Proyecto Lázaro (#Sitges2016N2)

Proyecto Lázaro: equivocarse para ¿volver a empezar?

 

“- Henry Frankenstein: Look! It’s moving. It’s alive. It’s alive… It’s alive, it’s moving, it’s alive, it’s alive, it’s alive, it’s alive, IT’S ALIVE!

– Victor Moritz: Henry – In the name of God!

– Henry Frankenstein: Oh, in the name of God! Now I know what it feels like to be God!”

El doctor Frankenstein (Frankenstein, James Whale, 1931)

 

A Mateo Gil le ha faltado metraje (y, seguramente, presupuesto) para desarrollar todos los pensamientos y planteamientos que se le agolpaban en la mente y que quería plasmar en Proyecto Lázaro. No obstante, no ha querido, o no ha sido capaz, de renunciar a ninguno de ellos.

Esto no es una crítica. Muy al contrario, es todo un aplauso: conseguir que en el guión, aunque sea a modo de alusión, no falten “posos” para el espectador (que perduran durante varios días) acerca del, por supuesto, significado de la mortalidad (física y mental); del yo en base a la memoria y recuerdos; de la identificación con uno mismo y con las personas de su entorno, una generación con la que comparte mismos gustos e iconos; o, por encima de todo, el deseado triunfo de la ciencia sobre la religión (y, por tanto, sobre la imperiosa necesidad de ser Dios desde tiempos inmemoriables)…. como mínimo se merece que prestemos atención a su propuesta.

 


Y, una vez prestamos atención, lo que encontramos en esta Proyecto Lázaro es una película que destaca por un montaje que potencia todas las preguntas anteriores a través de imágenes que pasan a toda velocidad sobre escenas cotidianas de la vida de su protagonista, acompañadas de una voz en off que no deja de hacerse/hacernos preguntas, y de escenas de un futuro imaginado (no mucho más allá de nuestra época actual) lo suficientemente lejano para no entrar en pánico cuando se da por hecho según qué aspectos del mundo que dejaremos a nuestros hijos.


 

De esta forma, el director y guionista teje una tela de araña entre pasado y presente/futuro, se mueve hacia adelante y atrás con soltura en un film que necesita explicar los sucesos anteriores en el orden caótico que escoge Gil (la confusión en el film es clave para comprender las motivaciones de su protagonista), y demostrar que la petición del joven, la deseada inmortalidad, tiene sentido. Pero Gil, al igual que los médicos de su film, también se pone en la piel de un Dios sermoneador erigiéndose, a través de las palabras de su protagonista, en el salvador de nuestras dudas.

Porque Gil no sólo plantea preguntas, sino que las responde. Se atreve a decidir que la crionización no tendrá éxito, no sólo porque nuestros descendientes no considerarán rentable “resucitarnos” en nuestras pésimas condiciones físicas, sino porque una vez lo hiciesen, nos veríamos como peces fuera del agua en un mundo del que ya no conocemos nada. Se atreve a juzgar a los científicos, tachándoles (irónicamente) de meros aprendices de Dios que nos utilizarían para su propio beneficio (gloria científica y económica gracias a los intereses de los inversores) como a conejillos de indias. Se atreve a plantear que la vida sin amor no es vida. Se atreve a responder por todos nosotros sobre qué deberíamos hacer si estuviésemos en la piel de Marc.

Se atreve… pero no le falta razón. Y ese es el verdadero acierto de Proyecto Lázaro.

 

proyecto-lazaro-2

 

Las referencias a Frankenstein no se escapan (obviamente, tampoco se esconden), pero no son las únicas. Se agolpan en nuestra mente films  tan dispares como Blade Runner (Íd., Ridley Scott, 1982), Gattaca (Íd., Andrew Niccol, 1997) o incluso Synecdoche New York (Íd., Charlie Kaufman, 2008), atendiendo al existencialismo que rezuma el film y la confusión de su protagonista. Tampoco se nos escapa que Gil escribió junto a Amenábar el guión de Abre los ojos (1997)… Y es que este Proyecto Lázaro se nos antoja la visión de una resurrección real, ya ideada de forma virtual hace casi veinte años. De hecho, el protagonista de aquella toma una decisión similar a la de Marc de Proyecto Lázaro

 

Decisiones… llegados a este punto, Proyecto Lázaro también nos recuerda que:

“You have to make the right choice. As long as you don’t choose, everything remains possible.”

Las vidas posibles de Mr. Nobody (Mr. Nobody, Jaco Van Dormael, 2009)

 

Pero seguimos. Ahora, con el formato.

Presentar el proyecto dividido en capítulos ayuda al ágil avance del film, y a que el espectador “entre en razón” a la hora de responderse “correctamente”. Curiosamente, los capítulos se ordenan a base de explicar caóticamente el pasado, mezclando recuerdos, pensamientos y escenas en las que Marc no estaba ni tan siquiera presente (y, por tanto, no pueden formar parte de su mente). Con este formato, que vagamente nos puede recordar a Las vidas posibles de Mr. Nobody (Mr Nobody, Jaco Van Dormael, 2009) -no tanto por su historia sino por la presentación de los pensamientos, preguntas y decisiones del protagonista-, queremos saber qué le pasará a Marc, queremos sufrir con él, queremos averiguar con él, queremos morir con él…. Queremos, en definitiva, ser él en un futuro: tener la posibilidad de volver a nacer, a vivir… pero también la de elegir hacerlo.

Siguiendo con el formato, y en especial con la puesta en escena: la estética escogida para ese futuro convence por ser la de cualquier film del tipo, incluyendo estancias minimalistas y monocromáticas, humanos guapísimos gracias a la selección genética, pulcritud y caras vacías de expresión y emociones… Un futuro aséptico, plasmado de igual forma también en otro film que puede verse en este Sitges 2016, Equals (Íd., Drake Doremos, 2015). Un futuro que nos convence, quizá porque desde hace tiempo se trata de una visión que ya está tomando forma (otra curiosidad: hablábamos que nos trae a la mente Blade Runner, cuando en esta el futuro es mucho más sucio).

Adelantábamos el aplauso a un guión calculadísimo… pero no podemos olvidar que ha obligado a la película a ceñirse a un corsé innecesario (y no voy a entrar en que la enrevesada historia de amor perjudica seriamente el ritmo del film en algunos momentos que deberían ser clave. ¿Por qué esa necesidad de hacer comercial algo que no lo es? ¿Por qué no focalizarse? El planteamiento no puede compararse al de Mr Nobody. Aquél partía de la ilusión de un niño y las posibles vidas -y amores- que podría llegar a tener, pero en la que nos ocupa el centro de todo es bien distinto).

Y es que tanta precisión provoca que algunas escenas puedan verse un poco acartonadas (no ayuda que la calidad de algunas de las actuaciones de secundarios no están a la altura de las líneas que recitan). Y, con todo… Proyecto Lázaro es la sorpresa española de esta edición. Un film que deja ganas de repetir visionado.

 

TRAILER – Proyecto Lázaro (aka Realive, Mateo Gil, 2016):

 

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y miembro de la ACCEC (Asociación de Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora cofunda Probeta para ampliar con actividades culturales esa visión de que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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