Amazona (#DocsBarcelona2017N1)

Amazona: amor gatuno (#DocsBarcelona2017N1)

 

“Qué culebra tan hermosa”, susurra fascinada la madre de la codirectora, gran protagonista del documental,  mientras observa cómo la serpiente devora el exquisito manjar que le ha llevado: una cría, recién nacida, parida por la gata que tiene en casa.

La cría, completamente indefensa, asfixiada lentamente por la presión del cuerpo del reptil, se queja sin obtener auxilio, quedando inmóvil, y desapareciendo poco a poco, adentrándose en el interior del depredador, absorbida por la magnificencia del animal.

Perdida, nublada por siempre por la personalidad, y necesidades, de la víbora.

Y si tuviésemos que resumir qué es Amazona, precisamente esta es la escena que nos da la mejor respuesta a cualquier cuestión.

Clare Weiskopf tenía en la cabeza filmar un documental sobre su madre desde hace más de veinte años. Quizá, inicialmente, por la rabia de sentirse abandonada por una madre que buscó en la selva las respuestas a su personal búsqueda de significado de la vida, mientras ella aún era una niña; quizá después por fascinación, una vez la madurez ha conseguido otorgarle una visión muy distinta sobre las ideas y forma de ser de su progenitora; quizá, finalmente, por disponer, para su propia hija, del testimonio en imágenes de la peculiaridad de la abuela, dejando que la futura mujer pueda tomar sus propias decisiones.

Estabilidad vs. aventura. Ataduras vs. libertad.

La directora decide comenzar con la historia de una chica que abandona su Londres natal para reunirse en Colombia con el chico del que se ha enamorado. A través de fotografías y de conversaciones con la madre, poco a poco el espectador va conociendo el por qué la mujer decidió abandonar a su familia y darse una oportunidad de ser realmente feliz. El pasado se entremezcla con grabaciones actuales en las que vemos convivir a madre e hija, a veces riendo, a veces en silencio… pero nunca discutiendo abiertamente.

Porque el resentimiento se palpa durante todo el film, y se descubre existente tanto por parte de la hija, como de la madre. De ahí a remitirnos a la escena que abre esta reseña: la hija ve (o veía) a la madre como alguien que asfixió, desde la inocente temeridad, su futura felicidad, y la de sus hermanos. Alguien que la eclipsó. La madre, en cambio, alaba a la serpiente, porque hace lo que tiene que hacer para sobrevivir en un mundo en el que sólo estamos de pasada, y del que hay que extraer todo el jugo. “En tu vida, el ser más importante eres tú mismo”, dice sin tapujos ni medias tintas a su hija, y a todos nosotros.


Cuestionamientos sobre el “sacrificio” maternal, y reflexiones directamente a cámara (explicadas, e incluso cantadas) dejan muy clara su visión y posición respecto a la vida, reflejo de la mentalidad de una mujer avanzada a su tiempo. Una mujer que se rebela ante una sociedad que esclaviza al sexo femenino, culpándola si considera que no está siendo responsable con el devenir de sus hijos, y que contagiará al espectador esas ansias de romper con la rutina de la ciudad, con la imposición social.


Porque, en realidad… ¿qué es ser una buena madre?

 

 

La mujer defiende que dejó a sus hijos hacer lo que querían, con el ejemplo concreto de los dos menores, la directora entre ellos, cuando prefirieron quedarse en la ciudad con el padre, en distintos momentos de sus vidas. El hermano pequeño confiesa que ahora siente que su madre no debió dejarle, pero comprende, mientras está dando esas explicaciones encuadrado en un íntimo primerísimo primer plano, que si no hubiese pasado aquello, y si ella no le hubiese llevado antes al Amazonas, él no hubiese sido tan aventurero como ahora lo es. Su hermana, en cambio, necesita ahora, a sus cuarenta años, comprender a su madre… ahora que ella también va a serlo. Quizá el último plano sea, simplemente, una pista para el espectador para demostrar que ella ya sabe qué quiere hacer con su bebé, qué va a definirla como madre. Quizá, por el contrario, ese último plano es sólo una invitación a ese mismo espectador para que reflexione sobre su propia vida, y sus responsabilidades. En cualquier caso, todo lo mostrado, esa desnudez personal que la directora, valiente, registra con su cámara tanto de ella misma como de los miembros de su familia, es de elevado valor tanto para el que de antemano piense que “sabe” qué significa ser padre (sea hombre o mujer), como para el que esté en plena fase de autoconocimiento personal.

Es importante destacar que si algo queda claro también en los retazos de conversaciones entre madre e hija en Amazona, es que la mujer no es una despreocupada, y que seguramente atisbos de arrepentimiento se agolpan, de vez en cuando, en su mente. Los directores obtienen esta oculta confesión de encuentros nerviosos en los que no se quiere abordar, aun siendo directamente preguntado, el tema de la “obligación” para con los hijos; de silencios que terminan en frases que desvían la conversación (“tienes una cara muy linda”); de unos ojos llorosos que reflejan los pensamientos de la que ha sufrido la muerte de un hijo, y la profunda depresión de otro…

Así que, personalmente, la madre de Clare se me antoja gata (no serpiente, aunque se comprende perfectamente la visión de la hija por todas las vivencias explicadas), y no parece baladí que se le haya dado tanta importancia a la mascota de la madre: la gata es autónoma, arisca, inquieta, y busca siempre cumplir con sus deseos. Pero cuando es madre, dedica un tiempo a estar con ellos, cuidarles, defenderles… hasta que ya no les hace falta y son, también, tan autónomos, ariscos e inquietos como su progenitora.

Amazona se resiente de la pesadez de un ritmo que a veces se pierde al no seguir la cronología que tan bien funciona al inicio del documental, o de la repetición de conceptos, pero, en cualquier caso, es un film vibrante, lleno de ternura y homenaje hacia los padres de forma universal (juzgándoles o no, odiándoles o amándoles, o las dos cosas a la vez) y de una sana ambición: querer enfrentarse a los miedos de juventud para redescubrir a quien te dio la vida que ahora tienes y disfrutas, y a quien te enseñó a pensar por ti mismo.

 

TRAILER – Amazona (Íd., Clare Weiskopf, 2016)

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y miembro de la ACCEC (Asociación de Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora cofunda Probeta para ampliar con actividades culturales esa visión de que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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