The Endless (#Sitges2017N6)

The Endless: bucles familiares, familia atemporal (#Sitges2017N6)

 

“Especialista en aumentar la tensión,
tanto si callas como si hablas por dos
todas tus frases siempre acaban con
cuestiones de familia que
se evitan una y otra vez.”

Extrato de Cuestiones de família (1999, Love of Lesbian, 2009)

 

Si a veces, por vergüenza, o simple no aceptación de la realidad, no es fácil reconocerse a uno mismo algunas de las emociones sentidas… qué decir de explicárselas ya no a amigos, que tampoco, sino a tus hermanos, o a tus padres.

Las reservas siempre están ahí. La autocensura. La falsa percepción de que si no lo revelo… no existe.

Esa actitud traspasa el campo emocional, claro. Así que ya no únicamente no quieres que los demás vean que sientes dudas, o que en más ocasiones de las que te gusta admitir estás a punto de derrumbarte… comienzas a comportarte distinto para esconder ese “secreto”, esa (auto)mentira.

Mejor no dar pie a ello, ni explicando cómo te ha ido el día.

Y entonces, entras en un bucle, en el que tus días parecen eternos o ínfimos… pero siempre son iguales. Iguales.
Intentas cambiar alguna acción, pero no lo consigues. Siguen siendo iguales.

Iguales. Iguales.

Hasta que decides, si lo haces, abrirte a los tuyos.

Y te darás cuenta de que ellos están sufriendo. Igual que tú.

No lo parece, pero The Endless pone en escena precisamente esta reflexión. En formato sci-fi, eso sí.

 

 

Disfrazada de thriller sobre sectas (línea argumental que también permite sacar varias conclusiones, y entre ellas una vertiente poco vista en este tipo de films – que se inste al espectador a no prejuzgar innecesariamente), The Endless avanza dando giros inesperados hacia bucles temporales, extraterrestres endiosados y seres humanos resignados. Y todo con un muy bajo presupuesto, suplido con mucha imaginación.

Porque recursos no económicos no le faltan: en The Endless lo más llamativo es la composición de la historia, y cómo han conseguido articularla gracias a efectos simples: que nunca veamos al monstruo es uno de sus grandes aciertos. ¿Para qué mostrarlo si es más efectivo que cada espectador se lo imagine como desea? Y, más importante… ¿qué es el monstruo, ese gran “misterio desconocido” tan temido que no acaba de explicarse para tranquilizar al espectador?

La forma de presentarlo (comunicándose a través de caduca tecnología humana) da pie a la necesaria doble interpretación: el monstruo son nuestros secretos, nuestros autoengaños, que a veces ganan y quedan soterrados, y a veces nos sobrepasan. Planos como los del juego de la cuerda, o los de mirada subjetiva para mostrar la vigilancia de este “ser superior”/miedos personales ayudan a resaltar esta idea.

 

 

Y aunque sí, es verdad que encontramos varios fallos en su propuesta, siendo el mayor de ellos el concepto de “reseteo” (si un espacio-tiempo se reinicia, todo debería cambiar… así que el protagonista no podría encontrar un cuerpo sin vida y al lado a la persona viva a la vez, por ejemplo), es peccata minuta: ¿cómo vamos a reprochar este tipo de errores a un film que mezcla géneros y tendencias generacionales (entre ellas la comedia tipo drinking buddies) para denunciar la necesidad de hablar con la familia y mostrarse tal y como se es, sin miedo a exponerse? ¿Y cómo vamos a criticar que alguna gran idea no quede bien resuelta, si el film puede ser tan entretenido para quien busque la tensión con el suspense extraterrestre, como reflexivo para el que salga con ganas de hablar con su familia y cambiar sus hábitos, o pensar, al menos, sobre qué está haciendo con su vida?

El cierre puede tildarse de sensiblero e innecesario únicamente para los que no acepten el trasfondo personal del film. Para el resto, es un broche que no molesta. Y para todos, debería ser uno de los films top de este Sitges 2017.

 

TRAILER: The Endless (Íd., Justin Benson, Aaron Moorhead, 2017)

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Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro 'Steampunk Cinema' (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013) y 'El amor en 100 películas' (Ed. Arkadin, 2019). Ahora, quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

2 thoughts on “The Endless (#Sitges2017N6)”

  1. Para alguien que ha estado “enganchado” a las drogas, la alegoría es más que evidente… la disputa entre los dos hermanos no es más que la guerra que uno mismo tiene en su interior… uno que tira por salir de ese mundo, y el otro prefiere quedarse en “el campamento”… ése mundo irreal en el que nada importa un carajo, y que todos los días consisten en lo mismo (conseguir pasta para “colocarse” al día siguiente… [de ahí el primer bucle del guión])… pero ese mundo resulta tan plácido, cómodo y seductor que a una parte del interior de esa dualidad (digamos hermanos) prefiere quedarse en él. Es más que patente que desde afuera y desde dentro de esa supuesta burbuja de realidad que suponen el consumo de drogas, no se ve la parte contraria… es decir, que uno no ve lo que no quiere ver…
    También existen varias metáforas más, como la de la cuerda, que es el sentirte atado a algo sin saber el por qué… por qué tira de ti… por qué te arrastra o te dejas arrastrar por ello. O la del “ser supremo que controla todo”, que no es más que la necesidad irracional de continuar consumiendo drogas día tras día, como si una “fuerza superior” te obligara a ello y la dirección de tu propia vida no está bajo tu control, sino por los designios de “un ser superior externo a ti”… que no es otra cosa del día a día de los adictos.
    Al respecto del supuesto “monstruo” (para alguien que lo haya experimentado), es el irremediable pozo al que algunos nos hemos visto abocados, al que temes… que te asusta… y que queremos evitar de cualquier modo posible. Enlazando con ésto, conectamos con el “segundo bucle” que, para mí, es la parte esencial de la película. Cuando se desgrana que “lleva 10 años sin pisar por el ´campamento´”, es fácil presumir que, tras 10 años limpio de drogas, y con la tentación que a un adicto le suponen su consumo, se replantée el volver al “campamento”, ésto es, al mismo agujero de consumo de sustancias del que con anterioridad había salido. Éste es el “late motiv” de la historia… la lucha que una persona tiene consigo mismo en cuanto cómo desea afrontar su propia vida… si desea seguir viviendo en la “realidad maquillada y esclava” de las drogas o prefiere vivir en la “cruda realidad”, casi tanto o más esclava que la anterior citada, pero más dura. Ése es el bucle esencial del film… el volver una y otra vez a lo mismo… lo que suponen las recaídas, porque básicamente vuelves una y otra vez a lo mismo… día tras otro… nada cambia…
    Así pues, al final de la película, las dos partes de esta historia que, en realidad, forman parte de uno mismo, se reconcilian puesto que una acepta a la otra tal y como es, con sus virtudes y sus defectos… de tal manera que hasta la parte más racional cede la conducción del vehículo (léase “la vida”) a su parte más irracional, por lo que queda en paz consigo mismo.
    En resumidas cuentas, el poso que me queda tras verla es que cada no de nosotros tenemos nuestro propio bucle, nuestra propia manera de ver la vida, que hay luchar contra nuestros miedos y, por encima de todo, que no se puede pretender obtener resultados distintos haciendo siempre lo mismo, una y otra vez… el bucle, vaya.
    P.D.: No me he fumado nada a la hora de ver esta película. Gracias y un saludo.

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