ahora, y tras cursar un Máster en Gestión Cultural para obtener una visión completamente holística y complementaria también a sus estudios de Ingeniería, amplía sus textos críticos más allá del cine, y quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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