Locke

Tomar la decisión correcta. Asumir, lúcidamente, las consecuencias.

 

Ivan Locke es un buen hombre. Controlador, reservado, y sobre todo muy analítico. No pierde los nervios, por mucho que la situación parezca pueda sobrepasar a cualquiera.

La situación.

La situación es que no puede estar supervisando esa madrugada su más importante trabajo, y el de toda su compañía: la recepción de hormigón para el edificio más grande de Europa.

La situación es que no puede estar con su mujer y sus hijos para ver el partido decisivo de su equipo de fútbol.

La situación es que ha decidido ser consecuente con sus actos y errores y, aun sabiendo que lo más probable es que pierda su trabajo, y a su familia… debe cumplir con su deber.

La situación, en definitiva, es que sabe que debe estar al lado de la mujer que va a tener un hijo suyo, y con la que se acostó, por primera y única vez y por muy increíble que les parezca a todos los que le conocen, en un momento de debilidad y empatía por una señora que se sentía sola.

Pero lo mejor de Locke es que la situación de Ivan la conoceremos en los escasos 80 minutos de metraje de un film que transcurre a tiempo real, dentro del coche del protagonista.


El director, Steven Knight, crea una atmósfera tan opresiva como envolvente en Locke, convirtiendo las cotidianas desventuras de su protagonista en un film inquietante, tenso y asumible al género de terror psicológico, consiguiendo lo que parecía imposible: mantener al espectador clavado en su butaca mientras observa al único personaje que aparece en pantalla, simplemente, haciendo y recibiendo llamadas.


De su jefe, de su mujer, de su operario, del médico, de la madre de su inminente hijo… 80 minutos durante los que la angustia se apodera del espectador gracias a un guión, firmado también por Knight, que encuentra en la cotidianidad de su idea la mejor baza para construir el film.

 

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El guión está salpicado de contundentes frases que el protagonista pronuncia sin alterarse: se comporta como un verdadero líder tanto para sus compañeros de trabajo como para su mujer e hijos, así como para la mujer que ha dejado embarazada; se convence a sí mismo de que está haciendo lo correcto, mientras le reprocha a su padre (imaginándole sentado en la parte trasera) lo mal que le educó a él. Así, al espectador acaban doliéndole afirmaciones del tipo “– Eres el mejor encargado con el que he trabajado y te van a despedir ¿Lo sabes verdad? – Lo sé”, “– ¿Por que no has dicho que estabas enfermo? – Porque no lo estoy”, o “No me he portado de la forma correcta con esa mujer. Me he comportado de forma que no soy yo”. Frases consecuentes con el suicido profesional y personal de un hombre que actúa con la lucidez que le marcan sus principios. Y, así, el espectador sufre con cada llamada, con cada tono en espera, y con cada resolución que le lleva, cada vez más, a perder todo lo que había conseguido en su vida.

Pero el guión viene acompañado de un excelente uso del espacio: oscuro y opresivo, el pequeño habitáculo trasciende para superponer imágenes del primer plano del protagonista con las de la una carretera de noche que parece no tener fin, pero sí destino: igual que la determinación de Locke. No sabe qué pasará tras tomar su decisión, pero lo que sí sabe es que es la correcta. Al menos para él.

 

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Cómo no, el ejercicio de Knight sólo puede saldarse de forma victoriosa con la selección del interprete, y aquí encontramos a un sereno y contenido Tom Hardy en uno de sus mejores papeles hasta la fecha. Porque el actor condensa todos los sentimientos y los bloquea ante los continuos primeros planos de una cámara que filma su rostro, casi impertérrito, desde cualquier ángulo posible. Hardy asume todo el peso del film, reaccionando a las voces histéricas de sus interlocutores con una tranquilidad que sólo abandona cuando se sabe abandonado. Es decir, cuando puede enfrentarse a sí mismo y a los fantasmas de su pasado, muy bien solucionado a nivel fílmico con la invisible aparición del interlocutor dentro del mismo coche. Pero si algo demuestra Knight es, además, que por mucho que todo esté en contra de Locke, su determinación va a ser recompensada. Y qué mejor forma que con el sonido del llanto de un bebé recién nacido… el luminoso y esperanzador inicio que llega justo cuando todo lo demás ha entrado, para no salir, en la completa oscuridad.

 

TRAILER – Locke (Íd., Steven Knight, 2013):

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y miembro de la ACCEC (Asociación de Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora cofunda Probeta para ampliar con actividades culturales esa visión de que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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