#Sitges2018N4 (desesperación)

#Sitges2018N4, Desesperación: de neurocirugía, barcos a la deriva, ansias de volar y entonación de un mea culpa a sotto voce

 

I Think We’re Alone Now (Íd., Reed Morano, USA, 2018, SOFC)
Human, Space, Time and Human (Íd., Kim Ki-duk, Corea del Sur, 2018, Noves Visions)
Spirits of the Air, Gremlins of the Clouds (Íd., Alex Proyas, Australia, 1989, 7CH)
The House that Jack Built (Íd., Lars Von Trier, Dinamarca/Suecia/Francia, 2018, SOFfC)

 

Hace unas semanas se estrenaba en cines El reverendo (First Reformed, Paul Schrader, 2017), film en el que un religioso, tras conocer a un activista medioambiental y comenzar a investigar, y descubrir, todo lo que las altas instituciones y empresas de nuestra capitalista y “avanzada” sociedad han dejado de hacer para evitar un problema ya irresoluble (léase la destrucción de la Tierra), acababa sumido en la desesperación personal.

La desesperación de no disponer de la fuerza necesaria, como individuo, para enmendar los errores de otros.

¿De otros?

A veces uno es demasiado orgulloso para aceptar que se ha equivocado, y entonces…

Quizá lo único que nos queda es mezclarnos con todos los que miran hacia otro lado.
Quizá lo único que nos queda es pensar en que el ser humano será capaz de construir un nuevo mundo
Quizá lo único que nos queda intentar salir de nuestra particular situación.
Quizá lo único que nos queda es el amor.

 

Palm Springs, el paraíso del que no quiere sufrir

 

I Think We’re Alone Now

 

Del está solo en su barrio, en su ciudad, en su mundo. Hace unos meses toda la población murió de repente. Se dedica a limpiar las casas, enterrar los cadáveres, y salvaguardar los libros que encuentra en la biblioteca, lugar en el que trabajaba. Guarda las fotos de las familias que encuentra en los pisos, se acuerda de sus historias a través del conocimiento de sus gustos literarios.

Del es un enano que siempre se ha sentido solo, aunque estuviese rodeado de muchas personas. Del ya no está desesperado. Ese sentimiento lo superó hace años. Así que ahora, tras el Apocalipsis… básicamente sigue su vida. Hasta que se topa con Grace. Otra superviviente.

I Think We’re Alone Now es de esos films pequeños y modestos que esconden una gran historia. Una gran bofetada, de hecho.

A base de contrastes (el físico y carácter de los dos supervivientes que se complementan a la perfección – unos Peter Dinklage y Elle Fanning en estado de gracia – por encima de todo, pero también por las calles vacías en comparación con los mensajes de bienvenida de los carteles de las tiendas abandonadas, o por la claridad del exterior en contraste con la putrefacción del interior de las casas, por ejemplo), el film de género apocalíptico se centra en la inicialmente forzada convivencia del hombre y la niña, para acabar derivando en toda una lección social en la que se sumerge al espectador sin aviso, encontrándose ante la realidad que plantea tras haber sido sutilmente engañado, dejándose llevar por el día a día de la pareja protagonista. Dejándose llevar por la empatía que podríamos sentir por dos seres que se quedan solos en el mundo. Por dos marginados. Uno por la sociedad, por no ser “normal”, y otra por ella misma, por representar todo lo que cualquier persona desea ser: joven guapa, alegre.

Así que el realismo que impregna todas las escenas de esta distopía paralela a nuestros días acaba abocado en la ¿exageración? de un barrio de Palm Springs. Un barrio que ya existe. Un barrio en el que muchos se refugian, y se sienten felices. O eso dicen. O eso creen.

Abandonar la desesperación. No sufrir. No pensar más allá de uno mismo. ¿Acaso es reprochable en un mundo que, sabemos, se va al traste por nuestra culpa? Kim Ki-duk analiza la sociedad actual… y opina sobre lo que ve.

 

Un barco lleno de inocencia, maldad, y ansias de supervivencia

 

Human, Space, Time and Human

 

A medida que avanza Human, Space, Time and Human es imposible no recordar High-Rise (Íd., Ben Wheatley, 2015), e incluso Snowpiercer (Íd., Joon-ho Bong, 2013). Y la comparativa no le hace un gran favor a Kim Ki-duk…

El guionista y director emplaza en lo que parece un crucero de placer en un barco, y no es baladí, de la Segunda Guerra Mundial (y confinados entre sus decorados nos encontraremos durante todo el metraje) a un senador y su hijo, a un grupo de gangsters, a una panda de pillos adolescentes, a unas prostitutas, a un par de parejas de novios… Es decir, a una representación proporcionada de todos los estratos de una sociedad: con diferente cultura, intereses y carácter.

Las diferencias pronto se dejan notar: el senador y su hijo duermen en un camarote de lujo, y disfrutan de una comida gourmet. En la sociedad actual, Kim Ki-duk evidencia que parte de ella es ya capaz de rebelarse contra las injusticias, exigiendo sus derechos.

El problema está en que el poder, siempre, acaba ganando la partida… también en su film, claro.

Los acontecimientos se suceden de forma exponencial, llevando al extremo las motivaciones de cada integrante del grupo. Violaciones en grupo a las inocentes chicas son sucedidas por la desesperación de haberse perdido “en el espacio”, y de que la comida comience a escasear… hasta que el director termina por demostrar de qué es capaz el hombre.

El hombre, no la mujer.
Incluso el que inicialmente puede parecer una bellísima persona.

Porque si algo se destaca en el film es la defensa de la mujer, y su papel en la sociedad: procrear. El enfoque provoca cierta dicotomía en el planteamiento, ya que a veces parece se exalte la fertilidad y posibilidad de mantener la especie como alabanza, y otras como si se tratase de su obligación (ese anciano que ata las manos a la mujer para quedo pueda golpearse el vientre…). Es posible tenga que ver con la cultura oriental, y el envejecimiento de su población…pero varios films de Sitges 2018 exaltan o que ya parece temática propagandística (Mirai, Maquia…). En cualquier caso, el concepto de procrear, de dar vida, es la base de Human, Space, Time and Human. Una vida cíclica.

El ser humano es como es. Afortunadamente existe un abanico de personalidades que, en situaciones normales, equilibran la convivencia entre personas, y también entre/con animales, y flora.

Mientras exista la vida, existirá el ser humano, y su dualidad bien/mal… aquí acentuada por una madre y un hijo que deben crear una nueva Tierra. Nuestra Tierra. La misma que habitamos. La actual.

En la web del Festival de Sitges se indica que la intención de Kim Ki-duk es crear una alegoría “con la intención de dejar de odiar a la especie humana”. Curioso. Estoy convencida de que muchos no vemos ese mensaje. O sí, pero no tanto por la belleza de su existencia, sino por todo lo contrario: proque, en realidad, no podemos hacer nada por cambiar. Nos pasa como al reverendo de Schrader: observar lo que hacemos nos lleva a la desesperación de querer hacer algo al respecto. Pero… ¿el qué?

Quizá debamos ser más egoístas. Quizá debamos plantearnos el saber volar. Abandonar nuestras preocupaciones. Ir a Palm Springs o…

 

La ansiada libertad, la terrible verdad

 

Spirits of the Air, gremlins of the Clouds

 

Otra distopía como la de I Think We’re Alone Now, esta vez mucho más filosófica, es la que encontramos en Spirits of the Air, Gremlins of the Clouds, opera prima de Alex Proyas que… es una verdadera delicia.

Un extranjero llega a una granja que habitan dos hermanos. Él, parapléjico, sueña con salir de allí: crear una máquina que pueda volar, sobrepasando las altas montañas desérticas que le separan de una civilización que desconoce. Ella, ferviente beata, no quiere ni oír hablar de abandonar su hogar: todo lo que hay y viene de fuera es pecado mortal.

Proyas nos sitúa en un mundo apocalíptico con estética Mad Max… pero únicamente en su exterior. Colores tierra, puestas de sol eternas contrastan con el interior del hogar de los hermanos: un lúgubre y estrecho paraje lleno de crucifijos que recuerdan constantemente el miedo a salirse de las autoimpuestas normas. Cada hermano culpa al otro de estar loco, y el forastero… bueno, entra fácilmente en el juego.

El director construía unas imágenes en las que la perspectiva acentuada, imposible, es el foco del interior de la cabaña. Decía el propio Proyas en el Q&A que alguna imagen es un homenaje directo a los films de Sergio Leone (los tres comiendo desesperadamente y en primer plano las judías), pero es bien cierto que la desquiciada mirada que aporta, acompañada de una puesta en escena con elementos muy cercanos al steam-punk y acentuada por las exageradas interpretaciones de los tres protagonistas, puede considerarse propia del autor. El exterior, en cambio, es completamente abierto a la profundidad de campo y planos panorámicos: es este contraste el que ayuda al espectador a percibir con mayor ahínco las ansias del hermano de abandonar el paraje. Y las casi dos horas del film giran en torno a la prueba y error del aparato que construye con la ayuda del forastero. Tampoco esto es baladí: es un reflejo del pensamiento de los tres personajes, y en concreto, claro, del hermano… dándole vueltas a lo que desea hacer con su vida:

Librarse de las ataduras familiares y las consecuentes responsabilidades. Conocer otra realidad. Huir. Volar. Desaparecer.

Pero el amor le ata a su hermana. Seguramente también el miedo a lo desconocido. Y la desesperación por poder ver cumplido su objetivo se traduce, en este caso, en la agradable resignación de saber que hubiese sido posible. En una autopermitida redención.

Como la de Lars Von Trier.

 

Mi obra, mi legado, ¿mi disculpa?

 

The House that Jack Built

 

The House that Jack Built es una obra maestra. Otra del director. Con una estructura similar a la de Nymphomaniac (2013), dividida en cinco actos y un epílogo, Von Trier presenta los asesinatos random de un asesino en serie que abarcan doce años de su vida mientras, voz en off, los confiesa a lo que parece su terapeuta.

Pero, com siempre con Von Trier, nada es lo que parece….

El controvertido realizador ha querido pedir perdón. Echar la vista atrás, recordar cómo ha conseguido llevar adelante su obra (sus “asesinatos”/films, su “casa”/filmografía) a base de sobrevalorarse a sí mismo y menospreciar a los demás. Su obra, que reconoce abiertamente, en boca de un Matt Dillon impresionante en la interpretación de Jack/Von Trier, es excelente. “Soy más elocuente, más inteligente, más…”, nos señala, también, intercalando en las escenas a un Jack que va pasando carteles con todas estas frases, apoyado en un coche, desenfadado y altivo…

No es la primera vez que Von Trier habla de sí mismo en un film para demostrarnos cómo es él en realidad, o al menos cómo se ve a sí mismo. Recordemos aquella maravillosa excentricidad que es Erik Nietzsche (De unge år: Erik Nietzsche sagaen del 1, Jacob Thuesen, 2007), cuyo guión firma Von Trier, centrado en la figura de joven aspirante a cineasta que “luce una máscara de superioridad y arrogancia demasiado visible para poder esconderla, o deshacerse de ella.”, tal y como escribía, yo misma y hace unos años, sobre el film, y sobre la personalidad que se aplicaba Von Trier.

El film de Thuesen lo utilizó Von Trier para reírse d eso que le criticaban. Pero en The House That Jack Built encontramos a un cineasta mucho más maduro, que se atreve a enfrentarse a los errores de su pasado. No sin cierto cinismo, por supuesto. No sería Von Trier. Los “asesinatos” que rebela son tan cómicos como realistas a la hora de llevarlos a la gran pantalla. Era necesario: hacer sufrir al espectador, igual que él lo está haciendo al presentar su memoria, sus sentimientos. Porque puede no parecerlo, pero realmente lo hace. Sufre, y se expone al espectador. No le gusta hacerlo, ya lo dice en el “segundo incidente”. Le pone nervioso. Pero lo hace y… la empatía nos invade, a la vez que las carcajadas.

Parece que en algunos casos se arrepiente de sus actos. En otro muchos, no. Qué más da. Al menos los confiesa. Se autoanaliza. Y decide debe acabar en el infierno. Eso sí… ha intentado zafarse hasta el último momento. Autojustificarse. No puede evitar incluir alguna pataleta, como la de filmar una personal (auto)discusión entre Jack y Verge sobre si alguna de las mayores atrocidades llevadas a cabo por el ser humano (los aviones Stuka, por ejemplo) pueden considerarse iconos. O el imponer su punto de vista en cuanto al “maltrato” al hombre sobre la mujer por parte de la sociedad en cuanto a violencia de género. Pero es un mal menor. Si no patalease no sería quien es. Y no hubiese llegado donde está. Ya lo filma, que no dice, claramente.

Y es curioso: esta confesión también nos hace pensar en el fuero interno del director. En lo desesperado que ha podido sentirse para tener que exponerse así, y de la mejor forma que sabe hacerlo: rodando una película que le represente tal y como es.

Quizá Von Trier tiene ganas de volar, como el hermano de Spirits of the Air, Gremlins of the Clouds. Y nos pide ayuda a nosotros, forasteros espectadores, para conseguirlo… aunque finalmente seamos nosotros los que disfrutemos de su confesión, y él tenga la “obligación“ de seguir siendo como es, quedándose en la granja y construyendo más pisos en esa casa que es su filmografía. Su vida. Nuestro deleite personal.

 

TRAILER – I Think We’re Alone Now:

 

CLIP – Human, Space, Time and Human:

 

TRAILER – Spirits of Air, Gremlins of the Clouds:

 

TRAILER – The House that Jack Built:

 

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora, quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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