#BCNFilmFest2019N2 (inspiración)

#BCNFilmFest2019N2. Inspiración: de artistas, autores y directores de cine. De doble dilución de una verdad… que no requiere ser conocida

 

Cartas a Roxane (Edmond, Alexis Michalik, Francia/Bélgica, 2018, Sección Oficial)
La biblioteca de los libros rechazados (Le mystère Henri Pick, Rémi Bezançon, Francia/Bélgica, 2019, Cinema amb Gràcia)
Buñuel en el laberinto de las tortugas (Íd., Salvador Simó, España/Alemania/Paises Bajos, 2018, Fuera de competición)

 

¡Ah, la inspiración! Lucidez repentina, dice la RAE. Estímulo interno o externo. Musa, hambre, deseo de destacar por uno mismo, o de ayudar a los demás…. La inspiración puede dejarnos durante años y volver en el mejor momento, convirtiéndose en un torrente en prosa, o en un poema, o en imágenes fotográficas, incluso con movimiento.  O en pintura al óleo, o en una partitura. La inspiración puede estar de nuestra parte… y en cambio el público no. Por presentar una obra avanzada a su tiempo. Por utilizar un lenguaje que no le llegue. Por no «regalársela» ni en el momento justo, ni en el lugar adecuado. Hoy hablamos del autor teatral Edmond Rostand, del subtexto que nos trae la experiencia de un escritor que no se mueve en los círculos adecuados, y del genio que fue, y es, Luis Buñuel. Pero también, muy importante, de los autores que han adaptado las novelas centradas en estos inspiradores personajes, que en verdad son de carne y hueso. Porque…

La aproximación a un autor que ha trascendido el tiempo y el espacio siempre es compleja, más si ya falleció hace un siglo, claro. Y es que no implica únicamente el investigar sobre el contexto (moda, lenguaje y expresiones cotidianas, estructura social, relevancia cultural), sino ubicar al artista, e idear su personalidad y carácter, su visión de entorno y su mayor o menor interacción social. ¿Era arrogante, distante, o pasaba por panadero? ¿Escondía en sus relatos su propia experiencia, o se basaba en ella muy tangencialmente para crear algo realmente original? ¿Buscaba la gloria, o poder comer algo? Pero quizá lo más importante a plantearse es ¿hasta qué punto “el autor del autor” puede permitirse licencias a la hora de retratar al homenajeado? Esta complejidad es exponencial cuando hablamos ya no únicamente de una novela o guión, sino de su traslado a la gran pantalla. Acentos, posturas, gestos… el espectador va a hacerse una idea del personaje que retendrá en su retina, en su memoria (y, como es el caso de los films del BCN Film Fest, mejor que lea el libro antes de ver la peli, porque si no el chasco suele ser mayúsculo….). El director, entonces…  ¿optará por poner de manifiesto en su film que se trata igualmente de una ficción, de una visión sesgada, exagerada? ¿Será tan fiel al personaje como lo ha podido ser el escritor que lo recrea? Los dos niveles de dilución de la realidad pueden mostrar una imagen completamente distorsionada del artista real. ¿Y acaso importa?

 

Cartas a Roxana

 

Por ejemplo, el Edmond de Cartas a Roxana se nos presenta afable, casual, despistado y poco seguro de sí mismo. La propuesta sobre la concepción de ‘Cyrano de Bergerac’ es fruto, primero, de trasladar una supuesta situación personal al primer acto de la obra teatral (la famosa escena en la que Cyrano habla escondido a una Roxana que se enamora instantáneamente de «las palabras» del apuesto joven que ha pedido ayuda a su compañero), que se verá enriquecida posteriormente por la decisión de incorporar literalmente al escrito las cartas que se intercambia con la enamorada de su mejor amigo, un actor parco en palabras, tras el obvio pero inocente engaño hacia la muchacha. Y es que una vez encontrada la Musa, la inspiración, hay que hacer todo lo posible por retenerla….

En verdad, Edmond provenía de una familia acomodada, y su porte difería bastante del raquítico que en el film se le otorga. Y, no obstante, el tono del film, que también emula el de ‘Cyrano de Bergerac’, necesita de un personaje principal con las características otorgadas al autor para potenciar la empatía, la proyección personal.


De esta forma, Cartas a Roxana decide centrar la ficción de forma paralela a los personajes que aparecen en la obra, haciéndola avanzar con las situaciones «reales» que conformaron finalmente el texto final, y también, a modo de guiño a la sorprendente mezcla de géneros del teatro, con notas de vodevil y ligera tragedia, con poco drama en la parte “real”, y, sí, mucha comedia, acompasada con la supuesta creación, a veces más elaborada o más racional, de cada entreacto. Pero si algo no deja a la libertad ficcional es la puesta en escena, con exquisito rigor histórico que pone en excelente contexto, además, la identificación de la sociedad que rodea a Edmond (La Brasserie Honoré y su carismático dueño, pieza clave para la inspiración de la obra magna de Edmond, equilibra con escenas exteriores a las de los ensayos, pero también la casa del escritor, el hotel de «Roxana», etc.).


Cartas a Roxana se antoja la versión francesa de la laureada  Shakespeare enamorado (Shakespeare in Love, John Madden, 1998): completamente inverosímil pero igualmente entrañable, más para los fans de la pieza teatral.

Y de un autor real plasmado en la gran pantalla con cierta libertad, a otro ficticio pero con cuya historia personal muchos otros se van a sentir completamente identificados.

 

La biblioteca de los libros rechazados

 

La premisa es maravillosa: un bibliotecario decidió hace años dedicar un pequeño espacio a los libros no publicados por las editoriales, con el fin de que no cayesen, por siempre jamás, en el olvido. Una perspicaz editora visita esta peculiar Biblioteca de los libros rechazados, y encuentra entre centenares de manuscritos una obra maestra… escrita por un pizzero anónimo, vecino de la localidad. Cuando la publicación agota ediciones y su éxito se presenta en el programa cultural de mayor audiencia, el crítico literario que lo presenta plantea la inevitable cuestión: ¿seguro que lo escribió este hombre? A partir de ahí, con la reputación del profesional del sector hecha añicos y con el ensalzamiento de la figura del nuevo escritor revelación, comienza la trama de La biblioteca de los libros rechazados.

El éxito del film reside en condensar gran parte de la relevancia de la historia en la figura del crítico y de su propia transformación a medida que encuentra «pistas» sobre la verdadera identidad del autor del libro (el misterio es demasiado enrevesado pero no obstante está narrado de forma audaz, con una mezcla de autoparodia y comedia cómplice con el espectador, reforzada además con la interpretación comedidamente exagerada de Fabrice Luchini como el arrogante pero simpático crítico en busca de reafirmación), para mantener la atención, para dejar en un segundo plano la gran denuncia de la película/novela: el estado del sector editorial y los entresijos de una industria que se cierra a nuevos métodos, y escritos (en este sentido, es muy recomendable acompañar su visionado con el de la excelente -y muy superior- Dobles vidasDoubles vies, 2018-, la reciente reflexión de Olivier Assayas acerca del futuro de las editoriales). La confrontación literato-de-ciudad que se siente por encima del trabajador-de-pueblo añade, y desmitifica progresivamente, otro cliché, el del snobismo cultural. 

Curiosamente, este acercamiento a los miedos que esconde el snobismo de los artistas es abordado directamente en Buñuel en el laberinto de las tortugas, que no ha querido obviar el carácter pretencioso del genio, y bucear en su por qué. Llegamos a Buñuel, y llegamos a Las Hurdes.

 

Buñuel en el laberinto de las tortugas

 

La adaptación del cómic homónimo es sobria y creíble. La combinación con las imágenes reales del documental rodado por Buñuel elevan el film, entrando en una espiral de cine dentro del cine que sumerge al espectador en la empatía hacia el director y en la desazón por (re)conocer una España de tradiciones arraigadas. El film tiene doble mérito: no únicamente no perder la esencia del cómic, sino rellenar la historia con situaciones verosímiles. De esta forma, la ficción imaginada para Buñuel en el laberinto de las tortugas se divide en dos: la que se plantea como plenamente realista, es decir, aquélla que inventa situaciones para ilustrar el por qué Buñuel rodó una u otra escena en la zona más pobre de aquella España de inicios de los años treinta, y la que incluye los sueños del director. En las primeras, el film retrata la naturaleza de la creatividad de un genio capaz de simular la documentación de las escenas cotidianas para ensalzar su dramatismo, obviando conscientemente la pérdida de rigor del momento para catapultar sus ideas en el Olimpo del séptimo arte. Es aquí cuando el film se permite hacer avanzar el carácter de Buñuel, de artista que únicamente busca la fama a convencido director al servicio de un pueblo condenado. Atisbos de excentricidad impregnan al personaje, y es loable que no se le presente como el gran salvador de Las Hurdes, sino como el artista que debe bajar sus ansias de grandeza a la tierra firme, y seca, de Extremadura. Unas ansias que encuentran su explicación en los pasajes de sus pesadillas: la obsesión con haber defraudado a su padre, con no haber conseguido el triunfo que tanto considera ya se merece, pero sobre todo con no haber prosperado por culpa de su inconsciente simbiosis con un Dalí que no miró atrás cuando le sobrevino la fama.

Quizá estas escenas, estos pensamientos de Buñuel, se mezclan demasiado en la película con la «objetiva» plasmación del realismo de la filmación. Se echa de menos una diferenciación más histriónica, más acorde al sufrimiento de un hombre con su capacidad artística y, no obstante y como contra-argumento a esta observación, la integración de algunos elementos de su imaginario personal con la realidad de Las Hurdes (la Muerte, personificada en un lugareño, observándole desde el otro extremo de la calle) sí es todo un acierto: el espectador puede hacerse una composición de cómo la inspiración sobrevenía a Buñuel en cualquier momento y lugar, y el por qué de su (a veces caprichoso) comportamiento y sus decisiones, que tanto enriquecieron al producto final.

La película de animación rezuma un halo poético y nostálgico que pretende despertar en el espectador la admiración y curiosidad por el «personaje Buñuel», sin olvidar hacer el suficiente hincapié en los que le acompañaron en aquella aventura, desde el intelectual que presentó al director su estudio antropológico, Maurice Legendre, hasta su fiel amigo Ramón Acín, ese que cumplió su palabra y destinó el dinero ganado en la lotería a financiar la película (como me comentaba Vanessa Pérez de Somacarrera: «bastante surrealista rodar la pobreza con dinero de la lotería, ¿no?»). Destacar el extremo cuidado de los detalles que no se limitan, por poner sólo un ejemplo, a ser fieles a las características físicas de sus protagonistas, incluidos los anónimos participantes del surrealista documental de escasos treinta minutos que acabó siendo Las Hurdes tierra sin pan (Íd., 1933), sino a ser cuidadoso con los acentos que reflejan las diferencias de las dispares Aragón y Extremadura. Un trabajo que toma la figura del artista desde una visión totalmente opuesta a la seleccionada en Cartas a Roxana: Edmond está idealizado, incluso algo caricaturesco; Buñuel se presenta terrenal, identificado más con el anonimato con el que contaba en la España de la época que con el talentoso conocido en Francia. Ni uno ni otro debían ser, en realidad, como se nos presenta en los films. Y los dos nos tocan el alma.

 

TRAILER – Cartas a Roxane (Edmond, Alexis Michalik, 2018):

 

 

TRAILER – La biblioteca de los libros rechazados (Le mystère Henri Pick, Rémi Bezançon, 2019):

 

 

TRAILER – Buñuel en el laberinto de las tortugas (Íd., Salvador Simó, 2018):

 

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Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014 (y de su Junta de 2015 a 2019), en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en los libros 'Steampunk Cinema' (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013), 'Miradas: 2002-2019' (Ed. Macnulti, 2019) y 'El amor en 100 películas' (Ed. Arkadin, 2019). Ahora, y tras cursar un Máster en Gestión Cultural para obtener una visión completamente holística y complementaria también a sus estudios de Ingeniería, amplía sus textos críticos más allá del cine, entrando también en la ficción, y quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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