En la Vía Láctea

En la Vía Láctea: Amor sobre el caos

 

Tras siete años de silencio otra historia de Emir Kusturica llega a las pantallas: En la Vía Láctea (On the Milky Road, 2016), escrita y descrita por el autor como “un cuento de hadas moderno”. De nuevo la guerra de Yugoslavia por escenario al son de la música balcánica (Stribor Kusturica) heredera de las antiguas bandas militares de metálicos vientos, como cajón de sastre en el que todo puede acontecer, pues allí donde la vida y la muerte se confunden lo extraordinario fija su morada, tanto para la maravilla como para la tragedia. Ni el juicio funda sentencias ni la justicia otorga culpas.

Ante este caótico panorama de toda guerra civil en el que cotidianeidad y batalla se entrecruzan constantemente, encontramos a Kosta (el propio Emir), un lechero que cada día, haciendo caso omiso de balas silvantes y obuses, expone la vida montado en su burro, que junto con su halcón, constituyen sus únicos compañeros, capaces de darle la comprensión que las personas parecen incapaces de dar, pues tras haber perdido a su padre a manos del enemigo se encierra en sí mismo, construyendo un universo solipsista en mitad del caos, pero vivible en una rutina que da cabida a cualquier sinsentido. Y así transcurren los días hasta que todos sus equilibrios funambuleros se vienen abajo cuando aparece Bride (Monica Bellucci). Una italiana recogida de un campo de refugiados y vendida para casarse con el “cacique” del pueblo, cuando éste vuelva de su misión “pacificadora” con los cascos azules, que trae consigo su propia tragedia: una belleza que convierte en monstruos de codicia y lujuria a cuantos hombres se cruzan en su camino, excepto a Kosta, que ha coseguido preserbar su bondad rehuyendo a las personas.

Lo prohibido de nuevo arrojándonos a la desgracia, llevando intrínseca su transgresión no puede más que hacernos pagar nuestro afán de libertad, y dará lugar a todo un periplo (en algún momento excesivamente largo) de mágicos vuelos y bárbaras fechorías, pues en un mundo de extremos los límites se desdibujan y confunden en un transcurrir en el que sólo puedes dejarte llevar con la vaga esperanza de llegar a buen puerto, y vivir el instante tan plenamente como sea posible. Vivir es huir de la certeza de una muerte ineludible, y sólo el amor podrá depositar en el otro un parte del yo que, aunque pequeña, sea un ínfimo triunfo ante la oscura dueña del tiempo.

 

 

El ritmo sigue siendo una elemento esencial en el cine kusturiquiano en tanto que articula toda su narrativa, por supuesto con la música (el mismo Kosta fue músico antes de la guerra y ahora toca el cimbalon en las celebraciones que siempre aparecen en mitad de la desgracia como válvula de escape); alternando los elementos cómicos (con homenaje incluido al cine mudo) con los trágicos que tan buenos resultados le han proporcionadio en films anteriores como Underground; con el torrente de personajes (animales y objetos incluidos) que entran y salen de la historia a su libre albedrío, con los escenarios tanto humanos como naturales sobre los que su “manera de rodar se ajustó a mi filosofía y mi relación con la naturaleza y lo que sienten las personas con respecto a la vida”.

Pese a tratarse de una guerra, no temblándole el pulso para mostrar la bandera yugoslava que tantas críticas le ha repercutido, de nuevo el enemigo, en tanto que mal mayor, no es ninguno de los bandos en contienda, que al fin y al cabo, se han declarado hostilidad pública, sino todas las organizaciones internacionales que en pos de la paz amparan a violadores, asesinos y mercaderes, por no decir que directamente que están constituidas por éstos, y que finalmente uno no sabe si tratan de poner fin o de perpetuar el negocio.

Este Romeo y Julieta revisitado que es En la Vía Láctea, trasciende, en el sinsentido de la realidad, los límites mismos de la cordura en un periplo en pos del amor por el que sus caminantes son capaces de cualquier sacrificio con tal de seguir viviendo esa única luz que puede arrancarnos del solipsismo al que una realidad hostil, en guerra o en paz, nos arrastra. Un canto de cisne a la vida en tanto la realidad nos deje el más mínimo aliento.

 

TRAILER – En la Vía Láctea (On the Milky Road, Emir Kusturica, 2016):

 

Pese a la agotadora tarea de comer, dormir y reproducirse, tuvo la inconsciencia de editar y dirigir la revista artesanal de literatura y arte "ferbero", un barquito de papel en el océano digital. En su querencia por las actividades inútiles también estudió filosofía, escribió cuentos y poemas, mojó al mar y buscó la felicidad. Largo tiempo secuestrado por la rutina ha logrado escapar para colaborar con “La realidad no existe”. Si lo encuentran no duden en contactar: su cotidianidad le espera y le quiere.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *