Suelos centenarios

Suelos centenarios, un relato inspirador

 

Debería gustarme, pero no es así. Es cierto: ni pizca de suciedad, brillante, reluciente. Pero solo. Y pasando frío.

 

Recién fregado nadie pisa por encima. Todos te evitan. ¿Cuál es mi uso, entonces? Tengo que esperar minutos, a veces incluso horas (las pulidoras… ¡madre mía! Ese olor a producto añejo, esas cerdas que poco a poco eliminan una parte de mí…) para volver a sentirme útil. De provecho.

 

Yo soy feliz notando esa continua presión sobre mi espalda. O mi torso. O qué sé yo cómo llamarlo, para que me comprendáis. Yo no “os veo”, pero os siento. Y os oigo. Es maravilloso darse cuenta de que, aunque evolucionáis, seguís teniéndome presente. Soy necesario, y además no uno cualquiera: soy uno de los prestigiosos suelos de la Biblioteca Nacional. Sobre mí, sobre mi contorno, se apoyan preciados tomos de grandes escritores. Y me recorre un escalofrío cada vez que “siento” que alguien consulta a uno de esos grandes. ¿Qué cómo lo sé? Es sencillo. He aprendido a notar partes concretas de “mi cuerpo”, las que son más “presionadas”. He aprendido a notar si se trata de un niño o un adulto, de un hombre o una mujer, sólo por cómo esta presión varía, y más cuando deben ponerse de puntillas para acceder al “tesoro”, o les es necesario arrastrar la pesada escalera corredera para alcanzarlo. Lo de la escalera es un engorro, siempre me hace daño… pero no es culpa suya. Ya lo hemos “hablado” en muchas ocasiones…

 

A veces, alguien necesita leer las palabras en voz alta. Susurran, para no molestar, pero yo las oigo. Y es entonces cuando me doy por doblemente satisfecho: gracias a mí, ese “alguien” está ampliando su curiosidad, su conocimiento. Y gracias a él, o ella, yo conozco la literatura, o poesía, de uno de esos escritores. Y comparo las palabras con el hablar de los visitantes, y me río, y me regocijo, al identificar los cambios en su lengua…

 

Seguro que estáis pensando: ¿y las noches? Esas sí son horas de soledad, más que el lapso de tiempo del fregado. Pues no. Las noches son maravillosas. Porque tras el murmullo continuo del día, tras tantas y tantas pisadas, me es necesario pensar, asimilar todo lo escuchado, todo lo aprendido. Es un momento sublime, sólo roto por el agradable paseo del guardia de seguridad. Algún día, no sé cómo, tendré el valor de hacerle notar que debe aprovechar para leer. Y para bajar la música…. Llamadme antiguo (que lo soy), pero soy más de Mozart que de Rosalía…

 

Julio de 2019, Arantxa Acosta

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Imagen de portada: fotograma de Seven (Se7en, David Fincher, 1995), secuencia que ha inspirado este relato.

 

TRAILER – Seven (Se7en, David Fincher, 1995):

 

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Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014 (y de su Junta de 2015 a 2019), en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en los libros 'Steampunk Cinema' (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013), 'Miradas: 2002-2019' (Ed. Macnulti, 2019) y 'El amor en 100 películas' (Ed. Arkadin, 2019). Ahora, y tras cursar un Máster en Gestión Cultural para obtener una visión completamente holística y complementaria también a sus estudios de Ingeniería, amplía sus textos críticos más allá del cine, entrando también en la ficción, y quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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