Kong: La Isla Calavera (#Sitges2017N1)

Kong: ideología sutil, y para masas

 

“Yeah, fuck you too!”

La cosa (The Thing, John Carpenter, 1982)

 

En el famoso remake La cosa, de John Carpenter, los humanos perseguían a un horrendo alienígena hasta que conseguían terminar con él. ¡El ser era tan extraño! Ni siquiera humanoide. Un peligro en toda regla. Y es que su potencial amenaza generaba tal nivel de pánico que, obviamente, era el enemigo. Sin lugar a dudas.

Lo interesante del film es que en ningún momento se intentaba comprender a la cosa. El grupo de investigadores, paradójicamente, no la investiga. Pero, ¿y desde el punto de vista del extraterrestre? Los extraños son los otros. El enemigo, son los otros. Quienes le están atacando directamente, son los otros. Y debe defenderse.

Japonés o americano. Vietnamita o americano. Ruso o americano. Musulmán o americano.

Monstruo o americano.

Sin un enemigo parece que no es posible la paz.

El film de Jordan Vogt-Roberts comienza con la misma premisa: dos soldados de bandos rivales, enemigos hasta la muerte. Hasta que aparece un adversario desconocido. Hasta que ése se transforma en su divinidad. Y aparece otro enemigo. Y…

Pero pronto veremos que el mito de Kong, en esta ocasión, se presenta para sacudir, inteligente pero demasiado vacuamente, la conciencia de una sociedad que ya debería comportarse de forma que no se considere el ombligo del mundo.

 


La presentación de cualquier personaje de Kong: la isla calavera es memorable. Desde la pareja de soldados luchando de forma trepidante por su vida, hasta la de Preston Packard sentado en el centro de su despacho (en el centro de un plano que no permite fijarse en los estudiados detalles de la decoración pero que es, en su corta duración, suficientemente explicativo acerca del tipo de militar que vamos a seguir durante dos horas), pasando cómo no por la presentación pelea incluida de un arrebatador y seguro de sí mismo explorador (y demasiado elegante y british para el papel) o por esas enormes manos de Kong antes de la aparición de los títulos de crédito. El film está cuidado para que el espectador se forme rápidamente una idea de quiénes son los buenos y los malos, sean humanos o monstruos ancestrales. Además, la presencia casi omnipresente durante la primera (y más notable) parte del film del presidente de los Estados Unidos de la época, en forma de falsa e hipócrita sonrisa de cabezón del coche/avión, no deja lugar a dudas: el trasfondo político, social, antibelicista e incluso ecológico va a sobre volar todo el film.


 

kong la isla calavera 1

 

El director no se esconde y, con la naturalidad de imágenes que caracterizó aquella joya independiente llamada The Kings of Summer (Íd., 2013), plantea una visión de los intereses sociales y políticos a caballo entre el realismo de una época, inicios de los años setenta, reproducida con sumo detalle, y el nostálgico (y, por tanto, idealizado ya por el espectador) entorno mostrado en los films que ya han querido desmontar el patriotismo belicista americano. Y es que es imposible no citar por sus varias referencias a Apocalypse Now (Íd., Francis Ford Coppola, 1979), de la que “copia” tanto planos como situaciones icónicas como personalidad de algunos de los personajes. Pero el directo homenaje, no obstante, no se vive como falta de ideas sino, bien al contrario, como refuerzo a la hora de enfatizar el mensaje principal: seguimos denunciando lo mismo que hace cuarenta años. Y seguimos comportándonos de la misma manera.

Así que Kong: la isla calavera presenta toda una primera parte en la que la existencia del “monstruo” es tan desconocida como deseada, y en la que los efectos especiales se reducen a las necesidades básicas de la cinta (tormentas imposibles, aparatosos accidentes, y poco más) sin renunciar a un ritmo y montaje que atrapa al espectador por su dinamismo y modernidad (divertidos primeros planos, travellings mastodónticos, letras sobreimpresas en la imagen…) que no olvida que la composición y encuadre son básicos para atraer al público y provocar sensaciones (y si no, observad atentamente a esa calavera que forman los soldados al avanzar cautelosos por el río de la isla, sólo visible con el plano picado, casi cenital, que magnifica la Naturaleza y hace insignificante a esos intrusos). El director sale airoso en y de su arriesgada crítica, haciendo cómplice al espectador y consiguiendo su más sincera atención.

 

kong la isla calavera 3

 

En la segunda parte la historia (anti)bélica se transforma en historia ecologista, y en positivo sermón emocional: el respeto por los animales y tribu de la isla se antepone ante el deseo de venganza, dejando poco a poco el poso de que el error ha sido del humano “civilizado”. La historia se transforma, aunque al director no le es posible zafarse del por qué de la superproducción: el enemigo debe existir, y debe ser derrotado. Y, claro… esto va de recuperar las aventuras de Kong. Pero… ¿qué es Kong para la sociedad – y preocupaciones – del siglo XXI (y, por tanto, más allá de la adaptación clásica del mito también perpetrada en este siglo por Peter Jackson)?

Pues Kong es, precisamente, las imágenes “en Super 8” del pletórico Hank Marlow acompañando a los título de crédito finales (excelente, como siempre John C. Reilly).

Pero bueno, para muchos, y con razón, Kong es lo que se le ha encargado a Jordan Vogt-Roberts, un remake/reboot y este, siendo coherente con la primera parte del film, homenajea también, abierta e intencionadamente, a films (que en algunos casos  también son homenaje de otros) como Jurassic Park (Íd., Steven Spielberg, 1995) / Jurassic World (Íd., Colin Trevorrow, 2015), Pacific Rim (Íd., Guillermo del Toro, 2013), cualquier film de Godzilla y similares y apoteósticos mostruos del imaginario japonés e incluso Al filo del mañana (Edge of Tomorrow, Doug Liman, 2014).

Monstruos que dejan de ser enemigos para luchar contra otros aún más peligrosos. Japoneses que dejan de ser enemigos para luchar contra otros aún más peligrosos. Vietnamitas que dejan de ser enemigos para luchar contra otros aún más peligrosos. Rusos que dejan de ser enemigos para luchar contra otros aún más peligrosos. Musul…

Del imaginario popular al imaginario económico al imaginario religioso… y vuelta a empezar.

Esta segunda parte pierde el encanto y fascinación arrancados al espectador de buen inicio. Se vuelve, por repetitiva, ardua y pesada en algunos momentos en los que la acción prima tanto que se olvida de hacer avanzar las peleas, los romances, o la exaltación de la amistad entre los personajes de carne y hueso en los momentos más difíciles. Pero, en cualquier caso, Kong: la isla calavera consigue su propósito: entretener y concienciar. No muchos directores, aunque buenos y valorados, han salido airosos de un encargo tan mainstream viniendo del cine independiente más modesto (e imaginativo).

Y, claro. No podemos terminar sin hacer alusión al lógico motivo de que haya sigo Kong: la isla calavera uno de los eventos de Sitges 2017. Porque el Kong de Jordan Vogt-Roberts es enorme, magnífico, y entrañable. En su imperfección rebosa franqueza, y en su contundencia, personalidad. El Kong de Kong: la isla calavera no ha podido ser una mejor introducción a los eventos de un Sitges 2017 que cumple su cincuenta aniversario: con problemas pero con entusiasmo, con competidores pero con soluciones, Sitges 2017 se erige ya, de nuevo, como el Festival Internacional de Cine Fantástico de más relevancia a nivel mundial.

 

TRAILER – Kong: La isla calavera (Kong: Skull Island):

 

 

 

 

 

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y miembro de la ACCEC (Asociación de Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora cofunda Probeta para ampliar con actividades culturales esa visión de que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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