#Sitges2016N4 (monstruos, y sentimientos)

#Sitges2016N4: Sirenas o kaijus, vampiros o zombies. Y  psicópatas, mucho psicópata…

 

Colossal (Nacho Vigalondo, 2016, Canadá, Oficial Fantàstic – Sessions Especials)
The Lure (Agnieszka Smoczynska, 2015, Polonia, Oficial Fantàstic Competició)
The Transfiguration (Michael O’Shea, 2016, EEUU, Noves Visions One)
Pet (Carles Torrens, 2016, España/EEUU, Oficial Fantàstic Competició)
The Eyes of my Mother  (Nicolas Pesce, 2016, EEUU, Noves Visions One)

 

Que todos llevamos un monstruo dentro no es ningún tópico, ni una afirmación que pueda sorprendernos. Lo importante es saber que ese monstruo no puede dominar nuestras decisiones ni nuestra forma cotidiana de actuar, sino que es un porcentaje de nosotros que, simplemente, nos ayuda a salir adelante en situaciones difíciles. El monstruo es, y se alimenta, de emociones. Pero no debe llegar a hacerlo de sentimientos. Porque si llega a hacerlo… entra en juego nuestro propio equilibrio mental.

#Sitges2016N4 se centra en varios films de esta edición Sitges 2016 que hablan de nuestro monstruo interior. Algunos lo idolatran, otros nos ayudan a restar importancia a alguno de sus actos. Y todos ensalzan la bondad intrínseca del que lo acarrea…

El monstruo de Colossal es tan letal como entrañable. Vigalondo da fisicidad a las emociones de su protagonista, y las transforma en un enorme kaiju que no deja de ser ese otro yo que a veces se apodera de nosotros.

De esta manera, algunas personas se identifican con un monstruo casi irreconocible, por lo poco que se deja ver, o por las pocas (malas) experiencias vividas. Otras en cambio, y más en esta nuestra generación de treintaymuchos, lo tenemos ya de varios metros de altura… Nuestro monstruo, muy posiblemente, sea la constatación de que no nos han enseñado a lidiar con estos nuestros problemas de niños de primer mundo. Hacemos un drama de cualquier pequeñez. O quizá, como en el film, no supimos enfrentarnos a la situación en el momento adecuado, y hemos estado alimentando de rencor, rabia y, sobre todo, infantilismo, a este nuestro monstruo interior… Pero pod(r)emos manejarlo, tal y como nos muestra el director.

 

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Colossal

 

Con un formato completamente diferente (aunque también se sirve de la mezcla de géneros para potenciar su propuesta) encontramos The Lure, el sorprendente musical ambientado a finales de los setenta que, al contrario de la comedia fantástica de Vigalondo, le da la vuelta a la propuesta y prefiere hablar del bondadoso “yo interior” de los monstruos. Unos monstruos, ahora, mitológicos: las atractivas sirenas.

Así que a modo de fábula kitsch (la estética del film divierte a la vez que desconcierta) que enlaza imposibles melodías de estilos cambiantes con coreografías no menos estridentes, recupera la figura de la sirena en su totalidad, es decir, presentándola como el monstruo que utiliza sus encantos para atraer a los hombres con el fin de que hagan lo que ellas quieran (o, simplemente, para comérselos).

 

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The Lure

 

Pero The Lure esconde un mensaje feminista que no puede obviarse: respetarse a una misma, ignorar las exigencias de la sociedad y ser, y actuar, como uno/a quiera… lejos de imposiciones sociales. Las sirenas ganarán… si no se dejan manipular.

La metafórica y extrema sirena de The Lure que quiere ser mortal nos da pie a hablar de Milo, el mortal que adora todo lo relacionado con los vampiros. Para él es más que una ideología, es una forma de vida sublime y perfecta en su concepción. El tierno adolescente trastornado por la muerte de su madre desea por encima de todo convertirse en un ser sobrenatural para dejar de sufrir.

Deseada inmortalidad, con consecuencias. Como las que planteaba también Proyecto Lázaro.

La propuesta de The Transfiguration es interesante en cuanto refleja lo que defiende durante todo el metraje, tanto a nivel de guión como formal: realismo.

Las alusiones a Déjame Entrar (el remake americano), o Crepúsculo, ayudan a acercar el film a un espectador joven que busque el morbo del vampirismo y las muertes gratuitas en la película, para que éste encuentre, también, una película sobre la intolerancia, lamentablemente aún noticia en nuestros días. Porque The Transfiguration aprovecha ese realismo del que hablábamos para situar a su protagonistas en el centro de un huracán de racismo, no únicamente entre negros y blancos sino también entre clases sociales e incluso diferencias de pensamiento y adaptación a las normas: lo veremos directamente en las escenas con luchas entre bandas y policía, e indirectamente a través de cómo es tratado el protagonista, tildado continuamente de freak, por todos los que le rodean. Así que el mensaje de O’Shea, con una deprimente (por desesperada) moraleja, calará en un público que inicialmente se habrá quedado con la superficial historia vampírica. Y lo hará por su práctica identificación y asimilación con el mundo real.

 

psicopatas

The Transfiguration

 

Convertirse en quien no se quiere ser, y no conseguirlo. Bien. Aunque pueda ser tildado de psicópata. O, mucho peor: que acabe siéndolo.

Psicópatas. De eso también tenemos, sí, aquí en Sitges 2016.

Destacaremos dos acercamientos: el de Pet, y The Eyes of my Mother.

En Pet encontramos al “típico” asocial sin amigos y con dificultades para integrarse. Cuando se reencuentre con una antigua compañera de instituto, se comportará como el “típico” acosador, y dado que la chica no le hace caso, la acabará secuestrando. Pero poco a poco iremos conociendo tanto al chico como a su secuestrada, para ver que la “mascota” a la que hace referencia el título no es, posiblemente, la que pensábamos al inicio.

 

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Pet

 

Carles Torrens intenta con Pet atrapar al espectador con un giro argumental tras estar aburriéndole durante el primer tercio con lo que puede calificarse de película-de-psicópatas-de-domingo-tarde-de-antena-3. El problema es que el supuesto cambio de tornas es esperado, y además sigue tirando de clichés que hemos visto en muchos otros films. De hecho, lo que sí consigue es irritarnos al encontrar un discurso (que con toda seguridad es inconsciente pero que no abandona el pensamiento del espectador) con regusto machista, además de una sensación de desaprovechamiento total del personaje masculino, al dotarle de todos los tics que sí o sí parece deba tener el nerd de turno. En definitiva, un acercamiento a la psicopatía trillada y poco interesante.

Así que vamos a un acercamiento de presentación del psicópata, y sus intenciones, mucho más interesante: el de The Eyes of my Mother.

El psicópata más terrorífico es el que, al contrario que el de Pet, no lo aparenta. No se viste de una forma específica, ni se comporta de forma anormal ante los vecinos. El psicópata más terrorífico es fiero puertas adentro, y es suficientemente inteligente para que nadie sospeche de él. El psicópata más terrorífico es aquél al que siguen protegiendo sus padres… porque le quieren.

 

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The Eyes of my Mother

 

Escogiendo el riguroso blanco y negro para mostrar varios años en la vida de una niña de descendencia portuguesa en un pueblo de Estados Unidos, Nicolas Pesce realiza una radiografía de este tipo de psicópata iniciando el film en la tierna infancia de la joven. Mostrando su entorno, cómo ha sido protegida, de qué forma se la ha educado. A partir de aquí, los sucesos se exponen de forma tan natural que la incomodidad que crean se vuelve exponencial y, paradójicamente, el avance de la película consigue que empaticemos con la protagonista, que suframos cuando parece están a punto de atraparla, y que la comprendamos en su soledad. Si a esta tensión le añadimos una fotografía espectacular y algunas decisiones muy meditadas y acertadas (por ejemplo, el plano fijo desde dentro de la casa mientras vemos a través de la ventana cómo sale a atrapar a su “mascota” al bosque, salpicado de un escrupuloso silencio), el director, guionista y editor firma una ópera prima que nos deja con la boca abierta.

 

TRAILER – The Lure:

 

TRAILER – The Transfiguration:

 

CLIP – Pet:

 

 

TRAILER – The Eyes of my Mother:

 

 

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y miembro de la ACCEC (Asociación de Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora cofunda Probeta para ampliar con actividades culturales esa visión de que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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