Elle

‘Oh…’ se transforma en Elle, el frío y astilloso golpe sobre la conciencia social

 

“Tu as toujours souhaité une version aseptisée du monde à tout instant.”

Extracto de la novela Oh…, de Philippe Djian (publicada en 2014)

 

Ella es empresaria, madre, amiga. Ella es atractiva, admirada, idolatrada. Ella es decidida, fuerte, controladora. Ella se ha hecho a sí misma… y absolutamente nada hará tambalear sus logros.

Ni sus deseos.

Verhoeven vuelve a dirigir un thriller tan provocador como todos sus anteriores, pero enfocándolo ahora desde la demoledora sátira, y sermoneadora calma, del que sabe su obra va a ser tan interpretada… como malinterpretada. De esta forma, se encierra a defender su particular mirada de la novela de Philip Djian, y describe cómo una mujer puede enfrentarse a un hecho tan aterrador como el de sufrir una agresión sexual demostrándonos, en primer lugar, que el acto en sí (incomprensiblemente) poco tiene de especial en nuestra sociedad actual y, en segundo término y mucho más importante, que ese mismo acto y su tratamiento ni son, ni pretenden, ser el motivo de discusión.


Porque con Elle, Verhoeven convierte una violación en una reveladora excusa para cuestionar la moralidad de la sociedad del primer mundo.


Verhoeven ataca, sutil pero exponencialmente a medida que avanza el film, al fanatismo religioso; a los medios que presentan las noticias de forma sesgada; a los que impiden que la inocencia sea la bandera de nuestras vidas; a los que no perdonan y estigmatizan; a los que no quieren ver los sucesos ni actitudes que les rodean… y a nosotros, espectadores impasibles, que sabemos que esa realidad existe, y formamos parte de ella.

 

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De esta forma Verhoeven parte de desmontar la idea de lo que moralmente ¿debe? ser correcto, y convierte Elle en un relato sobre la bajeza humana y sus peculiaridades, jugando con los géneros cinematográficos. El horror deja paso a la aséptica reacción (no únicamente como barrera, sino como forma de vida) que ya introduce Djian en la novela, al juego de miradas, a los enredos familiares. Del más puro thriller pasamos a la comedia, al humor negro, al terror psicológico de nuevo, al costumbrismo…. El avance de los sucesos se presentan de tal forma que el espectador acaba olvidando el acto en sí con el que se inicia el film, para devolverle a él con una bofetada en formato flaskback, para rápidamente dejarlo atrás de nuevo presentando a una mujer que prefiere superar los anímicos obstáculos a través del control, la atracción y el deseo, sentimientos y formas de actuar que la han ayudado durante toda su vida. Es así como el director defiende que si ella, Michèle Leblanc, reacciona como lo hace, no es porque no le haya afectado en absoluto, ni porque sea una psicópata. Es porque está aburrida de lo que la rodea, porque en su pasado, esa sociedad la trató como una basura… Y, seguramente, acabó creyendo que lo era.

Control para no sufrir, control para sentir, control para amar…

Y aunque a muchos puede chocarles este acercamiento, si algo puede demostrarse de antemano es que el director ni es irrespetuoso con la violencia presentada, ni la banaliza. Sencillamente, la presenta tal y como es: tan realista como muestra una cena familiar.

 

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Y, para ello, Verhoeven encuentra en Isabelle Huppert a su perfecta cómplice. Acostumbrados como nos tiene ella a interpretar papeles difíciles (recordemos la también excelente La pianistaLa pianiste, Michael Haneke, 2001), en esta Elle, además, encontramos una película complementaria  a su interpretación para El porvenir (L’avenir, Mia Hansen-Løve, 2016). Porque si aquí se habla del control, de los deseos ocultos, de cómo sobrellevar la “marca” con la que la sociedad nos clasifica, en El porvenir su papel de filósofa abandonada por su marido plantea, de nuevo, una reacción natural ante lo que la vida nos depara. Sin embargo, mientras Elle pretende sacudir nuestra interpretación del mundo desde la ironía y provocación, El porvenir lo hace con un canto a la vida, a la necesidad de relativizar, y a demostrarse a uno mismo que las calamidades pueden superarse. Dos visiones muy distintas sobre cómo un individuo puede, y debe, sobrellevar sus desventuras y, por otro lado, cómo puede, y debe, enseñar a otros a hacerlo.

Cambiar el mundo empezando por uno mismo, sin dejarse arrastrar por las normas y represiones de la sociedad global. Esta parece la esperanza de Verhoeven… pero él mismo la boicotea. ¿Hay salvación social? ¿Individual? ¿Estamos a tiempo de cambiar, o somos nosotros mismos los que alimentamos, conscientemente, este retorcido ciclo de vida y muerte, de engaños y envidias, y de egoísmo y venganzas? El hijo de Michèle, a su manera, es el que nos da la respuesta.

 

TRAILER – Elle (Íd., Paul Verhoeven, 2016):

 

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación de Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora, con La Realidad No Existe, quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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