Star Trek: Más allá

Acción e intimismo en Star Trek: Más allá

 

En estos tiempos en los que encontrar films mainstream que intenten ir más allá del puro entretenimiento no es sólo casi imposible, sino que es incluso castigado por unos espectadores-radiografía de la cansada, inerte y desinteresada sociedad actual (ahí tenemos el inmerecido vapuleo a Batman vs Superman: El amanecer de la justiciaBatman vs. Superman: Dawn of Justice, Zack Snyder, 2016), no era de extrañar que el viraje del reboot de Star Trek no pudiese librarse de esta tendencia. Y, no obstante, esta última Star Trek: Más allá se niega a someterse completamente a estos “gustos” y traicionar del todo al origen de la longeva saga, que este año celebra su cincuenta aniversario (y que, además, ha sido homenajeada con el cartel de la actual). Porque es consciente (curioso, siguiendo JJ Abrams en la producción) de que entretenimiento no es igual a infantilismo (o a no introducir algo de complejidad en el argumento), o de que homenaje y “regalo a los fans” no implica una amalgama de lo mejor de anteriores entregas.

 

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Así que aunque echamos de menos ese componente metafísico que tanto marcó la serie, y que parece querer lapidarse conscientemente en esta entrega (¿sólo a mi me molestó esa réplica de Bones a Spock instándole a no ponerse filosófico cuando este último, herido de gravedad, comienza a pensar en el futuro de su especie?)… afortunadamente, y en gran medida, se queda en sólo una desagradable sensación.

Porque Star Trek: Más Allá apuesta por la acción, sí. Acción trepidante, convulsa y continua. Acción que se apropia de todo el film, siendo consciente y aceptando el reto de que va a llevar no únicamente el peso de la trama, sino que va a ser la trama en sí. Pero este (para algunos) abuso de la acción no es criticable, en absoluto. Menos tal y como se presenta: muy bien pilotada por un Justin Lin del que no esperábamos decepción, y sin olvidarse de ponerla en un mínimo contexto meditativo.

De esta forma, la tensión que crea es apabullante, gracias a unas poderosas (que no buenas) imágenes y travellings de infarto, y a su (innecesaria) autoimpuesta obligación de no dejar espacios para el descanso (más de una vez se echan de menos esos respiros tan bien montados que encontrábamos en la magistral Mad Max: Furia en la carretera Mad Max: Fury Road, George Miller, 2015). Pero, a parte de acción, acción, y más acción…

 


La reflexión se centra, igual que en las dos anteriores entregas de esta nueva era, en los personajes y sus motivaciones, convitiendo a Star Trek: Más Allá en el perfecto cierre de una trilogía que podríamos llamar introductoria.


 

Tres films que no han hecho otra cosa que permitirnos conocer cada vez más y mejor a estos “nuevos” Kirk y Spock, pero también a Bones, con gran relevancia en esta entrega, o a Checov. Incluso a los más secundarios. Así que los viajes interestelares y lo que se encuentran en su camino no son ya, o aún, la prioridad: Star Trek es, ante todo, la Enterprise y, por tanto, sus integrantes, por lo que es necesaria una introspección y conocimiento interior y anterior, dedicado a los nuevos trekkies pero también a los antiguos fans (al fin y al cabo no dejan de ser “nuevos seres” tras el viaje temporal planteado en la primera parte), antes de conocer nuevas civilizaciones y aventuras completamente ajenas a la intervención sentimental de la tripulación, que, esperamos, en siguientes entregas, aseguradas con estas tres películas, sí sean ya el plato fuerte del devenir de la Enterprise.

 

 Kirk: We got no ship, no crew, how’re going to get out of this one?

Spock: We will find hope in the impossible.

 

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Ahí tenemos a Kirk, abatido ante unas misiones que ya no le satisfacen, amoldado contra su voluntad a la rutina intergaláctica. Kirk se queja, pero no encuentra una salida que no sea huir de su responsabilidad. En contraposición, Spock se presenta, como siempre, mucho más avanzado, racionalmente hablando, a su capitán. Porque Spock piensa en desmontar  su vida en previsión de una misión que nadie le ha pedido, la de preservar la raza vulcana. Los dos extremos irresponsabilidad-responsabilidad, con mismas consecuencias (“lo dejo”), equilibran un film que, obligatoriamente, no puede abusar de escenas conjuntas con los dos pesos pesados para mantener la tensión de sus cavilaciones. De ahí a potenciar a Bones, reafirmando su sátira, que se complementa perfectamente con las inquietudes febriles de Spock.

Pero, adicionalmente, nos adentramos también en terreno mucho más íntimo (aunque poco elaborado), importante para la decisión final de sus protagonistas. Kirk recuerda a su padre, y ve que nunca llegará a ser el héroe que éste fue. Spock recuerda a su otro yo y se auto inculpa de no estar siendo el embajador que él mismo llegó a ser en otra línea temporal (magnífico). Volvemos a encontrar las mismas dudas en los dos personajes (“quién soy yo”; “quién puedo llegar a ser”; “no sé si estoy a la altura de lo que los demás, y yo mismo, esperamos de mis decisiones”), creando esa sensación de que Kirk y Spock son uno, son la Enterprise, son Star Trek.

 

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Y, lógicamente, la destrucción de la Enterprise se muestra, (demasiado) claramente, como símbolo de esta rotura interior de sus “capitanes”.

Hacer lo que no se quiere. Sentirse solo, por obligación autoimpuesta [1].

 

Spock: Fear of death is illogical.

Bones: Fear of death is what keeps us alive.

 

La Enterprise se destruye para renacer de nuevo, como toda su tripulación. Kirk encuentra una nueva motivación que no es más que la misma, redescubierta…

 

Kirk: [to Krall] Better to die saving lives, than to live with taking them. That’s what I was born into.

 

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… el homenaje a Leonard Nimoy sirve también para romper definitivamente con su recuerdo y aportar un nuevo comandante menos estirado y más emprendedor…

 

 Bones: You really want to go back up there?

Spock: Yes.

Kirk: Yeah!

 

… igual que la música hip-hop rompe con el clasicismo más arraigado de la etapa anterior y se convierte en magistral símbolo tanto para atacar a un enemigo también innovador (un enjambre de naves enemigas en sustitución de las enormes naves espaciales provenientes de algún recodo espacio-temporal de la galaxia) como para reivindicar el entretenimiento como contrapunto, de alto nivel, a la tradicional vertiente filosófica de la serie.

 

Bones: [hears song “Sabotage” blaring] Is that classical music I’m hearing?

Spock: Yes, doctor, I believe it is.

 

Star Trek: Más allá sigue reinventando una saga que ha sabido adaptarse a sus distintos públicos durante cincuenta años, sin olvidar esos inicios pero sin dejarse atrapar por ellos, ni, lo más importante, dejarse arrastrar exclusivamente por querer hacer taquilla. Menos fans, más calidad. Una fórmula infalible.

 

[1] Curiosamente, mismo tema principal que una película radicalmente opuesta que ahora encontramos también en la cartelera, la Café Society de Woody Allen (2016).

 

TRAILER – Star Trek: Más allá (Star Trek Beyond, Justin Lin, 2016)

 

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación de Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora, con La Realidad No Existe, quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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