Craft Film Festival 2018

Craft Film Festival 2018: contagiar sueños, filosofías, y realidades

 

“Para qué mierda vivimos si no es para hacer realidad nuestros sueños”. Esta contundente frase en boca de la protagonista del film ganador de esta segunda edición del Craft Film Festival, Consolation (Íd., Paweł Podlejski, 2016), y por otro lado también provocativa invitación a la reflexión para el espectador,  parece ser la que ha regido el ánimo de los organizadores. Porque si algo puede destacarse de la dirección es su empeño en conseguir sacar adelante un festival con una premisa algo confusa, no tanto por su intención, muy válida y necesaria, como por su falta de exclusividad en un evento de estas características: exhibición de films autoproducidos, con limitado soporte externo. Y sí, consiguen atraer a un público minoritario, y programar films interesantes, al menos desde un punto de vista argumental (ya se sabe que a veces los pocos recursos se traducen en limitaciones técnicas si la imaginación/creatividad no es uno de los fuertes del director y su equipo) y en un entorno cordial y siempre atento como son los Cinemes Girona de Barcelona. Así que la agradable efusividad e ilusión de los componentes de la organización (no hay más que ver el anuncio que han protagonizado para uno de sus patrocinadores) es suficiente para sumar más de un punto a favor de esta propuesta.

No obstante, hay que decir que dos de los films proyectados en este Craft Film Festival 2018 destacan, además de por esa condición indispensable para entrar en la parrilla que es su falta de medios, por su aguda visión a la hora de emplazar la cámara y transmitir emociones al espectador: Consolation, ya citada, y The Astronauts’ Bodies (Die Körper der Astronauten, Alisa Berger, 2017).

Un hombre acaba de enterarse que es padre, a dos días de su cuadragésimo sexto  aniversario, de una hija de veintitrés. A partir de ahí, lo interesante de Consolation es el tratamiento de sentimientos ante la cámara, como la añoranza de tiempos pasados, la alegría de reconocer lo que verdaderamente se quiere, o la esperanza de saberse acompañado, por parte de dos generaciones supuestamente tan dispares que acaban encontrando un espacio en común.  A través de la callada de la evaluación de decisiones, de tensos y provocativos cara a cara o de actos y rememoraciones fuera de lo común, la entrañablemente descarada chica y el inusualmente calmado padre son recogidas por el director sin filtros ni excesos. Centrándose en destacar la fuerza de sus dos personajes principales, Consolation incluye decisiones tan acertadas como mover la cámara en primerísimos planos alrededor de ellos en los momentos tensos, o confiar en la música o simple iluminación de una estancia para demostrar su estado anímico, o de ensoñación. Reprochable, eso sí, un giro de guión esperado pero innecesario, para contentar al poco público que se haya podido escandalizar por alguna de las propuestas.

 

Consolation

 

Igual de íntima pero de mayor ambición, una verdadera joya, sorprendente al tratarse del proyecto final de los estudios de su directora, encontramos The Astronauts’ Bodies. La ciencia ficción siempre es la excusa perfecta para explorar algunas de las mayores disfunciones del ser humano y, en este caso, se apuesta por relatar las distintas etapas de la vida y la forma de enfrentarse a ellas y a sus asociados acontecimientos identificándolos con cada uno de los miembros de una desestructurada familia. La pérdida de la inocencia se presenta gracias a una hija menor de diez años que debe cuidar de un padre alcohólico; la necesidad de escapar a los problemas y de encontrarse y conocerse a uno mismo, siguiendo a la hija adolescente; la asunción de la responsabilidad que conlleva hacerse cargo de otros, la veremos con el hijo mayor; y la desesperación por ver que la vida no ha sido lo que se esperaba de ella, y las dudas sobre si continuar o no, de la mano del padre. Y por todos ellos la directora hace recorrer el significado de sus emociones, sentimientos y pensamientos mediante la exploración/interacción de sus propios cuerpos, por parte de ellos mismos. Sexualidad o abandono, experimentación o despreocupación son algunos de los estados. Y es que el cuerpo de los astronautas, traducción del título, hace referencia a la alienación de todos y cada uno de nosotros dentro no únicamente de nuestro propio entorno, tengamos la edad que tengamos, sino también como necesaria identificación del verdadero yo. La directora consigue una exploración de trascendencia social poniendo el foco en una familia concreta, en su interacción y en su individualidad, presentando actividades tan comunes como extraordinarias, una vez se analizan bajo un microscopio de alcance espacial.

 

The Astronauts’ Bodies

 

El resto de la programación destaca por aspectos más puntuales: The Albino’s Trees (Íd., Masakazu Kaneko, 2016), tercera en nuestro personal top, cuestiona el permanente pensamiento, y la superioridad que lo acompaña, de los habitantes de las ciudades con respecto a los aldeanos y sus tradiciones, a través de una peculiar situación: el sacrificio de un ciervo albino. Para unos mutación, para otros divinidad… es la excusa perfecta para enfrentar tecnología vs. artesanía, razón vs. creencias, en un duelo cocinado a excesivo fuego lento y lleno de planos triviales que sin embargo acaba cautivando, quizá precisamente por emplazar al espectador en un terreno, el bosque, que ha relegado, como su protagonista, a un significado secundario en su vida diaria. Paradoxical (Íd., Mu-Ming Tsai, 2017) es interesante por utilizar los viajes en el tiempo (ciencia ficción, otra vez) como excusa para sermonear, sin parecer a priori sea su intención yal contrario que muchos films de temática similar, sobre la existencia del destino y la imposibilidad de cambiarlo (vivimos dentro de un tarro, una de las imágenes más desconcertantes de la propuesta), además de contener una de las escenas inintencionadamente más surrealistas del festival: el excesivo reproche de un chico a su pareja aludiendo a su permanente máscara hipster, para luego decirle que es perfecta. Contradicciones humanas…

De The Lightest Darkness (Íd., Diana Galimzyanova, 2017) destaca su peculiar puesta en escena, que apuesta no tanto por la atemporalidad como por el contraste de épocas y tecnologías, con el objetivo de hacer ver al espectador que algunos pensamientos y actuaciones son cíclicos en el tiempo. También por alguno de sus a veces incoherentes diálogos, en sintonía con la reacción buscada. Pero su principal atractivo de venta, el montaje a lo Memento (Íd., Christopher Nolan, 2000), resulta lastrar tanto el avance del metraje como el resultado final: si la historia no tiene interés por ella misma, no va a conseguirlo exclusivamente por intentar confundir/atrapar de esta forma al espectador.

Dejamos para el final la peor decisión dentro de la programación del festival, Horse Riders (Íd., Marjan Gavrilovski, 2017). Un film que banaliza durante todo el metraje la condición de ser vagabundo, al no ser capaz de transmitir, ni tan siquiera con diálogos atrayentes ni con peculiares posiciones de cámara, que lo que se muestra es la continua lucha de este colectivo para dar significado a sus vidas. Eso sí, luego, a modo giro dramático, intenta resolver la trama mostrando su verdadera intención. Una conclusión que llega de forma tardía y precipitada, tras demasiados minutos de buscada, y cansina, pornografía emocional.

El repaso a la programación nos hace pararnos en resaltar un aspecto que debería cuidar el Craft Film Festival: la temática. Con una parilla limitada a seis films, si bien es cierto que el primer día se aludió a que se trataba de una edición en la que “destaca la reflexión” (es cierto: no hay ni una comedia entre la selección), no parece ser suficiente atractivo para querer explorar la propuesta en su totalidad. Obviamente, se da la oportunidad al espectador a escoger el film de su interés, pero poder defender una línea temática le sería de gran ayuda para captar la atención del visitante al completo y durante los tres días: Incluso podría ser el elemento diferenciador que permitiese ofrecer abonos. Es sólo una idea, escrita en voz alta, pero que esperamos se tenga en cuenta en el caso de una tercera edición. Si se le suma la revisión de la calidad de los subtítulos, el año que viene podría ser un muy buen año para su consolidación.

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Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro 'Steampunk Cinema' (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013) y 'El amor en 100 películas' (Ed. Arkadin, 2019). Ahora, quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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