Paterson

La hermosa, envidiable rutina de Paterson. La rutina de la vida. De la realidad de cada uno de nosotros.

 

“Every night and every morn, some to misery are born. Every morn and every night, some are born to sweet delight. Some are born to sweet delight; some are born to endless night.”

Dead Man (Íd., Jim Jarmusch, 1995)

 

De lunes a domingo, nuestra vida puede ser repetitiva. Levantarse y hablar unos minutos con tu pareja antes de ir a trabajar, sacar a pasear al perro, ir al bar de referencia y charlar con el camarero, e incluso con algún desconocido…. y volver a casa. Eso sí, a veces ocurre algo inesperado, pero que podemos integrar perfectamente dentro de esa rutina. Son los altibajos que nos hacen reafirmarnos en que estamos haciendo lo que queremos.

¿Aburrido? Según para quien.

Porque lo importante, siempre, es ser feliz. Estar de acuerdo con lo que haces. Y es que sólo de ti depende que tu vida sea como es.

 

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Jarmusch decide realizar un film tan simple en su estructura como potente en cuanto a su esencia, que deviene en la necesidad de que todos nosotros nos planteemos urgentemente un stop&think que responda a por qué nos comportamos tal y como lo hacemos, en el que se ha convertido (como defiende el sociólogo alemán Hartmut Rosa) nuestro tiempo y vidas aceleradas. Unas vidas que ya no sabemos si son las que queremos o las que nos impone la sociedad en la que vivimos.

Así que el guionista y director configura el film siguiendo durante una semana a su protagonista, un conductor de autobús que en sus ratos libres escribe poesía sobre los objetos que le rodean, sobre las conexiones entre su vida y las enseñanzas que tuvo de pequeño, y sobre todo sobre el amor de su vida, que le acompaña en su día a día y que llena su existencia. De esta forma el film avanza con Paterson siempre en el centro de todas las escenas, ayudándonos a hacernos la composición sobre su opinión sobre su trabajo y la relación con su pareja. En definitiva, sobre su entorno y su particular mundo. Poco más… y poco menos.


Porque la poesía de Paterson no está únicamente en los versos del protagonista. Paterson es una oda a la vida, a la diversidad, a la convivencia, al amor, a la trivialidad, a la necesidad de pararse a observar los pequeños detalles. Paterson es la exaltación de la belleza de lo despectivamente denominado mundano, repitiendo pasajes y paisajes para que queden en nuestra retina, para que nos sea posible pararnos, en cada repetición, e ir más allá al observar los detalles que los hacen especiales.


Para ello, Jarmusch incluye patrones visuales más allá del similar orden en el montaje de cada escena diaria (cama-casa-trabajo-calle-casa-bar-casa). A veces imperceptibles, a veces descarados (como los que necesita la amablemente histriónica pareja del protagonista para encontrar su personal equilibrio vital), estos patrones consiguen, como la estructura formal de una poesía, atraparnos, hipnotizarnos, y saborear la traslación de la rutina de Paterson a la nuestra propia.

 

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Jarmusch sólo se permite la sobreimpresión como técnica cinematográfica no realista para remarcar esa cotidianidad. Por ejemplo, la de Paterson conduciendo versus las calles de la ciudad pero, por encima de todo, la de sus poemas (inevitable pensar en Peter Greenaway), apareciendo poco a poco mientras éste los escribe, sobre los planos que muestran los rincones más cotidianos de la ciudad, o su pareja, o la cascada que visita cada tarde para escribir en el descanso de su turno.

La cadencia de Paterson (muy en la línea de la filmografía de un director que ya nos tiene acostumbrados a encontrar en sus aparentemente simples diálogos una fuente de reflexión ideológica, existencialista y apabullante) exasperará a todos aquellos que aún no están preparados para revelarse contra el status quo. Quizá, precisamente por ello, el film es ahora más que necesario. Quizá Jarmusch haya encontrado, por fin, un film que refleja a toda una sociedad.

 

TRAILER – Paterson (Íd., Jim Jarmusch, 2016):

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y miembro de la ACCEC (Asociación de Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora cofunda Probeta para ampliar con actividades culturales esa visión de que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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