DocsBarcelona2020N1 (superioridad)

#DocsBarcelona2020N1: superioridad. De luchadores, sabios, e inocentes

 

Letter from Masanjia (Íd., Leon Lee, Canadá, 2018, Inauguració)
Solo (Íd., Artemio Benki, Chequia/Francia/Argentina/Austria, 2019, Sección Oficial – Panorama)
Hi, A.I. (Íd., Isa Willinger, Alemania, 2019, Sección Oficial –  Doc del Mes)

 

¿Es innato el sentimiento de superioridad, o es fruto de la sociedad que hemos ido conformando entre todos nosotros para sentirnos mejor con nosotros mismos? ¿Por qué contamina nuestras acciones? Ya sea hacia otros seres humanos, por considerar que sus creencias, o su condición mental, “no son normales”, ya sea hacia los robots que nosotros mismos hemos creado, y hecho evolucionar. Quizá no es superioridad, quizá es miedo… miedo a que ellos mismos nos descubran que no somos tan perfectos como creemos. Como nos ha hecho creer.

El DocsBarcelona 2020 arranca una nueva edición, esta vez on-line a través de filmin, manteniendo el alto nivel de sus propuestas por lo que ya hemos podido comprobar. La apertura del Festival, que ahora desbloquea diariamente el acceso de a sus propuestas, comienza con un gran sentido social. Comienza con el cuestionamiento de esa superioridad que todos damos por hecha.

 

Letter from Masanjia

 

El Festival se inauguraba con Letter from Masanjia, un documental-reportaje periodístico en el que se descubre el origen del cierre de los campos de trabajo en China, y en especial el de Masanjia, abriendo la historia con la familia estadounidense que encontró una carta de socorro dentro de un adorno de Halloween. De esta forma pronto conoceremos a Sun Yi, el preso político autor de decenas de estas cartas que fue escondiendo en los trabajos forzados del centro una vez se dio cuenta de que eran objetos que se exportaban al extranjero.

Si bien el formato del film no es especialmente atrayente (aunque hay que destacar el trabajo de animación de los propios dibujos del protagonista que ilustran los oscuros pasajes de las torturas sufridas), hay que tener en cuenta que está realizado gracias a que el propio Sun Yi puso en peligro su vida al filmar su día a día con una cámara oculta. De él conoceremos cómo llegó a ser condenado a dos años y medio por sus ideas espirituales, el amor que siente por una esposa que se vio obligada a divorciarse de él y, por encima de todo, la fuerza sobrenatural que uno puede llegar a sentir por y para defender las propias creencias.

El partido comunista se sintió amenazado por el auge del Falun Gong, que acabó ilegalizando en 1999. Sun Yi reconoce que gracias a esta práctica se encontró a él mismo, y descubrió la necesidad de ayudar a los demás. Es por eso que decidió montar una imprenta secreta donde publicar lo folletos de los rebeldes… principal razón por la que fue encontrado, y condenado.

A base de seguirle en sus filmaciones y recuerdos, llegamos a los dos testimonios que dan sentido a todo el esfuerzo del film: el de los soldados carceleros que se sienten culpables por haber tenido que torturar a personas como Sun Yi. Rompe el corazón ver cómo el preso se abraza a sus captores, perdonándoles sin duda alguna, mientras estos posan a su lado, aún compungidos. “Aquello era insoportable. Los chinos torturando a otros chinos. Por desgracia pasa en la china actual”, dice uno de ellos.

Y tan actual. Estamos hablando de inicios de los 2000. “La persecución continua con más secretismo. Sólo han cambiado los métodos”, denuncia Sun Yi mirando a su cámara. Un hombre con aspecto de intelectual de libro, frágil y tímido, tenía una fuerza interior apabullante. Unos principios envidiables.

Puntualmente el documental intercala a la familia americana, para terminar convergiendo sus historias y juntar al ama de casa y al preso en un cierre que queda mucho más acartonado que lo que seguramente debió ser.  A estas alturas ya no importa. El inicio de la historia es una anécdota. Lo verdaderamente relevante es el objetivo, conseguido, de Letter from Masanjia: renegar de pensar que nos merecemos la superioridad moral cuando nos encontramos ante personas que no piensan como nosotros.

Personas que no piensan como nosotros… vamos a Solo.

 

Solo

 

“Agorafobia autoreferencial”. Así describe Martín Perino su enfermedad. Niño prodigio, compositor y virtuoso del piano, la presión acabó rompiéndole. Ahora se debate entre poder reconectar con la vida, saliendo de los muros de la institución en la que vive desde hace años, y la posibilidad real de mezclarse entre una sociedad que a veces parece no querer permitirle lo que ansía: única y exclusivamente, tocar.

El respeto con el que se sigue a Martín pone la piel de gallina. Conoceremos su historia más a base de silencios y primerísimas planos que a una narración convencional. Pero es que Martín dista mucho de serlo.

La apertura del documental nos sorprende con un recital en la institución, para seguirle en su día a día en sus terapias, o sentado ante el piano rodeado de otros enfermos con la mirada vacía, o que se ponen a girar sobre ellos mismos en cuanto él comienza a hacer sonar las primeras notas. Martín pasea con otros internos, hablan de su enfermedad. Martín sale y se instala en su antigua casa, consigue un trabajo… pero sigue con imágenes de su dejadez, de su depresión, de un padre que intenta animarle, aunque en verdad termine haciendo recordar el porqué de su reclusión: una madre severa y perfeccionista…

El director nos hunde en la espiral de Martín, consigue hacernos sufrir metiéndonos en su piel, en su necesidad de tocar. Y nos descubre el porqué no debemos sentir superioridad. ¿Acaso alguien que es capaz de reflexionar como Martín puede considerarse inferior a nosotros? “Voy a disfrutar de lo que tengo, de la vida”. “Acepto mi soledad”. “No quiero hacer cosas que me hagan pasarlo mal”. “Es complicado para mí reconectar con la gente después de todo lo que sucedió en mi cabeza… en un momento la realidad se disoció. Así comenzó la creatividad”.

Martín es diferente, pero en un sentido que a muchos nos gustaría llegar a ser. Invitado a dar un recital privado, no duda en comprarse un traje rosa. En la casa, durante el aperitivo, nadie le habla. Pero cuando se pone a tocar, capta la atención de todos. Martín es único en su virtuosismo, no somos nadie para alejarle de su mundo interior, y mucho menos para cuestionarlo.

“Hay que negociar con la realidad”, dice a un amigo. Negociar con la realidad….

La soledad de Martín en Solo, paradójicamente, nos recuerda a la soledad descubierta en Hi, A.I.

 

Hi, A.I.

 

La inteligencia artificial. Genios que están a punto de superarnos, pero por ahora el documental nos quiere tranquilizar: estamos seguros con nuestra superioridad. AL menos a día de hoy. O de ayer, más bien…

Hi, A.I. nos acerca a tres historias: la que nos descubre los laboratorios y expertos que trabajan en el sector, y que se cuestionan como y por qué evolucionarán las máquinas y se integrarán cada vez más en nuestro día a día; la que sigue al nuevo robot de una familia japonesa con el objetivo de hacer compañía a la abuela y retrasar su Alzheimer; y la que acompaña a un hombre que compra a una robot para mantener una relación sentimental con ella.

De las tres partes, que avanzan en paralelo, conoceremos las aún limitaciones de estos nuevos acompañantes en cuanto a desarrollo de conversaciones con sentido (“hay que acostumbrarse a los diálogos, no puedes hacer frases largas”), pero también en cuanto a la esperanza, y miedo, que tenemos de que realmente puedan llegar a ser nuestros iguales. Por un lado es evidente que nos da respeto (en una edición del Sónar+D se dijo que los robots no se fabricaban ya humanoides del todo para no crear rechazo, pero aquí se propone que es mejor interaccionar con humanoides, porque el ser humanos está acostumbrado a tratar con otros humanos de forma racional), y por otro… nos quedamos con la reflexión de la familia japonesa cuando Pepper, su nuevo robot, llega a la casa: “si ya lo conectamos a internet dejará de ser nuestro Pepper. Sería más inteligente, como un niño de 5 años. No hace falta que nos demos prisa, ahora somos una familia y veremos cómo evoluciona”.

Pero lo que realmente cautiva de Hi, A.I. son las imágenes de transición. Esas que nos muestran azafatas de metal activadas en plena noche, dando la bienvenida a unos inexistentes visitantes, sólo porque la señora que está limpiando, ajena desde hace tiempo a la curiosidad por el robot, ha debido pasar por delante de algún sensor. O a esa recepcionista caracterizada como de mediana edad que escucha en plena noche un ruido, y comienza a preguntar, “¿hola?”, como si estuviese asustada, en lugar de por haberse autoactivado para dar un servicio. Y qué decir de ese globo con patas que baja unas escaleras con una gracilidad que a muchos de nosotros nos gustaría tener, entre las luces y sombras de las paredes del laboratorio que lo tienen encerrado, sin poder terminar de volar… Esas imágenes son las que cautivan y nos hacen conectar con el documental. Las otras, lamentablemente, aunque sólo se hayan filmado hace un año… son ya pasto de la Historia.

 

TRAILER – Letter from Masanjia (Íd., Leon Lee, Canadá, 2018, Inauguració):

 

 

TRAILER – Solo (Íd., Artemio Benki, Chequia/Francia/Argentina/Austria, 2019, Sección Oficial – Panorama):

 

TRAILER – Hi, A.I. (Íd., Isa Willinger, Alemania, 2019, Sección Oficial –  Doc del Mes):

 

 

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Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014 (y de su Junta de 2015 a 2019), en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en los libros 'Steampunk Cinema' (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013), 'Miradas: 2002-2019' (Ed. Macnulti, 2019) y 'El amor en 100 películas' (Ed. Arkadin, pdte. publicación). Ahora, y tras cursar un Máster en Gestión Cultural (2016-2018, UOC) para obtener una visión completamente holística y complementaria también a sus estudios de Ingeniería, amplía sus textos críticos más allá del cine, entrando también en la ficción, y quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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