Que dicen que la Tierra es plana

 

De los terraplanistas, los conspiranoicos, del credo consolans y el prejuicio de confirmación.

 

Es muy probable que tanto tú como yo estemos en desacuerdo respecto a muchas cosas, pero también lo es que tengamos muy clara la siguiente afirmación: la Tierra es redonda o, siendo más exactos, una esfera achatada por los polos o, para dar una descripción más científica, un esferoide oblato. Sin embargo, existe una comunidad numerosa de amigos de las conspiraciones que no se lo traga. Son personas convencidas de que la Tierra es plana y de que existe una conspiración oscura que nos quiere ocultar la verdad respecto a la auténtica forma de nuestro planeta. Son seres humanos que se levantan cada mañana y que van por el mundo superando las mismas adversidades que tú y que yo, viviendo alegrías similares y deseando que el futuro no sea demasiado duro con ellos. Son los terraplanistas y Netflix ha estrenado en este 2019 un documental que sigue las andanzas de algunos de ellos (Behind the CurveÍd., Daniel J. Clark, 2018). Debo confesar que, de algún modo, mientras lo veía me he sentido fuertemente atraído hacia algo en la forma que tienen los terraplanistas de afrontar la cuestión. Tal vez un aspecto que podría convertirlos en auténticos exponentes de la inquietud escéptica que subyace a la ciencia, del cuestionamiento de aquellos principios que damos por sentados y que podrían ser simples dogmas de fe. ¿Son los terraplanistas científicos en espíritu?¿Están aquí para revelarnos un nuevo modo de ver el mundo? ¿Son liberadores de mentes? La respuesta a las tres preguntas es… un NO rotundo.

 

Las ‘pruebas’

 

Tomaré como referencia base del discurso terraplanista algunos vídeos realizados por uno de los protagonistas de Behind the curve y mesías autoproclamado de la creencia en la Tierra plana. Sí, mesías, porque enseguida descubriremos que esto es una cuestión de fe y no de pruebas. No es imprescindible ver el vídeo de más abajo, porque lo destriparé a continuación.

 

 

La cosa empieza apelando al espectador escéptico. Mark quiere responder enseguida a la pregunta que te estarás haciendo: “¿esto es una broma?”. El muchacho es consciente de que lo que proclama va contra todo sentido común, así que debe adelantarse a tus dudas para que no te sorprendas a ti mismo pensando demasiado. Esto es algo que hacen también las sectas: como sus creadores saben que el mensaje que propagan es de una estupidez tremenda, te avisan de que efectivamente así lo parece y si aun y el aviso te lo tragas… saben que eres presa fácil para su siguiente estupidez. Todo en Mark Sargent parece una broma y desde luego, quienes no se dan cuenta de eso, avanzan alegremente hacia el terraplanismo, todo tipo de conspiranoias y más de un negocio que se aprovecha de la necesidad imperiosa que algunas personas tienen por creer.

 

Mark Sargent derrochando credibilidad en Behind the Curve

 

Lo que sigue en éste y en los sucesivos vídeos (he visto tres, deberíais hacerme un monumento) es un desfile de los conceptos tópicos que abundan en el conspiracionismo, empezando por la madre (o padre) del cordero: los misteriosos y malvados hombres de negro. Sin comentarios. A continuación, una palabra clave que estimula la imaginación de cualquiera: secreto. Alguien nos está ocultando algo. No sabemos exactamente quién, pero viste como Will Smith y Tommy Lee Jones cazando a “sin papeles” siderales.

A partir de aquí, Mark Sargent usa argumentos muy, pero que muy potentes:

 

  • Sólo creemos que la Tierra es redonda porque nos lo han inculcado (como lo de que Dios existe, por ejemplo, aunque de la redondez de la Tierra sí que hay pruebas físicas).

 

  • Desmiente a Nicolás Copérnico bajo el argumento de que en el siglo XVI no tenía la tecnología necesaria para conocer la forma de la Tierra (el mismo argumento -desmentido- de quienes sostienen que los egipcios no pudieron levantar las piedras de las pirámides, si no que lo hicieron astronautas venidos del espacio exterior).

 

  • Tergiversa a Al Biruni, un erudito persa del siglo XI. Pese a lo que diga Mark Sargent, Al Biruni parecía tener muy clara cuál era la forma de la Tierra, tanto que incluso usó la trigonometría para calcular su radio: 12.851.369,845 codos, lo que vienen ser 6336 quilómetros. Sólo se equivocó en 35 metros respecto a las mediciones actuales, que sitúan el radio medio de la Tierra en 6371 quilómetros. Al Biruni iba en la línea de muchos otros que ya habían realizado sus propias mediciones y cálculos desde los tiempos de Erastónenes, más de un milenio antes, que ya tenía claro que la Tierra era una esfera.

 

  • Todo el programa espacial de la NASA tiene como gran objetivo fijar en el público la falsa creencia de la Tierra redonda. En esta línea, se pregunta por qué los astronautas nunca giran sus cámaras 360 grados en el espacio exterior y afirma que las películas de fantasía espacial han sido promovidas por el poder para hacernos creer las mentiras de la NASA. Sargent asegura que hay muy pocas películas sobre viajes espaciales reales porque si se hicieran, nos daríamos cuenta de que la llegada del Apolo XI a la luna se rodó en un plató (aunque creo recordar que no aclara si ésta la rodó Stanley Kubrick, Chicho Ibáñez Serrador o Ed Wood).

 

  • Todos los “irrefutables” argumentos de Sargent vienen ilustrados con imágenes que destilan credibilidad y consenso: los ya citados Hombres de negro (Men in Black, Bary Sonnenfeld, 1997), los caballeros Jedi de La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977), el doctor Spock de Star Trek (Íd., serie creada por Gene Roddenberry, 1966-1969), Frodo de El señor de los anillos (The Lord of the Rings, Peter Jackson, 2001, 2002, 2003), Jim Carrey en El show de Truman (una vida en directo) (The Truman Show, Peter Weir, 1998), un pantallazo del videojuego Pac-Man, imágenes de amenazantes seres reptilianos o memes con el malvado Barack Obama…. Me huele que Sargent es Trumpiano. Sin embargo las pruebas más sensacionales son las que tienen que ver con la coincidencia entre la forma de la Tierra que proponen los terraplanistas y los logos de la ONU. Para los terraplanistas, este logo es un guiño a la forma real de la Tierra (y no puedo resistirme a enlazar este otro vídeo, que habla de otras teorías respecto a este logo, y que tensa al máximo los límites entre el humor y la conspiranoia).

 

 

Por cierto, que para los terraplanistas, la forma real de la Tierra es la de un disco sobre el que están dispuestos todos los continentes y en cuyos bordes hay un anillo de hielo que sería la Antártida (y que recuerda a la sal que rodea los bordes de la copa de un delicioso coctel margarita). Por eso, porque la Antártida no es lo que nos han dicho desde tiempos inmemoriales, existe el “tratado antártico”, que prohíbe a cualquier hijo de vecino irse de paseo por el continente. Lo explica maravillosamente el vídeo al que accederéis si hacéis click en estas palabras y que es un auténtico eye-opener. Este disco tan estupendo está cubierto por una cúpula gigantesca (como la de El show de Truman o las bolas de nieve que venden en las tiendas de souvenirs) dentro de la cual el sol y la luna cuelgan de algún modo que a Isaac Newton se le debió escapar.

 

Negar la evidencia

 

Los terraplanistas se han detenido en el punto del camino que les conviene y no están dispuestos a avanzar, porque eso supondría tener que aceptar que sus creencias son fácilmente refutables. Y eso nunca.

Una de las cantinelas habituales de los terraplanistas es que no hay pruebas de que la Tierra sea ese esferoide oblato del que hablábamos. Uno de sus problemas es que no saben lo que es una prueba y fundan todo su ideario en el desconocimiento de las pruebas reales que han llevado al consenso científico. Si los terraplanistas supieran lo que es el método científico tendrían claro que cuando buscas la verdad, no hay parada posible. Es un camino que nunca termina, en el que sólo puedes pararte a descansar para seguir avanzando. Cada respuesta genera nuevas preguntas y no seguir investigando es el único pecado mortal de quienes se dedican a la ciencia.

Cualquier persona que se dedica a la ciencia tiene dos objetivos que van de la mano: por un lado, el descubrimiento de nuevo conocimiento y por el otro, la refutación del conocimiento anterior. Hay miles (o millones) de científicos y científicas alrededor del mundo tratando de refutar y descubrir, y las conspiraciones, por arraigadas que estén, nunca estarán a salvo sus ansias de verdad. Amigos terraplanistas: si hubiese la más mínima sospecha fundada de que fuese plana, la comunidad científica sería la primera en querer demostrarlo. Eso es la ciencia.

Es aquí cuando lo más maravilloso del documental Behind the Curve nos muestra la auténtica naturaleza anticientífica del terraplanismo (si es que no la habíamos descubierto ya). No haré spoilers, pero más o menos se puede decir que ante una prueba irrefutable de que andan equivocados, un grupo de terraplanistas norteamericanos reaccionan como era de esperar: negándola. De acuerdo, en realidad acabo de hacer un spoiler, pero el documental sigue siendo digno de mucho disfrute y os lo recomiendo sin lugar a dudas. No os explicaré cuál es la prueba concreta que se ve en el documental, pero por si los magníficos argumentos de los terraplanistas os empiezan a convencer, os enlazaré a algunas otras formas de comprobar de forma fácil la curvatura terrestre.

Por lo tanto, ahora que sabemos en qué creen los terraplanistas y viendo que ni tan solo pueden convencerles de lo contrario la multitud de pruebas empíricas que desmienten sus ansias de conspiración, vamos a buscar explicación al porqué de sus creencias.

 

¿Por qué creemos en cosas raras?

 

 

“Me he esforzado siempre en no ridiculizar, no lamentar, no burlarme de las acciones humanas, sino en comprenderlas”

Baruch Spinoza

 

En 1997, Michael Shermer, doctor en historia de la ciencia, editor asociado de la revista ‘Scientific American’ y fundador de la Skeptics Society, publicó el libro ‘Por qué creemos en cosas raras’ (‘Why people believes in weird things’). En su obra, Shermer analiza un amplio conjunto de creencias paranormales de todo tipo, el creacionismo, el negacionismo del Holocausto o los mitos que subyacen al racismo. Ahora desgranaremos algunas de sus conclusiones, aunque vuelvo a asegurar que nada de lo que diga aquí excluye del placer de leer el libro completo, una auténtica oda al escepticismo, a la ciencia y a la inteligencia humana. Aquí van tres de las razones que creo que se ajustan a los terraplanistas:

 

  • Credo consolans: “más que ninguna otra, la razón de que la gente crea en cosas raras es que quiere creer en ellas. Se sienten bien. Es reconfortante. Es un consuelo”. Sin embargo: “el hecho de que yo esté a favor de que haya vida después de la muerte, no significa que la haya”. Hay personas que consideran que el mundo es maravilloso y son inasequibles a la evidencia de que es bonito, pero no es para tanto. Hay otras personas que consideran que el mundo es un lugar terrible y ven en todas partes las pruebas de que así es. Los conspiranoicos en general ven el mundo como un lugar que podría ser estupendo si no fuese porque está controlado por agentes malignos. Y la ilusión de ese control, en el fondo les consuela. Si los reptilianos nos controlan, si nos hacen la vida imposible, que mi vida sea un fracaso no es mi culpa, es la suya. Si alguien, aunque sea un alguien maligno, controla el mundo, eso significa que el mundo es controlable.  Por lo tanto, cuantas más conspiraciones pueda demostrar, más cerca estaré de demostrar esa idea de un control posible en la que tanto me gusta creer. Sin embargo, desde mi punto de vista sólo puedo lamentarme de que los conspiranoicos no tengan razón: la ilusión de control es una quimera. Al fin y al cabo, lo que define el devenir del mundo es que es incontrolable. La fuerza de la interacción de 7500 millones de personas hace que a un posible agente controlador se le escapen demasiadas cosas. Es posible que nos joroben bastante, pero los reptilianos no controlan de la misa la mitad. Eso a mí me tranquiliza, porque convierte el futuro en una destinación apetecible, aunque a veces peligrosa, y en un abanico de posibilidades inagotable para nuestro libre albedrío (pero ya hablaremos de todo esto en algún otro artículo).

 

  • Gratificación inmediata y simplicidad: es lo que ocurre, según Shermer, con las líneas telefónicas que los videntes anuncian por televisión. “La gente llama por cuatro motivos: amor, salud, dinero y trabajo. Con técnicas de lectura fría, el vidente empieza sin precisar demasiado y avanza hacia datos concretos […] En su mayoría, las llamadas se producen por la noche y los fines de semana: todos necesitamos a alguien con quien hablar. La psicoterapia tradicional es formal, cara y lleva mucho tiempo […] En cambio, el vidente está a una sola llamada de teléfono”. Si buscas a alguien que te confirme tus sospechas acerca de que el mundo está dominado por el mal, estás a una búsqueda de Google de distancia de Mark Sargent, Mundo Misterioso y miles de conspiraciones a tu gusto para tu satisfacción inmediata. Estudiar y aprender a pensar por ti mismo para encontrar respuestas cuesta años de esfuerzo. Las teorías conspirativas y “la superstición y la creencia en el destino y en lo sobrenatural ofrecen un camino más fácil a través del complejo laberinto de la vida”.

 

  • Prejuicio de confirmación: así como los dos puntos anteriores pueden explicar el porqué de las creencias extrañas, este sesgo cognitivo puede explicar el cómo: es la “tendencia a buscar o interpretar pruebas a favor de las creencias que ya existen y a hacer caso omiso o reinterpretar pruebas en contra de creencias que ya existen […]. Los psicólogos creen que, en realidad, todos hacemos eso de manera insconsciente”. Si quieres creer en las conspiraciones, como hacen los terraplanistas, vas a encontrar los indicios que te refuercen en esa creencia. Incluso los científicos se ven afectados por el prejuicio de confirmación y caen a veces en lo que se conoce como “cherry picking”: coger de la cesta las cerezas más atractivas o, en su caso, las pruebas que confirman su hipótesis. Si tenemos en cuenta que los científicos y científicas son personas inteligentes, esto nos lleva a la pregunta final…

 

¿Los terraplanistas son tontos?

 

No tiene por qué. Como indica Shermer: “una inteligencia elevada le hace a uno hábil para defender las ideas a las que ha llegado por razones nada inteligentes […] A las personas inteligentes se les da mejor racionalizar sus creencias con argumentos razonados pero, como consecuencia de ello, están menos abiertas a considerar las opiniones ajenas. Así pues, aunque la inteligencia no afecta a lo que creemos, sí influye en la forma en que las creencias se justifican”.

Eso sí, listos o no tan listos, yo me hago, de principio a final de Behind the Curve,una pregunta para la que de momento no tengo respuesta: ¿qué finalidad tendría montar una gran conspiración para hacernos creer que la Tierra es redonda? Tal vez ahí esté el quid de la cuestión. Por lo que he podido ver, los terraplanistas no parecen tener la respuesta. Tal vez nos la cuenten en un vídeo que no he visto, diez vídeos después, cuando las defensas del espectador estén ya demasiado bajas para cuestionar una justificación lo bastante loca. Es lo que hacen las sectas, empezar por pequeñas locuras que llevan a locuras más grandes, hasta llegar a la locura final. La mentira a dosis crecientes te va vacunando contra la verdad.

Espero que, con un poco de suerte, los terraplanistas que piensan embarcarse en este crucero que pretende demostrar que la Tierrra es plana, no nieguen las evidencias que seguramente encontrarán (y que, sí, demostrarán que la Tierra no es plana). Si descubren lo contrario, podrán estar felices de haber descubierto el error de bulto más grande de la historia de la ciencia.

Mientras espero impaciente que esto ocurra, os dejo con un vídeo de Michael Shermer, que es sin duda lo más interesante que habréis encontrado en este artículo:

 

 

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Fuente foto de portada: NASA (Alex Gerst)

 

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Aquejado de un síndrome del impostor en grado agudo, se mueve a lo largo y ancho del panorama audiovisual buscando una paz espiritual que difícilmente encontrará. Empieza como técnico de cámara, edición, grafismo, continuidad y lo que sea. Se pasa a la radio para escribir guiones publicitarios y los de algún que otro programa en el que se sitúa ante el micrófono con voz temblorosa. Un lustro después, pone rumbo a la tele para escribir programas tan olvidados como “La Masia de 1907”, “9 de cada 10”, “¿Y ahora qué?” o “Tú sí que vales”. En un giro dramático de los acontecimientos -que a su síndrome del impostor le cuesta digerir- es contratado para coordinar primero y subdirigir después el magazine de tarde más longevo de la historia de la tele catalana: “Divendres”. Convertido en un hombre de provecho, se enamora de la ciencia y se toma medio año sabático durante el cual se revienta los ahorros, en buena parte comiendo en restaurantes con estrella Michelin. Al fin, tras varios trabajos tan olvidables como los de sus inicios, logra el éxito incontestable de trabajar en su programa de radio favorito: “Versió RAC1”, con Toni Clapés. Actualmente, vive el sueño de un contrato indefinido al tiempo que intenta convencer al mundo de que es un extraordinario guionista de ficción. En su funeral sonarán la canción "Restless farewell", de Bob Dylan, y una recopilación de chistes de Chiquito de la Calzada. Le gustaría ver las caras de los asistentes en ese último momento.

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