Animales nocturnos

Animales grotescos, animales vengativos, animales abandonados. Animales nocturnos

 

“What is the most resilient parasite? Bacteria? A virus? An intestinal worm? An idea. Resilient… highly contagious. Once an idea has taken hold of the brain it’s almost impossible to eradicate. An idea that is fully formed – fully understood – that sticks; right in there somewhere.”

Origen (Inception, Christopher Nolan, 2010)

 

(*contiene spoilers)

 

Tres momentos me hipnotizan en esta adaptación de Tom Ford de la novela ‘Tony y Susan’. Tres momentos, o situaciones, o planos, o ideas… difícil de definir. Porque si algo es Animales Nocturnos es una telaraña de conceptos, de sensaciones, de referencias, de poses, de reflexiones, de violencia. Y aunque está salpicada de puntos de fuga para el descanso del espectador (un montaje milimetrado para permitir esos minutos de respiro entre los capítulos de la novela que estamos leyendo junto a la protagonista), imagen, diálogo y significado se unen para generarle un estado de alerta continuo, que no le abandona hasta finalizar la historia.

Ford, siendo este su segundo largometraje, consolida un elegante y desgarrador estilo propio, realzado por las interpretaciones de Adams, Gyllenhaal, Taylor-Johnson y Shannon… además de por una banda sonora, firmada de nuevo por Abel Korzeniowski, que hiela la sangre a la vez que realza la melancólica hermosura de todos los pasajes.

 

De lo grotesco de nuestras acomodadas vidas

Tras unos títulos de crédito tan bellos como perturbadores, el director nos atrapa con la explicación de esa inusual presentación, continuando con un travelling lateral, cenital: pasamos de la escultura “basura” a una imagen de las carreteras de la gran ciudad, ovillos de curvas y niveles de cemento. Iluminados, pero lejanos.

Complejidad controlada. Y bella.

Volvemos a la escultura “basura”, moviéndonos hacia otra similar, situada justo a su lado. Seguimos en cenital. Y, otra vez, la hermosa telaraña de carreteras. Esculturas… Y Susan.


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La introducción por parte de Ford del personaje, y de su mimetizado entorno, es magistral.

La vemos llegar a su casa. Moderna, enorme, aséptica. Integrada perfectamente con la gris y hermosa ciudad.

Susan, la hermosa, y grotesca, protagonista. Mucho más grotesca que las esculturas de su exposición.

Igual de hermosa, y grotesca, que lo es la ciudad en la que vive. Y las personas que la habitan.

Con este juego de miradas, antesala del que utilizará más adelante, el director y guionista incide, por primera vez, en la conciencia del espectador. Porque el entorno de Susan lo asimilaremos como propio, al reconocerlo rápidamente: vivimos rodeados de nuestra(s) fantasía(s), de lo que los demás nos han empujado a creer que era lo bueno, lo importante. Actuamos como burgueses en esta sociedad del primer mundo porque debemos sentirnos integrados. Nos hemos creído que esa idea resilente era propia, y precisamente eso nos ha hecho (sobre)vivir, y suponernos felices. Pero, en realidad,  la identidad, la felicidad… viene condicionada, para bien y para mal, por nuestras creencias. “Acabamos comportándonos como nuestras madres”, incluye Ford en su guión (interesante esta escena del film, más sabiendo que Ford es de Austin, Texas…).  Y no le falta razón.

Pero a Susan pronto la deslumbrarán los faros del propio coche que conduce,  reflejados en la metálica puerta del parking. Primera señal de que no está conforme con su vida, aunque no se había parado a pensarlo hasta ahora.


El regalo que le hace su exmarido Edward, la lectura del libro que éste le ha dedicado, incluso titulándolo tal y como él se dirigía a ella, Animales Nocturnos, es un regalo también para un espectador incapaz de no seguir reflexionando tras su visionado/experiencia.


Susan se abstraerá de su fashionable y aburrida vida leyendo un libro que la hará evocar pasajes de su relación, en el que la violencia narrada, para ella, tendrá un reverso literal, pero también metafórico. Literal, por los acontecimientos que se nos desvelarán en el último tercio del film. Metafórico, porque esa melancólica crueldad que atrapará a Susan leyendo el libro es la sentida por un exmarido abatido, que acabó creyéndose merecedor de cómo le trataron, cómo le etiquetaron.

Y no hizo/hicieron nada al respecto.

Frustración, deseos de venganza y melancólico e irreal amor se confunden, se enmarañan y se presentan en la pantalla, contrastados entre pasado, presente y ficción. Una confusión ideada astutamente en su puesta en escena por Ford, emplazando los mismos objetos y personas en cada historia (la presentación física de Edward/Tony es la más evidente, pero vemos también en la ficción de Tony a las mujeres de la exposición de Susan, e incluso el coche de los oficialmente designados “animales nocturnos” en el relato a la escena en la que Susan, años atrás, abandonaba a Edward… De esta forma, Susan lleva su realidad al relato, pero también el relato a su realidad); mimetizando poco a poco los colores (la realidad de Susan en tonos fríos, la de Tony en rojos y verdes… y la de Edward con Susan, como su propia vida, orbitando de fríos tonos a cálido rojo de desesperación para volver al frío metálico en la escena del marido bajo la lluvia); o trasladando frases de la realidad a la ficción, y al revés (“eres débil”, “hay que dejar fluir”…).

 

50805_AA_4609_v2F Academy Award nominee Amy Adams stars as Susan Morrow in writer/director Tom Ford’s romantic thriller NOCTURNAL ANIMALS, a Universal Pictures International release. Credit: Merrick Morton/Universal Pictures International

 

Del reverso de nuestra personalidad

Susan está destinada a revisar su pasado, su presente, y su futuro. Así como el espectador, durante y después del visionado, porque Ford, como avanzábamos, nos condicionará a vivir junto a ella ese viaje personal a través de recuerdos, y esperanzas…

Primero, haciéndonos creer que Susan es la Laura de la novela y, en realidad lo es, sí: Laura, a quien Susan se imagina con un parecido físico más que notable consigo misma. Laura, también cegada por la luz de una linterna directa a sus ojos.

Personajes frágiles, dubitativos, que fingen ser los pilares familiares.


Pero Susan también es Tony. Porque Tony es Edward. Y Edward también es, por tanto, Susan. La tríada se erige como la mejor definición de animales nocturnos


Porque Tony es la representación físico-literaria de los sentimientos reprimidos de ambos personajes. Tony es la condensación de unas emociones que no pudieron explotar cuando era debido. Atención a la interpretación de Jake Gyllenhall, que erróneamente puede considerarse demasiado contenida). Tony es una bomba de relojería que sólo explotará cuando su venganza, literaria y real, llegue a su fin. Y esta explosión será descrita y ejecutada de forma tan contenida como la sensible personalidad de Edward. Al fin y al cabo, “un escritor siempre escribe de sí mismo”.

 

Pero si algo es verdaderamente aterrador en la definición de personajes de Animales Nocturnos es el del doble Ray/Hutton.

 

 

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Ford nos presenta a Ray como el reverso literario del hermoso y elegante Hutton (incluso el paralelismo de la doble vida que cada uno mantiene con otras parejas no se escapa al espectador). Los dos capaces de acometer actos atroces, actos similares (arrebatar a la esposa, arrebatar a la hija… sucesos que aparecen completamente integrados con el avance de la lectura de la novela). Ray asesina. Hutton, a su modo, también. Y los dos actúan siempre en beneficio propio, ignorando las consecuencias colaterales, y con fría crueldad.

Aunque la crueldad de Hutton nos es más difícil de ver, ¿verdad? Quizá porque estamos embelesados en nuestro hermoso, y grotesco, mundo… Un mundo que ensalza este tipo de “hombre de éxito”.

 

“Ninguno saldrá indemne”, dice Tony. Escribe Edward. Se da cuenta Susan.

 

El reverso de Edward no es Tony, es Bobby Andes. El policía, sólo como él está, es todo lo que él querría ser: el hombre que no se detiene ante nada. El hombre que, aunque justo, es capaz de saltarse algunas restricciones morales autoimpuestas, sin atender a las consecuencias. El hombre que, al igual que Edward, tiene un corto período de tiempo para resolver su venganza.

El mismo tiempo que se tarda en leer una novela.

 

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Personas y personajes. Imagen y reflejo de la bondad y maldad que inevitablemente convive en nuestro interior. ¿Por qué el sangriento thriller se acaba convirtiendo tan reveladoramente en nuestra propia vida?

 

Del miedo a no ser feliz

La melancolía de Animales Nocturnos, enmascarada tras sus violentas imágenes (y no nos referimos exclusivamente a las que reproducen la novela), encuentra desasosiego en la escena final. Al menos, en parte.

Ella, preparándose en su casa, observa su propio reflejo en el espejo. Por fin, no ve a Laura, ni a Susan, ni a Edward. Analiza a la Susan elegante, triunfadora, poderosa. La Susan de labios oscuros que tanto odia debe desaparecer. El símbolo de limpiarse los labios, de ser natural, es la mejor muestra en imágenes que Ford encuentra para mostrarnos a alguien, a nosotros mismos, queriendo reconectar con nuestro yo joven, salvaje… y feliz.

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Epílogo

El juego lector/escritor se traslada al de espectador/realizador. La experiencia nos envuelve, nos muestra en imágenes nuestro proceso a la hora de asimilar los contenidos de una novela, y de un film. Inevitablemente conectamos con nuestras propias experiencias, que se trasforman a su vez en irreales, en mentiras. En recuerdos distorsionados. Y el director consigue que todos esos sentimientos se conviertan en personales dudas, dejándonos inmersos en un bucle mental, con una terrible sensación de vacío sólo sustituida por la desgarradora melodía de “Table for Two”.


TRAILER – Animales nocturnos (Nocturnal Animals, Tom Ford, 2016):

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación de Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora, con La Realidad No Existe, quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

6 comentarios en “Animales nocturnos

  1. Susan es psicótica.
    Tanto Edward, como la supuesta hija a la que llama en medio de la noche, son los verdaderos ANIMALES NOCTURNOS, delirios fruto de su persistente insomnio.
    No olvidéis que cuando abre el libro, el marido (el único que ha tenido) le pregunta que de quién es. Ella le contesta, de Edward, mi ex-marido. Y su marido le dice “no sabia que hubieras estado casada”….
    No os parece sospechosa esa reacción teniendo en cuenta que ese hombre supuestamente la convenció 15 años atrás para que abortara el hijo de Edward?
    Más bien la respuesta del marido es la de alguien cansado de que su esposa tenga delirios y fantasee… “ahora resulta que tuvo un ex-marido….”.

    El director nos avisa claramente de que los tiros van por ahí cuando Susan delira y ve en el móvil de su compañera de trabajo a uno de los delincuentes. También cuando sus compañeros le dicen sorprendidos que porqué pregunta por los cuadros comprados si ha sido ella misma quien los escogió.
    Estamos ante una persona que crea un mundo virtual.
    Nadie se presenta a la cita porque su ex-marido solo existe en su perturbada mente.
    De modo que la peli es todavía más magistral de lo que parece. Hay 3 líneas de tiempo, la literaria de la novela, la real de una mujer en crisis, y finalmente la delirante vida pasada y presente que se inventa para sobrellevar el vacío existencial.

    Este análisis es mérito de un telespectador que escribió una crítica en FA. Ojalá fuese mía, lol.
    Me encantó.

    1. Hola, Delirios.
      Gracias por dejar tu comentario. Personalmente no analizo el film como si fuese un mundo virtual, pero hay que reconocer que es una propuesta que puede abrir una buena discusión e interpretaciones varias. En cualquier caso, te recomiendo leer “Tony & Susan” (“Tres noches” según la traducción española), la novela en la que se basó el realizador. El film de Ford actualiza la propuesta principal del libro y es completamente complementario, pero la novela permite conocer los pensamientos de Edward/Tony que no pueden plasmarse en la gran pantalla. Una joya.

    2. En realidad, la respuesta del marido es. “-No sabía que escribiera.”. Y luego continua:”-¿Habeis hablado durante estos 20 años?”. Por lo que la tesis de la paranoia queda descartada…aunque me hubiera encantado.

    3. No le dice “no sabia que hubieras estado casada”, le dice: “no sabía que él escribía”. Tal vez la viste mal traducida, pero lo que dice (en inglés) es lo que puse.

  2. Extraña e inquietante, así definiría la cinta.

    Te hace odiar y al mismo tiempo sentir lástima por un padre sin fuerza, sin valor, sin honor.
    Te hace odiar y al mismo tiempo senté pena, por una mujer fría, que tiene todo, menos felicidad.

    Te da gusto y duda de ver el final, de que ella sea una joven con la esperanza de ver nuevamente a aquel por el cual sólo sientes pena. Y a partes felicidad, de que haya triunfado, salir del hoyo, estar bien y poder ser tan Juanito y cruel de dejarla esperando, dándose cuenta de la pobre vida que lleva a cuestas.

    Un excelente film, esperaba verlos reunidos, él feliz, ella… Tal y como sé quedo al final.

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