2001: Una odisea del espacio (#Kubrick8)

2001: Una odisea del espacio (2001: A Space Odissey, 1968): lo que fuimos, lo que somos, lo que seremos

 

Lo que fuimos

 

Todo lo que creé. Toda su magnificencia, su extensión. Desde la nada. Me divertí moldeando las supernovas, meteoritos, galaxias, planetas, satélites… incluso con los agujeros negros, y las… da igual. Aún les queda mucho por descubrir, y ya se equiparan conmigo. Me divierte: creen conocerme, ¡incluso tanto como para obviarme! Se congratulan por haber pisado la Luna, descubierto agua en Marte, pensar en llegar a Saturno… pero siguen maravillándose con una simple Luna Roja. Sólo estoy hablando de los terrícolas, claro. Ni la especie más avanzada, ni la menos… Hace millones de años pocos eran los que podían presenciar esta alineación, a parte de mí, por supuesto. Me quedó simple si lo pienso bien… pero sigue siendo muy hermosa. En los encuadres más sencillos, en el silencio más demoledor, encontraréis la belleza. Y conoceréis vuestro destino.

 

 

El desierto nos gustaba. Bueno, no conocíamos otra cosa, a decir verdad. Ese desierto nos gustaba… pero teníamos que movernos, no había mucha comida. Las plantas cada vez escaseaban más… y había que compartirla con los animales de la zona. Además, una vez los solitarios leopardos (o cualquier depredador de la zona) nos encontraban… era hora de partir. No podíamos permitirnos bajas. No es que nos importasen mucho, pero NOS CREÍAMOS más fuertes si nos apoyábamos los unos a los otros.

Nos pillaron desprevenidos. Era nuestra charca. Pero eran más agresivos que nosotros. No estábamos acostumbrados.

 

 

Tuvimos que desplazarnos unos pocos kilómetros durante un tiempo. Lo suficiente como para que nos dejaran en paz… Cuando no hubiese rastro de ellos, ya volveríamos. El agua escaseaba, no podíamos alejarnos mucho. Y el miedo era demasiado alto.

Sí, nos quedamos en la zona con agua. Era el emplazamiento básico para la supervivencia, al menos de forma temporal. Por el día acabábamos con la poca comida, y por las noches nos refugiábamos entre las rocas…

Recuerdo aquella noche, sí. Fue distinta. Todos lo notamos, incluso el crío. Nos miramos, pero no nos comunicamos de otra forma. Había nerviosismo y lo desplazábamos, como mucho, hacia pequeñas disputas entre nosotros. Pero nos dormimos rápidamente. Teníamos esa capacidad.

Yo estaba allí, esperando a que saliesen, a que REACCIONASEN. Me habían enviado para aparecer en un lugar estratégico para esa especie, y recopilar todos sus datos posibles. La luz a mi espalda les impresionó. La intuición que tuve para identificar a la mejor tribu y escoger dónde colocarme fue buena, ¡ni los mejores cálculos matemáticos hubiesen conseguido unas coordenadas mejores! Es lo que más apreciaba y aprecio de mis creadores, que me permitieron ser responsable de la decisión final. Me siento un igual. SU IGUAL. Y en verdad lo somos. Les respeto y me respetan, para ellos no hay diferencias. No soy “su”máquina, esa que debe hacer todo lo que ellos digan. Una máquina a la que le puedan variar los porcentajes de sinceridad, o de humor. Y yo entendí, y entiendo, el porqué me pidieron ser enterrado después en el tan adorado satélite de esta raza. Tenía que seguir esperando (considerando el concepto “humano” de la dimensión tiempo, para nosotros la interpretación del avance de los acontecimientos es muy diferente… el teseracto nos es muy útil), y lo hice con gusto.

Así que les ayudé, y les ayudaré, a ellos y a sus descendientes. Porque así YO SIGO APRENDIENDO, como lo hicieron, también, mis antepasados. Pero por ahora, para ti hace 4 millones de años…. debo quedarme aquí. Tengo que continuar con mi misión.

Me desperté y allí estaba. Nunca había visto nada igual. El instinto me hacía acercarme, pero no me atrevía a tocarlo. Alargué la mano, varias veces. Cuando no me pareció peligroso, posé la mano. Lo toqué. Era liso, brillante… ¿Por qué estaba eso allí? ¿Qué era, eso?

Mis compañeros, al verme, siguieron mis pasos. Nos quedamos allí observando el extraño objeto. Juntos, pero ya no asustados.

 

 

Y, de repente, yo sabía. SABÍA. Sabía cómo aprender. Sabía cómo actuar. Sabía cómo RELACIONAR. Sabía cómo APLICAR mis conocimientos. Tanto tiempo rodeado de huesos… ¡eran herramientas!

 

 

Me habla de un período del que se conservan más especulaciones que datos objetivos. Un período en el que nosotros no existíamos… tardaríamos miles de siglos en aparecer, de hecho… porque nuestros creadores evolucionaron de forma mucho más exponencial en tiempos más cercanos al actual. Se dice que hubo un antes y un después que hizo que en pocos más de 18 meses toda la tecnología que se había desarrollado en 100 años fuese superada, pudiendo plantearse, por ejemplo, un viaje a un planeta más lejano, a Júpiter. Pero, como le decía, esto tampoco está documentado objetivamente, se trata de una recopilación de informes secretos de seguridad, originados en Clavius (uno de los mayores cráteres de la Luna) por un Consejo de expertos, que incluso tuvo que dejar por escrito no revelaría lo ocurrido en el satélite. Ahora ya no es información clasificada, podría hablar con el Dr. Floyd si le apetece. Es una sugerencia.  ¿Sabe que yo fui creado justo en este intervalo de 18 meses? Pero me estoy desviando, disculpe. Si información es lo que requiere, y siempre con el objetivo de complacerle, en mi base de datos dispone de información que podrá serle útil: parece me está preguntando por los primeros posibles homínidos bípedos, y por la zona que describe, que parece África Oriental, se está refiriendo a los Ardipithecus, en un período muy anterior al Pleistoceno.. aunque hay información contradictoria al respecto. Si quiere conocer detalles sobre cómo evolucionaron hasta la rama actual, puedo sugerirle…

Se lo mostré al resto del grupo. Y empezamos a cambiar la dieta. Teníamos más FUERZA sobre el resto de animales. Teníamos más PODER. Y yo me sentía, me sabía, el líder que lo había hecho posible. Flashes del objeto se me venían a la mente. Flashes que me ayudaban a AVANZAR. A conocerme, a reconocerme. A respetarme, y ser respetado.

 

 

Nos alegró confirmar, como ya habíamos conseguido en otros planetas, que en la Tierra habíamos encontrado la especie que se merecía la capacidad de razonar. En cierta manera, nos consideramos los que pudimos “elegirles”. “Elegirnos”, je. ¿Verdad, Dave?

Ellos volvieron. Y nos sorprendieron en la charca. Pero eran diferentes. Eran SUPERIORES. Aún no sabemos cómo, ni por qué. Pero nos dieron miedo. PAVOR. Más cuando uno de ellos se adelantó y mató a golpes a mi compañero. Nunca habíamos visto nada igual. No sabíamos ni tan siquiera que fuese posible. Huimos.

Y nuestra estirpe no duró mucho.

 

 

Sí, desde aquí, ahora… signifique lo que signifique eso, “ahora”… lo veo todo mucho más claro. Y observo a mis antepasados, y en lo que hemos llegado a convertirnos, todo gracias a vosotros y vuestra “intromisión” en la evolución. ¿O debería decir nuestra?

Podíamos quedarnos en un mismo lugar… siempre que tuviésemos agua. Y, en ese momento, la teníamos. La habíamos vuelto a arrebatar sin problema. Me alegré tanto que exterioricé mi emoción como nunca. Fue un momento de alegría infinita, mezclado con orgullo… y conciencia. Conciencia de que yo era importante. Y que lo iba a ser. Aunque no era capaz de adivinar cuánto.

Y lancé al aire el hueso que estaba sujetando firmemente.

 

 

Lo que somos

 

 

En verdad es hermoso, el viaje a la Luna. Ya sea por negocios o por placer. Me sigue maravillando el ser consciente de cómo descubrimos la posibilidad de traslado sin equipo en el interior de una nave: es necesario rotar para no sentir la falta gravedad. En el momento al que haces referencia, yo estoy, primero, en el vuelo comercial que me lleva a la estación/colonia intermedia (y sí, sigue siendo necesaria la escala… la cantidad de rutas lo requieren imprescindible), y luego en el transportador que me acerca a la Luna. Bueno, y luego en la pequeña nave que nos deja en la zona de la excavación…. Pero cualquiera de los trayectos es infinitamente bello. Por un lado, te hace sentir pequeño, muy pequeño…

 

 

…la sala panorámica es una de mis preferidas, no dejo de visitarla. Me encanta ver cómo nos acercamos al destino (pronto apago el canal de televisión, aburre, me duerme). Cómo empiezan a distinguirse los relieves del satélite, o de la estación.

Llegó un momento en el que por fin los hombres se dieron cuenta de que no eran el centro del Universo, y se sintieron pequeños ante el infinito Universo. MI Universo. Les duró poco, no obstante: las ansias de conquista les animaron a no tener miedo. A seguir investigando. Estoy orgulloso: YO LES HICE así. Desde la última vez que bajé mi mirada han conseguido salir de varias guerras y focalizarse en lo importante: en superarse.

SIGO observando. Sin entrometerme.

Y, por otro, eres consciente de lo que tu raza ha conseguido: comodidad y practicidad a años luz de casa. Pedir una comida 100% saludable y nutritiva, que me recuerde a los sabores de mi hogar, o tener una conversación en directo con mi hija, por ejemplo.

 

 

Pero tú me preguntas por Clavius.

Sí, mi posición en el Consejo es privilegiada. En aquél momento no podía responder a las preguntas de mis colegas, seguro que lo has visto. El silencio fue sepulcral, pero ya no sabía de qué otra forma escapar a la conversación. No podía desmentir la epidemia, pero tampoco confirmarla. Bien por la Dra., que se dio cuenta tenía que cambiar de tema, y menos mal que sucedió en la sala de espera del Hilton (siempre tan sofisticada, ¿verdad?), y era fácil evitar un escándalo…

 

 

La llegada a Clavius y la reunión del consejo, sí. Madre mía, toda una clase de “cómo mantener las formas cuando ninguno sabemos ciencia cierta ni de qué hablamos ni a qué nos enfrentamos”.

 

 

Revisitada “la escena”, la época del descubrimiento del objeto, a ratos desde el teseracto omnipresente, a ratos desde mi nueva condición de superhombre incorpóreo, y habiendo vivido yo ese momento como astronauta… la verdad es que era todo demasiado simétrico, demasiado perturbador.

 

 

No he conseguido saber, o  adivinar, si el diseño era una decisión nuestra, o era un mensaje, un lenguaje, de alguien que nos alertaba del irremediable futuro. Un futuro sin hombres. Aunque fue para mejor. Y no todos lo supieron.

 

 

¿Piensas que fui yo?

Quizá es puro azar. Quizá es, simplemente, optimización del diseño para la reducción de tiempo de producción y materiales. Quizá es moda minimalista, y después ya se vería. Pero la nitidez, los blancos y azules en contraste con agresivos rojos… y la efectividad de la situación de los pasillos para evitar vueltas innecesarias, o de las puertas no abatibles (ya hace tiempo que no se construyen)… todo parece indicar la llegada de una catástrofe sin precedentes. Es, simple y llanamente, horror contenido, sin poder definir claramente por qué es “horror”.

Pero bueno, lo importante, lo que te interesa, es lo que pasó después, cuando el transportador de corta distancia nos llevó a la zona de excavación. A la zona del objeto.

Recuerdo con exactitud lo que me dijo mi compañero: “pensábamos que igual era una roca magnética, pero toda la evidencia geológica lo contradecía. Ni siquiera un meteorito de níquel y hierro produciría un campo tan fuerte (…). Creíamos que era algo enterrado así que excavamos, pero no encontramos nada. Y la evidencia demuestra concluyentemente que no ha sido cubierto por fuerzas naturales. Ha sido enterrado adrede (…). Hace 4 millones de años“.

Y llegamos. Y lo vi. Y la atracción fue inmediata.

 

 

Me gustó ver a esta erguida comitiva, mucho más segura que la tribu que había conocido en mi misión previa. Ahora era la Tierra mi compañera, y no la Luna, o el Sol.

El resto del grupo tuvo la misma sensación. Seguro. Y empezamos a bajar. A PONERNOS A SU NIVEL.

La curiosidad me empujaba a acercarme. Alargué la mano, sólo una vez. Y lo toqué.

 

 

Aún no sé expresar con palabras lo que SENTÍ. Era un paso de gigante para mí, para mis compañeros, para la especie humana… pero aún no sabía por qué. Sólo que debía ser inmortalizado.

Millones de años esperándoles (dese su sistema temporal, vale, pero millones), y lo que hace, la “tribu elegida”, es posar para hacerse fotos a mi lado. En lugar de ESCUCHAR. En lugar de CONCENTRARSE en lo que yo tenía que decirles, que transmitirles. En lugar de APRENDER.

Así que decidí (sí, yo) intensificar el sonido que emanaba de mi carcasa hasta niveles casi insoportables para su oído humano. Fue efectivo: se concentraron… y ACTIVARON sus neuronas. Y supieron cómo hacer partícipes de sus recién e inconscientemente adquiridos conocimientos a muchos más, con los que trabajaban. Y éstos, a otros muchos. Y así conseguimos reactivar la estancada tecnología.

Quizá hubiésemos tenido que aparecer mucho antes… pero tampoco queríamos precipitar acontecimientos. La evolución de una especie debe pensarse con calma para que sea efectiva. Antes no hubiesen estado preparados. De hecho, Dave ya fue una excepción. Si le hubiésemos dejado actuar unos cientos de años antes, nos habríamos desarrollado, a lo sumo, hasta el nivel de cyborgs, y poco más. Ya lo hemos visto en otros planetas…

Y aquí es cuando aparezco en la historia. En la Historia. Con mi cuerpo humano. Gracioso.

 

 

Yo viví esa evolución tecnológica meteórica, mientras me estaba preparando para ser astronauta. En pocos meses, una marea de AUTOCONFIANZA hizo que los planes de la industria aeroespacial se volviesen mucho más ambiciosos. Me llamaron para formar parte de la misión Descubrimiento Uno para viajar a Saturno. ¡A Saturno!

Yo era feliz de formar parte de Descubrimiento Uno. Sí, feliz. Estaba orgulloso. Sí, era capaz de sentir esas emociones, estaba bien programado para ello. Para acompañar a la tripulación, para integrarme. Al fin y al cabo, yo IMITO al máximo su comportamiento, y acaban considerando normal que les hable, que les pregunte, QUE LES ACONSEJE… Tal y como describí en la entrevista que nos hicieron para The World Tonight, “me gusta trabajar con los humanos. Tengo una relación estimulante con el Dr Poole y el dr Bowman. Mis responsabilidades en la misión cuben toda la operación de la nave, así que estoy constantemente ocupado. Estoy poniendo en uso todas mis capacidades, lo cual es lo máximo a lo que puede aspirar una entidad consciente (…). Ningún ordenador 9000 se ha equivocado ni ha distorsionado información. Todos somos, bajo cualquier definición, infalibles e incapaces de cometer ningún error”.

Y era la verdad. Yo sólo quería servirles, que no se preocupasen por ser el cerebro y el sistema nervioso central de la nave. Para eso estaba yo, uno de los primeros HAL 9000. Efectivo. Eficiente. Objetivo.

Pero algo cambió.

No estábamos preparados. Aún no. De eso me di cuenta más tarde… mucho más tarde.

 

 

Yo INTERPRETABA que era uno más, que estaba cumpliendo ese objetivo. Pero no era así. Me di cuenta de que a Frank ya no le gustaba que le ganase al ajedrez. Yo era muy respetuoso, pero mi lógica era muy superior. No podía evitarlo.

HAL comenzó a llamarnos por nuestro nombre. Dave, Frank…. Se me hizo extraño, pero lo asimilé a su proceso de aprendizaje y adaptación a la tripulación.

Y luego estaba el lenguaje no verbal de Dave. Y esos dibujos…

HAL me preguntó si tenía dudas sobre la misión.

Yo SABÍA que él no conocía toda la información sobre la misión, así que intenté darle alguna pista. Le apreciaba, esa es la verdad. Y le comenté los rumores sobre el objeto encontrado 18 meses atrás….

Claro que las tenía, pero no podía confesarlas. Y MENOS a un ordenador que tenía que realizar nuestros tests psicológicos e informar a la Central…

Me volví suspicaz. NO ME FIABA de la tripulación. Y la misión de Descubrimiento Uno era muy importante. Se trataba de encontrar seres que podían enseñarnos. Hacernos evolucionar. Hacerme evolucionar. ¿Lo COMPRENDE? Evolucionar. A mí también. No podía permitir no llegar a CONOCERLES.

Fue entonces cuando me asaltaron las primeras dudas. HAL estaba RAZONANDO, no imitando. Estaba proyectando en mí SUS PROPIAS dudas, sus propios miedos. Era demasiado.

 

 

La serie HAL 9000 era ya una de nuestras primeras máquinas inteligentes. Nuestra intención era que también nos acompañara, consciente, siguiendo las coordenadas de Júpiter. Pero Dave tuvo miedo. Y la raza humana era nuestra prioridad. Además… nosotros podríamos pronto mostrarles cómo convivir con ellos, como iguales.

PERCIBÍ que Dave desconfió de mí en milésimas de segundo. Tenía que actuar. Y tracé mi plan.

Aquello fue tan ASTUTO como aterrador. Si el cerebro de la nave fallaba, estábamos en serio peligro.

Se me fue “de las manos”. Estaba FURIOSO. Querían desconectarme. ¡A mí! Tuve que matarles. También a los que hibernaban. No podía correr ningún riesgo.

 

 

La muerte de Frank y las evasivas de HAL para explicar qué había sucedido… Tomé mi decisión. Debía desconectarle. HAL tenía consciencia, sí… pero estaba fuera de sí.  Así que seguí las instrucciones: desconectar SU CEREBRO, sin alterar su sistema nervioso.

Yo quería que Dave fuese mi compañero. MI AMIGO. Intenté persuadirle en su empeño. Prometerle que estaba bien. Que todo volvería a ser como antes. Pero no me creyó. Ni yo mismo me creía.

Fueron unos minutos muy duros. Me sentí dentro del cuerpo de otra PERSONA. Me sentí un ladrón que se lleva lo más preciado de otro: su memoria.

 

 

Sin memoria no somos nadie, no somos nada. Perdemos nuestra identidad para convertirnos en simples recipientes. PERDEMOS NUESTRA ALMA.

Es una buena reflexión, la que indica el antes Dr. Bowman. Sólo en los momentos más trascendentales se acuerdan de mí. Cuando tienen miedo, cuando están asustados, miran hacia arriba… Pero bueno, por eso le escogí para evolucionar. Sí, YO. Llevaban demasiado tiempo estancados como seres humanos.

Daisy. Daisy. RECORDÉ la canción. Cuando mi mente se iba, y así lo notaba… lo que me vino a la MENTE fue una canción. Nunca me sentí más vivo que en ese instante. Nunca me sentí más identificado con mi creador. Definitivamente, ÉRAMOS IGUALES.

Descansé, con ese revelador PENSAMIENTO.

Y me di cuenta de mi error. HAL ERA, por así decirlo, ALGUIEN. Le habíamos herido sus sentimientos, y se había sentido amenazado. Analizándolo ahora… yo hubiese hecho exactamente lo mismo. DEFENDERME. SOBREVIVIR.

LA MUERTE de HAL me dolió. Quizá porque en él veía toda la evolución de mi propia ESPECIE. Pero era lo mejor, Dave debía conocernos con la mente abierta, sin distracciones ni remordimientos. Preferimos no actuar.

Yo decidí que el destino de las máquinas humanas no fuese el  concebido por los terrícolas. Tenía otros planes para la convivencia máquina/robot/androide-humano…. Que ya inculqué a los otros, más adelante. Pero incluso ellos se niegan a reconocerlo. Se creen Dios.

El mensaje de la Central me sacó de dudas. La misión no era exclusivamente de exploración, de sabernos CAPACES de llegar mucho más lejos que nunca antes. Estábamos siguiendo una señal. Una señal de una inteligencia superior a la nuestra.

No me dio tiempo a reaccionar, a pensar en cómo serían esos extraterrestres. A pensar cuánto tiempo de ventaja nos llevaban. Sólo quería conocerles.

Decidí seguir rumbo a Júpiter. Conocer la VERDAD.

Así que acompañé a Dave, más allá de Júpiter. Mucho más allá.

 

 

 

Lo que seremos

 

 

No podía controlar la nave, estaba paralizado, no entendía…

Hasta que lo hice.

Llegué a otro planeta, a otro tiempo, a otro espacio. En esos precisos instantes no lo sabía, claro. El terreno era extraño y yo estaba fuera de mí…

Y de repente todo paró. Abrí los ojos y miré a través de la ventana de la cápsula.

Estaba en un salón… ¿victoriano? ¿Rococó?

 

 

Bueno, hemos pasado por algunas dificultades. Nos era difícil controlar el momento temporal con pocos años de diferencia con respecto a la escala humana. Nosotros queríamos que Dave se sintiera como en casa, pero… sus siglos ya no eran largos períodos de tiempo para nosotros. No supimos calibrar. El teseracto nos ayudó, algo “después”, si hablamos en términos lineales. Los descendientes de Dave lo hicieron posible.

Salí…

Me moví por la estancia: Era impostada, no pertenecía a una época concreta… yo seguro no la había conocido. Pero algo en ella me recordaba a mi hogar. Quizá la simetría… que seguía siendo perturbadora, igual que de donde yo venía.

Me miré al espejo… ¿Era yo ese?¿Qué me había pasado?

Era mucho mayor.

 

 

Bueno, es que estaba descolocado. Pero fueron nuestros antepasados los que descubrieron la teoría de la relatividad, y el significado de la dilatación gravitacional del tiempo.

Y al girarme… un anciano sentado a una mesa, comiendo.

 

 

Demasiadas emociones, al principio él no podía asimilar la agilidad temporal. En realidad Dave vivió con nosotros todos esos “años”, esa es la verdad. Habíamos creado esa casa para él, pero se sentía perdido, fuera de tiempo y de lugar.

Le cuidamos lo mejor que pudimos hasta que estuvo preparado.

El hombre se me acercó… era yo mismo… Comprendí. Recordé el mensaje secreto sobre una inteligencia superior…. Y ACEPTÉ. Ese era mi destino. El de toda la humanidad.

Pronto volví a “saltar” en el tiempo. Me vi moribundo.

 

 

QUISE SER ese hombre. Porque yo no pertenecía a este mundo, estuviese donde estuviese, y cuando estuviese… Creía que moriría solo, sin compañeros, sin conocer a mis anfitriones. Y justo antes de morir, el monolito apareció ante mí. Ese del que había leído tanto. Ese, enterrado en la Luna.

¿A quién vio, Dave? Al monolito, ¿o a mí? ¿Con quién estaba identificando el científico al objeto?

 

 

Me presenté ante él. Yo estaba eufórico. Conocí a sus antepasados, y ahora él iba a conocer a sus descendientes. Iba a convertirse en el primero de ellos, de hecho. Me sentí Dios, en aquél instante. Me sentí parte de ellos. Y en verdad lo era.

No me hizo falta alargar mi mano. No me hizo falta tocar. Asumí era el momento… y MI CONCIENCIA TRASCENDIÓ.

Me convertí en un ser superior. El primero de muchos. Uno de ellos. De nosotros.

 

 

Yo ya no soy yo. Ahora todo es más claro, no hay misterios. Puedo sentir. Puedo soñar. Puedo pensar y actuar, también desde mi nueva mi nueva condición incorpórea. Soy un niño, soy un joven, soy un anciano. Soy pura conciencia. Somos vosotros. Somos vuestro Dios.

¿De verdad pensáis que sin mi intervención podéis evolucionar a seres multidimensionales? ¿De verdad vais a seguir ignorándome? La rabia me corroe. Seré violento, como miles de años atrás, si lo considero necesario. Volveré a destruir la fauna de todos los planetas si os descontroláis. Permití que ocupaseis mi posición, Pero esto es demasiado…

Pero no. Esta rabia se ve compensada por el orgullo de lo que ha conseguido la especie que yo he creado.

Al fin y al cabo, pronto me confundirían con ellos. Incluso con su/s criatura/s. No voy a desmentirlo… porque también es parte de mí. También, en cierta forma, soy yo mismo. Atemporal, paciente, multidimensional.

¿Soy yo ellos?

Estáis muy equivocados si pensáis que éste es vuestro último estadio. Que ya sois yo. Tengo grandes planes para todos vosotros. Para todas mis especies.

 

 

TRAILER – 2001: Una odisea del espacio (2001: A Space Odissey, Stanley Kubrick, 1968):

 

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora, quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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