L’Alternativa 2016

L’Alternativa 2016: un acompañamiento sutil, una arrolladora reivindicación.

“Os voy a contar una historia…”

Mimosas (Íd., Oliver Laxe, 2016)

 

Diez historias, que son una.

El yo real, el yo público, el yo reflexivo, el yo insensible, el yo amenazador, el yo atrapado.

El yo parte de una sociedad reivindicativa pero, también, y la mayoría de veces, el yo parte de una sociedad indiferente.

El yo silenciado por mí mismo.

El yo al que es necesario zarandear para que se active y se una a querer cambiar el devenir augurado por (y para) un ambicioso y voraz ser humano que ha perdido sus principios, y sus prioridades.

El yo que debe ser descendido a los infiernos que ha creado él mismo mientras era arrastrado por la mayoría…. Un perverso viaje hacia la identificación de los miedos culturales, económicos y sociales que alimentamos cada uno de nosotros, y a los que nos deberíamos enfrentar de una vez por todas.

El yo que debe empezar a gritar.

Esta reivindicación, este necesario empuje personal a ser consciente de las múltiples realidades ya conocidas (que evitamos a toda costa), es la que desde hace años pone de manifiesto el Festival L’Alternativa. Y en esta edición l’Alternativa 2016, en concreto con su sección oficial, la ha presentado de la forma más inteligente posible.

Inteligente, porque aunque los recurrentes problemas denunciados año tras año (la falta de recursos económicos, el racismo, los conflictos bélicos derivados de miedos, diferencias religiosas o intereses personales) siguen sin resolverse, pareciendo caer en el olvido o en la indiferencia por repetición, existen fórmulas para llamarnos la atención. Havarie, Beemoth o Between Fences son buenas muestras de ello. Pero no las únicas.

Allá vamos.

Os voy a contar diez historias…

 

Behemoth (悲兮魔兽 bēi xī móshòu, Zhao Liang, 2015)

 

Behemoth, el bello y aterrador viaje ganador del Premio de la Crítica.

Un viaje que parte de una realidad muy local (la destrucción de un paisaje por motivos industriales) para llevarnos, poco a poco, como Caronte*, a viajar a través de un infierno individual y social: el de la ambición personal, el de la ambición humana.

Behemoth, un viaje que acaba siendo un mordaz cuestionamiento del ser humano a medida que nos obliga a avanzar su travesía, y nos hace planetarnos preguntas tan básicas como necesarias: “¿Qué estamos haciendo?¿Cómo hemos podido cambiar así nuestras prioridades?¿Cómo estoy yo contribuyendo a esta barbarie?¿Por qué no hacemos, ni hago, nada al respecto?”.

Muchas preguntas que Zhao consigue que el espectador se plantee utilizando principalmente dos recursos.

 

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Behemoth

 

El primero, potenciar el contraste entre el prometedor pasado (otorgado por la paradisíaca naturaleza que nos rodea) y el desgarrador futuro que estamos dejando a las siguientes generaciones (una desmesurada industrialización para construir paraísos de cemento y de cables).

Y todo en una misma imagen.

Un plano fijo que no va a abandonar su encuadre hasta que nuestra mirada recorra toda la pantalla, y acabe asimilando que estamos destruyendo nuestro propio planeta por la promesa de ¿un mundo mejor?

Realistas imágenes que, precisamente por no esconder la verdad que muestran, convierten la bella fotografía conseguida en portadora de terribles pesadillas a las que conscientemente intentamos no prestar atención.

El segundo es el tempo de una narración que parece relatar el destino hilado por las propias moiras. Zhao entreteje unas imágenes que a priori parecen inconexas, potentes ya sólo por su crudeza individual, para mostrarnos la historia que hay detrás de cada uno de sus planteamientos, con un a la vez sutil pero explosivo final que desmoraliza completamente a un espectador abrumado por sus propios pensamientos. Las poéticas pero punzantes reflexiones que salpican el metraje a modo de cortas frases voz en off son el único recurso extradiético (junto con una música que acompaña en los momentos más reveladores) que guiarán al espectador en su toma de conciencia.

Behemoth es un film tan hermoso como incómodo. Revelador por su franqueza, necesario por su urgencia.

 

Havarie (Íd., Philip Scheffner, 2016), Between Fences (Bein gderot, Avi Mograbi, 2016), Tempestad (Íd., Tatiana Huezo, 2016) y Heart of a Dog (Íd., Laurie Anderson, 2015)

 

Pero quizá aún no estemos preparados para responder grandes preguntas. Quizá, intentar abordar nuestros múltiples problemas a bocajarro sólo obtenga como respuesta que, en masa, volvamos a encerrarnos en nuestra burbuja. Quizá, para atacar el despertar del yo, debamos ir poco a poco, y permitir que el espectador se enfrente, en primer lugar, a reconocer realidades mucho más palpables y comunes.

De esta forma, el revelador contraste entre la naturaleza desnuda* y la industrialización desmedida que actualmente rige a la ambición humana (es decir, las preguntas existenciales y existencialistas de Behemoth), nos lleva a plantearnos, adicionalmente, cuestiones mucho más cercanas y, en teoría, fáciles de atacar y resolver. Problemas que también pueden parecer locales (sobre todo cuando preferimos no hacerles caso) pero que forman parte de ese mar de desprecio e indiferencia que estamos generando como respuesta al miedo a perder nuestra posición en la sociedad del bienestar.

Un mar de racismo, intolerancia, extorsión, y terrorismo.

 

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Havarie

 

Sobre el mar, físico y metafórico, nos habla Havarie. En concreto, sobre las pateras llenas de inmigrantes que buscan un prometedor futuro en una ya desconocida Europa que no responde a sus necesidades, y sobre el terror sentido por el primer mundo al verse en la obligación de no desviar la mirada.

Contrastes.

Havarie parte de un vídeo de youtube registrado desde un crucero de lujo. Amplía y retarda sus imágenes, las acompaña del tic-tac de un reloj y las muestra, fotograma a fotograma, al ritmo al que estamos, como sociedad, respondiendo a esos y otros valientes inmigrantes. Casi dos horas de mar, el mismo tiempo que los guardacostas tardan en rescatar a la docena de personas que van a la deriva (sobre todo con sus vidas), que el espectador traduce y transforma mentalmente, convirtiéndolo en un enorme monstruo, en el vacío, en la maldad, en la presión social… en el real y palpable estrangulador que es la sociedad del bienestar.

Contrastes, y golpes a la conciencia.

Porque Sheffner no se conforma con obligar al espectador a prestar atención a la barca, sino que utiliza su film para reflexionar sobre la relación de esa clase de terrorismo pasivo de los ciudadanos europeos con, por ejemplo, el del IRA. Y por qué no. ¿Qué diferencia hay?

Havarie sublima el concepto de experimentación, de nuevo cine, consiguiendo no únicamente captar la atención del hipnotizado espectador con una original forma de plantear un problema que diariamente encontramos en los telediarios, sino exponiendo, también, la eterna discusión sobre la autoría, sobre qué es una obra de arte y sobre quién es el propietario de la idea original.

Ganadora del Premio del Jurado Oficial a mejor largometraje, Havarie reúne todos los elementos que defiende el Festival: es vanguardista, arriesgada, reivindicativa y distinta a cualquier otro film. Un regalo.

 

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Between Fences

 

Del cine hecho arte pictórico, arte reivindicativo y en los márgenes, al cine cómplice, que busca la sorpresa en la puesta en escena y en las actuaciones de sus personajes, no exclusivamente en el formato de lo expuesto.

Between Fences explica en clave casi de humor la tragedia de los inmigrantes atrapados en Holot, un centro de detención para los solicitantes de asilo en Israel. Sorprendente en su planteamiento, Mograbi introduce al espectador en el relato haciéndole partícipe del proceso de creación del film, ligado también a la realidad/excusa que lleva al equipo al campo de refugiados (formarles en técnicas teatrales para representar las duras experiencias que han soportado durante sus años de exilio).

Entrevistas y actuaciones se combinan para presentar la injusticia que los refugiados/prisioneros se encontraron escapando de una situación, teóricamente, mucho peor. De esta forma, atrapa al espectador por su frescura, por plantear el día a día de sus entrevistados a través de una forzada ficción teatral que, a su vez, es ficcionada, por el sólo hecho de ser filmada, para despertar la curiosidad del espectador. Y, no obstante, un regusto amargo queda en el paladar del crítico.

Between Fences consigue su objetivo: que personas como nosotros, aquí en Barcelona, alejadas completamente de esa realidad (¿sinónimo de deinteresados?), nos solidaricemos con los refugiados africanos en Israel. Nos reímos y empatizamos con ellos, relativizando, también como ellos, sus penurias (no deja de sorprender la capacidad de algunas personas por salir adelante). Y, no obstante, una vez finalizado el film, ¿cuál es el poso?

Tristemente, es el de haber visto una buena película, con una interesante historia y con un formato ameno. Y ahí la trampa, o el error: el haber desprovisto el relato de victimismo, o como mínimo de objetividad más realista, puede ser contraproducente. Un escalofrío recorre nuestro cuerpo por el simple hecho de que ese pensamiento cruce nuestra mente ya que, por otro lado, parece que la búsqueda de estas fórmulas, el trivializar su contenido con al esperanza de captar, de nuevo, atención y solidaridad, es ya la única forma de seguir atendiendo a denuncias recurrentes.

Quizá sigue siendo necesario el victimismo, la lágrima fácil, la marató de tv3. Pero en L’Alternativa 2016 no se busca eso. Así que ni tan siquiera Tempestad, mucho más cercana a este tipo de relato más emocional y emotivo, cae en las redes de la sensiblería.

 

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Tempestad

 

Tempestad reúne dos historias que avanzan en paralelo hasta resolverse, en su tramo final, la relación existente entre ellas.  Relatadas con voz en off por parte de sus propias protagonistas, sus cronológicos testimonios van acompañados de espectaculares imágenes del México actual, que guían las palabras a través de una road movie que nos traslada por las carreteras del país a ciudades y mercados, a descampados y chabolas, y al circo ambulante que tanta presencia tiene en la película, y no exclusivamente en su sentido literal.

Una mujer relata su experiencia en la cárcel tras ser acusada de un delito que no cometió. La otra, sus últimos veinte años de vida como payasa. La denuncia de Tempestad es contra las bandas de trata de blancas y contra los grupos organizados que colaboran con ellos, confirmando la corrupción existente, y extendida también, al propio gobierno y su policía. Pero también es un homenaje a las luchadoras, a no dejarse arrastrar por las injusticias y a pelear por los principios.  Un film en el que el dolor es sinónimo de esperanza, y la esperanza sinónimo de victoria.

Pero, como Albert Margalef (miembro del jurado de la crítica – ACCEC) ya destacaba tras el visionado, Tempestad funciona a dos niveles: a nivel de imágenes y a nivel de monólogos. Y su (necesaria) combinación resulta decepcionante.

Al contrario que en Havarie, que con la imagen de la patera consigue envolver desde los testimonios entrevistados hasta el audio real del momento y ligarlo con historias mucho más lejanas pero relacionadas, Tempestad avanza en dos direcciones distintas. Las imágenes no nos evocan, ni real ni metafóricamente, el discurso narrado en la historia que abre el film, quedándose exclusivamente en un hermoso metraje que nos transporta al México de los esperanzados, pero que en ningún momento nos ayuda a conectar con la voz en off. Para la segunda historia, las evocadoras imágenes son tan repetitivas y prácticas (más en comparación con las escogidas para la anterior) que terminan por no aportar, tampoco, al discurso narrativo.

Y, en cualquier caso, los últimos quince minutos de Tempestad, en los que voz e imagen por fin confluyen, son de una fuerza espectacular.

 

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Heart of a Dog

 

Y llegamos a Heart of a Dog, un film que resulta de combinar lo mejor de las tres anteriores (formato, historia y singular reivindicación), añadiendo, además, unas gotas de misticismo.

Heart of a Dog, a caballo entre la originalidad de Between Fences a la hora de relatar su denuncia y la experimentación visual de Havarie, se centra en la experiencia personal de su directora, y las reflexiones que le generan su entorno personal y social. Con la excusa de la presentación y vida de su perro arremete contra una sociedad mucho más preocupada en vigilarse a sí misma que en disfrutar de los pocos momentos de los que se compone nuestra corta vida. El 11 de Septiembre sobrevuela todo el film, apelando a la dignidad de las víctimas y a la necesidad de salir adelante (un poco como Tempestad), escondiendo sus intenciones al compararlas astutamente con la lucha por sobrevivir de su perro (e incluso de ella misma). Un film cuya proyección, tras la reciente elección de Trump, se elevaba como salvavidas a los acontecimientos que estamos convencidos van a ir sucediéndose en los próximos cuatro años.

Texturas, ficción animada o imágenes en super 8 conforman una reflexión en voz alta de la propia directora, que nos invita a emprender un viaje interior y místico, un canto a la vida por encima de los problemas que nos autoimponemos como sociedad.  Si algo es reprochable a su directora es, precisamente, que por mantener ese tono espiritual sacrifica el hilo argumental que úne todas las ideas, dejando a un lado el profundizar más y mejor en el tema del miedo social para poder hablar de sacerdotes budistas que censuran la eutanasia a animales.

 

Paula (Íd., Eugenio Canevari, 2016) y The Illinois Parables (Íd., Deborah Stratman, 2016)

 

De problemas más concretos pero igualmente con elevado componente social, a problemas más individuales, sobre los que podemos tomar decisiones directas, o a circunstancias a las que no podemos responder, por escapar a nuestro control o por haber sido incapaces de avecinar que su encadenamiento podría ser una catástrofe. Situaciones, en definitiva, que acaban afectando a nuestro entorno.

Comparada con La ciénaga (Íd., Lucrecia Martel, 2001), Paula aborda la superficialidad de una gran parte de nuestra sociedad adentrándonos en las grandes propiedades de los que pueden permitirse niñeras, y desde el punto de vista de una de ellas, atrapada por unos sueños de futuro truncados al confirmarse su particular desliz. Realista en su presentación, tanto a nivel de sus diálogos (de hecho, el guión es su mayoría es improvisado) como de su puesta en escena, la película triunfa por su sencillez, por su fotografía y por su pensada despreocupación a la hora de hacer avanzar su propuesta.

Así, Paula, mención especial del Jurado de la Crítica, define su objetivo (y moral) a través de una mirada en la que los personajes, a excepción de los protagonistas, no son el centro de atención, pero sí los paisajes (y decisiones) que se ven modificados por su presencia. La película, de una hora escasa de duración, es una sucesión de planos fijos, resultado de encuadres que evitan fijarse directamente en la acción concreta acontecida en la pantalla (y mucho menos en la presencia física de las personas que interaccionan con Paula, el centro de atención). A veces Canevari sí nos permite conocer a los interlocutores de Paula, pero sólo a través de unas miradas y silencios tan potentes que descifran los pensamientos  de sus protagonistas.

 

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Paula

 

Paula se alza frente a otras propuestas por su franqueza, por no victimizar a su protagonista y por tratar el silencioso dolor de muchas mujeres en la misma situación de la protagonista de forma que predomine la luz en cada fotograma. Porque sólo así, con luz y vitalidad, se puede enfrentar el día a día de estos, lamentablemente, comunes contratiempos.

Y de la común pero punzante historia de Paula a la revisión cronológica de la historia de Illinois.

The Illinois Parables destaca por mostrar una historia que demuestra que los acontecimientos son cíclicos, que no aprendemos de los errores y que la naturaleza (y nosotros mismos) acaba por encargarse de empezar otra vez de cero. Comenzando en el siglo XIX y acaba en nuestros días, separando su narración en capítulos, repasa, a través de imágenes de archivo, mapas, noticias de la época, entrevistas audio y voz en off, acontecimientos que explican el origen y deseos de sus habitantes, y cómo consiguen sobrevivir a pesar de las penurias que han sufrido a lo largo de los siglos. Desde la colonización del terreno e inicio de contiendas (por el poder político, económico e incluso religioso – aunque éste siempre es una excusa) hasta la importancia del descubrimiento del funcionamiento de la bomba atómica y su repercusión por la ubicación de una fábrica en la zona, pasando por tornados e inundaciones históricas que destruyeron el paisaje y la economía de muchas familias o por la persecución del grupo político Panteras Negras… la película obliga al espectador no únicamente a realizar una comparativa con la realidad histórica de su propio país, sino que demuestra que los problemas, y sus radicales soluciones, también se comparten de forma universal.

 

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The Illinois Parables

 

 

Actor Martínez (Íd., Mike Ott y Nathan Silver, 2016), Mimosas (Íd., Oliver Laxe, 2016)

 

Problemas locales, reflexiones globales… Es hora de entrar en la instrospección personal. En ese quién soy yo, y qué puedo hacer para evitar todo esto….

Actor Martínez juega con la confusión. Un actor que filma una película en la que se interpreta a sí mismo y que a su vez es filmado en su día a día del rodaje, siendo él mismo. Explorando los límites entre realidad y ficción, y aunque formalmente la película es poco destacable, como concepto sí que consigue atraparnos. Porque la búsqueda del yo del artista se convierte, a su vez, en un juego de reflexiones: ¿hasta qué punto los directores se aprovechan del actor? ¿Hasta qué punto el actor engaña a los directores? ¿Hasta qué punto el engañado es el espectador? La última escena, un plano fijo que abusa conscientemente del zoom hacia delante y hacia atrás a directores y protagonistas alrededor de una mesa, es la clave  para encontrar la respuesta.

 

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Actor Martínez

 

Pero, independientemente de la existencia de engaño, consciente o no, lo que nos interesa es la introspección del actor. Representándose a sí mismo es consciente de la visión que tiene de los demás, y de cómo los demás le ven a él. De cómo ante una misma situación cada uno interpreta también una respuesta (y, por tanto, un papel), y de los aspectos que les diferencian. El proceso por el que pasa el protagonista es el mismo por le que pasamos nosotros: ¿engañamos a los demás mostrando diferentes facetas en función del entorno que me rodea? ¿Existe un yo más allá del que creo debo ser yo mismo?

¿Existe un yo para mí mismo, sincero, consecuente con mis principios, valores, educación y creencias? ¿O no me conozco?

Esta es la verdadera reflexión a la que nos invita Actor Martínez, a través de escenas a veces cómicas, a veces crueles, presionando a los actores a llevar su vida real a la ficción. Pero la rigidez de su propuesta, la sensación de que absolutamente todas las escenas están orquestradas, ya sean las de la película o las de la película dentro de la película, acaba por no convencernos.

Lo que queda claro es que es necesaria la introspección, el viaje interior, para posicionarnos y ser sinceros con nosotros mismos. Porque si acabamos demostrándonos que somos unos capitalistas, o egoístas, o si todo lo que hacemos es exclusivamente por y para nosotros mismos… no tiene por qué ser malo, si nos sentimos satisfechos de ello. Pero esa introspección, repetimos, es necesaria.

Así que vamos con Mimosas.

Mimosas invita al espectador a realizar un viaje, igual que Behemoth. Pero, en este caso, el viaje es completamente interior, es una invitación a cuestionarnos, desde una perspectiva mucho más profunda y con un punto de partida mucho más místico, a nivel individual, y no social.

Porque debemos empezar por nosotros antes de echar la culpa a la sociedad en su conjunto.

 

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Mimosas

 

Laxe plantea el viaje desde la confusión, y no podía ser menos. ¿Cómo si no representar el punto de partida de una reflexión tan trascendente?

Partimos del viaje de un grupo de personas por la Cordillera del Atlas, y seguimos con la reunión de otro grupo en busca de trabajo,  esperando a que se les asignen sus destinos. A partir de ahí, escenas aparentemente inconexas entre el viaje de los protagonistas principales atravesando espectaculares y tranquilos paisajes y el de tres taxistas, introducen al espectador en una catarsis que deja en blanco su mente.

Religión y amistad. Fe y compañerismo. Valores y principios. Todo ello será cuestionado con la única excusa de llegar al lugar en el que enterrar al maestro sufista, mínima línea argumental que dirige el devenir de los personajes principales. El viaje, por tanto, representa también las etapas del camino que llevan a la unión con Alá defendidas por esta doctrina religiosa. Un camino de conocimiento, en el que razón y acción deben ir de la mano para alcanzar el objetivo final. Un camino que el director consigue condensar recreando la espiritualidad y contemplación necesarias a través de mínimos diálogos y evocadores parajes.

Con su planteamiento, pausado y errático, atemporal en la mayoría de sus escenas, Mimosas rezuma paz, sosiego y candor. Y aunque al finalizar el metraje no sepamos muy bien qué se nos ha querido explicar, en un plano subconsciente la película sigue repitiéndose en nuestros adentros, sigue cuestionándonos, y nos sigue marcando el camino hacia la liberación. Igual que para sus extraños personajes.

 

Como me da la gana II (Íd., Ignacio Agüero, 2016)

 

Tras reflexionar sobre la ambición social, sobre los tipos de problemáticas más concretas que estamos dejando de lado, sobre los acercamientos místicos o personales hacia las múltiples realidades… al final, si de algo hemos disfrutado, es de buen cine. Así que qué mejor que hacernos la misma pregunta que se plantea Ignacio Agüero en su film:

¿Qué es lo cinematográfico?

Irrumpiendo en los rodajes de otros directores (y, en muchos casos, poniéndoles entre la espada y la pared) tal y como hacía ya en la primera parte, el director les plantea ahora esta misma pregunta, editando sus respuestas mientras avanza el film con su personal propuesta: retazos de su (reivindicativo) film anterior entremezclados con entrevistas a personas del lugar, con recuerdos personales y con el reencuentro de amigos e ideas que el director lleva planteando desde hace décadas. Aparentemente irreverente, Como me da la gana II es un homenaje a la vida, a los que luchan, a la necesidad de que algunos pasajes históricos no caigan en el olvido y sean enseñados en las escuelas, y, por encima de todo, a los que necesitan expresar sus pensamientos a través de imágenes… como a ellos les dé la gana y siguiendo el orden que sea.

 

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Como me da la gana II

 

Hemos llegado al final de nuestro repaso por la sección oficial de L’Alternativa 2016. Diez historias muy diferentes tanto por su planteamiento formal como por su desarrollo argumental, pero con un objetivo común: plantear una reflexión, introducir una duda, promover la actuación individual y social. Despertar nuestro yo.

Seguramente, L’Alternativa 2017 seguirá intentando alcanzar, también, este objetivo. Posiblemente lo consiga. Probablemente tengamos, un año más, que poner de nuestra parte. Llegará un momento que todos los esfuerzos sirvan de algo, pero lo importante es no desfallecer. Por eso L’Alternativa es, y seguirá siendo, un festival referente en el panorama actual barcelonés.

 

* Expresiones utilizadas en la justificación del Jurado de la crítica (formado por Arantxa Acosta, Juan Manuel Linares y Albert Margalef, miembros de ACCEC) a la hora de presentar el veredicto.

 

TRAILER – Behemoth:

 

TRAILER – Between Fences:

TRAILER – Tempestad:

 

TRAILER – Heart of a Dog:

 

TRAILER – Paula:

 

TRAILER – Actor Martínez:

 

TRAILER – Mimosas:

 

TRAILER – Como me da la gana II:

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y miembro de la ACCEC (Asociación de Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora cofunda Probeta para ampliar con actividades culturales esa visión de que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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