A Ghost Story (#Sitges2017N7)

A Ghost Story: melancólico infinito (#Sitges2017N7)

 

“I’ve seen things you people wouldn’t believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched C-beams glitter in the dark near the Tannhauser gate. All those moments will be lost in time… like tears in rain… Time to die.”

Blade Runner (Íd., Ridley Scott, 1982)

 

 

En la última escena de The Farthest (Íd., Emer Reynolds, 2017), vista también en este Sitges 2017, se muestra cómo un Carl Sagan pletórico mostraba a la prensa la última imagen captada por la Voyager: una imagen de la Tierra. Un brillante punto. Pequeño, pequeñísimo, entre la inmensidad del espacio. Y centrado en un rayo de luz.

 

The Fasthest

 

El propio científico explicaba, en esa presentación, que la fotografía era una gran metáfora sobre la raza humana: no sabemos si estamos solos, pero sí sabemos que formamos parte de algo enorme, completamente desconocido… y tenemos la voluntad de conquistarlo.

El por qué existimos, el por qué actuamos como lo hacemos, el por qué nos unen vínculos con otras personas más allá de su muerte, y quizá de la nuestra, son algunas de las preguntas que no paramos de repetirnos. Y seguramente nunca conoceremos su respuesta.

Al menos con vida.

Pero está dentro de nuestra naturaleza, de nuestro ADN, el seguir intentando encontrarla.

De hecho, esa respuesta algunos ya la han encontrado o, al menos, le han dado forma suficiente como para quedarse satisfechos:

Existimos gracias a un Ser Supremo que nos ha creado;

El tiempo es una dimensión no lineal y, por tanto, existen tantos yo como posibilidades tengo de escoger en cada micro-decisión que debo plantearme en mi vida, o

Haga lo que haga, siempre terminará igual, es cosa del Destino;

Este estado de carne y hueso es una transición, somos pura energía, “vivimos” eternamente, como seres humanos, como espíritus en otro plano espacio-temporal, reencarnándonos en pájaros….

Lo que haga falta, para no pensar que esta vida no tiene ningún sentido.

Así que, puestos a “demostrar” que hay vida después de la muerte… qué mejor forma que hacerlo de la forma más poética y evocadora posible. Y David Bowery lo ha conseguido. A Ghost Story es un film en el que la sencillez de su planteamiento la consagra como uno de los mejores films sobre la transcendencia humana que se ha podido ver en cines en muchos años.

 

 

El planteamiento es simple: C muere en un accidente de coche, y su fantasma vuelve a la casa que comparte con M. Una casa, un espacio, al que siente un apego especial, no sabe muy bien por qué.

M se queda sola, e intenta superar como puede la muerte de su pareja. Pero el tiempo todo lo cura, y M acabará dejando la casa para avanzar con su propia vida. C, por contra, se queda…. y verá cómo pasa el tiempo, cómo cambian las cosas, durante años, y años. Y años….


El dolor de M, el dolor de C, se plasman en cada escena de A Ghost Story. Los planos, lentos y bellísimos, marcan a fuego en el espectador la importancia de valorar el día a día, de no forzar situaciones, de dejarse llevar y no autoimponerse responsabilidades que nadie nos ha pedido.


Y todo ello a base de ver comer una tarta, o de ver cómo el leer una nota escondida en una pared se convierte en un hito eterno, con una maravillosa recompensa. El paso del tiempo, lineal y hacia el futuro, y su relatividad para el que ya le da igual, se filman de la forma más sencilla y efectiva posible: por la casa pasan familias, estudiantes y excavadoras que dan lugar a rascacielos infinitos… como lo es la no-vida de C. Y el paso del tiempo, lineal y hacia el pasado, demuestra que si no se hubiesen conquistado esas tierras por los inmigrantes europeos, quizá nunca C y M hubiesen llegado a vivir allá.

Quizá ni tan siquiera hubiesen nacido.

Al menos, en una linea espacio-temporal.

De esta forma, destino y libre albedrío se entremezclan en la propuesta del film, demostrando que da igual que sea uno u otro el que rige nuestra vida, nuestro pequeño y particular universo. La escena en la que un joven estudiante realiza el monólogo más punzante (y a la vez hermoso) sobre la necesidad de escribir o no un libro para ser recordado es el colofón a esta propuesta: ¿Qué más da, si con los años, diez o cien, nadie se acordará de nosotros?

Y esta reflexión, también, se mezcla en nuestra mente con la de Marjorie Prime (Íd., Michael Almereyda, 2017): ¿es mejor ser recordado como quien no se fue, o no ser recordado en absoluto?

 

Lógicamente, el cuestionamiento sobre la existencia de Dios también tiene cabida, a su manera, en A Ghost Story. Y la existencia del mundo espiritual, por supuesto. Parece que Lowery se lo toma como un juego (no hay más que ver la “explicación” que se da al por qué hay personas que pueden ver volar objetos en su casa y creer que habitan fantasmas en ella), pero en verdad cree profundamente en él y en su explicación: lo muestra con una melancólica comicidad, pero… ¿hay algo más enternecedor en el film que las conversaciones entre los fantasmas vecinos?

Esperar al que ya se ha ido, mantener la esperanza en que éste se acuerde de nosotros, que ya “no somos”, y nos siga queriendo…

Quedarnos en la Tierra ignorando el supuesto portal que nos lleva a una también supuesta mejor “vida”. Esperando, apegados a un recuerdo que ya no nos pertenece.

La tristeza del que ellos avancen y nosotros, muertos, ya no. Cuando, en realidad, deberíamos sentirnos orgullosos de ello.

Y, esa nota, esa eterna nota. La eternidad escrita en un trocito de papel que se convierte en el centro de C. En el centro de todo. En LA respuesta.

Por si la descrita sensibilidad otorgada a cada concepto a través de cada plano que condensa una puesta en escena perfecta (C siempre en el encuadre, testigo de un presente que ya es pasado – ¿a nadie le recuerda constantemente el film a esta imagen de A dos metros bajo tierraSix Feet Under, Alan Ball, 2001- 2005- en el que el hermano mayor susurra “You can’t take a picture of this. It’s already gone”?) no es suficiente para convencer de la necesidad del visitando de A Ghost Story; o tampoco que se toque, sin confirmar ni desmentir, también en cada plano el tema de la integración científico-física y religioso-espiritual… El film marca a fuego su propuesta también con una banda sonora tan evocadora como las imágenes a las que acompaña, aderezada, además y en concreto, con  una canción, LA canción, que inevitablemente se convierte en la BSO de toda una generación que representa, por ella misma y pro su forma de actuar, las dudas planteadas al inicio de este texto: ‘I Get Overwhelmed’, de Dark Rooms.

Y así nos deja A Ghost Story. Overwhelmed. Abrumados. Sobrepasados.

 

TRAILER: A Ghost Story (Íd., David Lowery, 2017):

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y miembro de la ACCEC (Asociación de Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora cofunda Probeta para ampliar con actividades culturales esa visión de que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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