L’alternativa 2017

L’Alternativa 2017: un mar de nostálgico pasado, terrible presente, y esperanzador futuro. Sueños, siempre sueños

 

“Os voy a contar una historia…”

Mimosas (Íd., Oliver Laxe, 2016)

 

Un mar de cemento. Un mar de arena. Un mar de supervivencia. Guerra, siempre la maldita guerra. No aprendemos.

Un mar de recuerdos. Un mar de protección. Un mar de madurez. Dejar de mirar atrás para sobrellevar ¿nuestro destino?, y el de los que nos rodean, aquellos de los que somos responsables.

Un mar de ilusiones. Un mar de ambiciones. Nunca, nuca, es tarde para conseguir lo que uno desea.

Y siempre: sueños. Personales, familiares. Sociales. La búsqueda de una vida mejor.

 

En Taste of Cement (Íd., Ziad Kalthoum, 2017) un plano muestra el resumen de su metáfora: el cemento, recién preparado, se extiende para conformar los cimientos de un nuevo edificio.

Prosperidad en Beirut…. construida con las manos de los refugiados sirios.

Toques de queda para unos trabajadores que saben sólo volverán a su hogar cuando termine una guerra que parece no tener fin.

Así, y simplemente con la visión de la creación, lenta pero prometedora, de un rascacielos, el director presenta a los anónimos refugiados. Mientras trabajan, mientras paran para comer, mientras duermen, en terribles condiciones. Los sirios trabajan y piensan/se intercalan imágenes de la guerra que han dejado al otro lado de la frontera. Tanques que circulan sobre las ruinas de un pueblo humillado. Construcciones ahogadas bajo el agua. Recuerdos dibujados de una familia que ya no estará a la vuelta.

Y soñar en volver, algún día, y construir rascacielos en su propia tierra. Crear de nuevo, y pedir, a quien sea, que no vuelva a ser destruido.

Refugiados presentados desde el punto de vista del los que ya ¿han podido integrarse?. Su vida da vueltas, igual que la mezcladora de hormigón que cierra el film, mientras atraviesa media ciudad para llegar a un destino que no está claro.

 

Taste of Cement

 

Refugiados.

¿Quién no quiere escapar de la guerra, de la miseria? ¿Quién no quiere lo mejor para uno mismo, y sus hijos? Dos films punzantes con estilos muy diferentes nos muestran otra realidad, esa a la que los europeos le estamos dando la espalda. Si no lo ves, no existe.

El mar la mar (Íd., Joshua Boneta, J.P. Sniadecki, 2017) juega con el concepto de ir a la deriva para presentar la realidad del desierto fronterizo entre México y Estados Unidos. Las preciosas imágenes del desierto al atardecer se entremezclan con planos de sudaderas y zapatillas abandonadas, perdidas, semienterradas por una arena implacable. Los testimonios voz en off explican su experiencia mientras el espectador observa un horizonte tan bello com ansiado por los inmigrantes. Un inmenso mar de arena, de roca, que se traga la esperanza de muchos, y que sólo es conocido al dedillo, como los buenos marineros, por los lugareños.

Los directores muestran una realidad que se quiere tapar por las autoridades, esa que sabemos se da, pero no queremos escuchar: que muchos mueren por desorientarse, pero muchos, ademas, mueren en manos de despiadados. Recordar Desierto (Íd., Jonás Cuarón, 2015) es inevitable, pero también lo es reconocer que el relato de El mar la mar es mucho mas impactante. Porque no nos hace falta ver sus caras, y tampoco las de los americanos, esos que les ayudan y conocen la realidad de un día a día en el que se encuentran, en el mejor de los casos, personas deshidratas. En el peor…

 

El mar la mar

 

En el peor, los europeos vemos imágenes diariamente de los que se ahogan en nuestras costas, solo por querer alcanzar una vida mejor.

Y nos hemos acostumbrado.

Pero… ¿podemos hacer algo? ¿Es viable aceptar ese mar de inmigrantes, o el engrasado sistema capitalista colapsaría? ¿Pueden ponerse condiciones a los que quieren vivir y colaborar en  esos países en los que la sociedad del bienestar necesita, urgentemente y sin saberlo, nueva ayuda?

¿Es Europa el paraíso?

Stranger in Paradise (Íd., Guido Hendrikx, 2016) plantea una reflexión demoledora, directa al estómago del ciudadano del primer mundo. Dividida en tres partes y un epílogo, la película se centra en mostrar a un supuesto profesor/autoridad europea que habla sin tapujos a varios grupos de alumnos, refugiados que han conseguido, supuestamente, alcanzar su sueño y no morir en el intento. Pero el sueño… es más que posible que no pueda cumplirse.

La explicación del “profesor” se argumenta desde dos posiciones completamente opuestas. La argumentación es para el incrédulo espectador, claro. Un espectador que primero se queda estupefacto, al oír cómo con completa sangre fría se indica a los inmigrantes lo que seguramente es una verdad, pero a medias: volved, porque sólo así reconstruiréis vuestro país, vuestro hogar, tal y como aquí tuvimos que hacerlo al finalizar la II Guerra Mundial; nos costáis mucho dinero, será insostenible; no tendréis la posibilidad de trabajar, los habitantes europeos siempre se fiarán más de un blanco del país que de un negro emigrante… El profesor expresa las dudas de todos (sí, todos) los que estamos plácidamente viviendo en nuestra zona de confort, y sentados en la confortable butaca de la sala. Unas dudas que algunos expresan vehementemente, y que otros entierran, no tanto por no tenerlas, sino por asustarse al hacerlo.

Pero lo mejor está por venir…. porque esas dudas, se plasman en reglamentaciones. ¿Injustas? Otra vez se pone a prueba al espectador.

 

Stranger in Paradise

 

Porque la segunda clase escuchará el discurso contrario: os necesitamos. El precio de cada uno de vosotros se reparte entre 500 personas, el coste por individuo es mínimo, pero el valor de retorno es enorme para nuestra sociedad. Eso sí, absorber a todos sin criterio…

Y es entonces cuando el espectador se da cuenta de que las anteriores dudas no tienen fundamento, pero, seguidamente, también se entera de las trampas de Europa: si el país de origen no se considera realmente peligroso…. el permiso de residencia no se va a conceder de ninguna forma.

Generamos ilegales que ni van a marcharse, ni van a conseguir trabajos dignamente remunerados.

¿Qué estamos haciendo? ¿Qué leyes estamos apoyando?

Personas que escapan de una injusta guerra, personas que quieren poder expresarse libremente o, sencillamente, poder optar al soñado bienestar. Personas que no lo consiguen…. La mirada de los tres films entristecen. A nivel social, mirar hacia otro lado, o votar a según qué partidos, se esta traduciendo en un mar de vergüenza. Un mar cada vez más grande y aterrador, pero que aún no tiene la suficiente fuerza como para conseguir que las cosas cambien. Y cuando todo se destruya de nuevo… lo único que haremos será mirar atrás con añoranza. Con la añoranza de saber que podríamos haber hecho algo.

Ya no sólo por los inmigrantes, sino por los de nuestro propio país.

A esa añoranza apela El mar nos mira de lejos (Íd., Manuel Muñoz Rivas, 2017). Una España profunda, desconocida, otrora civilización pionera, ahora habitada por solitarios y marginados habitantes que no conocen otra cosa, ni se plantean hacerlo. El film es interesante en su planteamiento, por descubrirnos la historia de una España tan remota como inexplorada, y a unas personas que sobreviven entre las misteriosas dunas de arena y el mar abierto a una vida mejor, que no quieren conocer. Pero lo es menos en su narrativa, quizá porque no permite profundizar en lo que explica, saltando de un “personaje” a otro sin un hilo en común, volviendo a ellos sin conexión aparente, y salpicando su extraña vida con fotos de un pasado que no acabamos de situar, aunque sí intuir.

Pero quizá es precisamente eso lo que busca, que su relato sea tan extraño como el paraje mostrado. Dunas y dunas de arena inexplorada, que esconden, seguramente, secretos que no volverán a ver la luz… Y personas cuya vida se resume, simplemente, en vivir lo que les ha tocado, donde les ha tocado.

Pero siempre hay alguien que busca esforzarse. Que se aleja de su territorio, que va en busca de algo que todos le dicen es mejor para él. Quizá lo sea. Quizá no. Quizá en la ciudad sea mucho más desdichado que recorriendo las dunas. Esas dunas que no son más que la historia de un pueblo hecho, ahora, arena. Y poco más.

 

El mar no mira de lejos

 

Esfuerzo. Para salir adelante, para conseguir los sueños. Los propios, o los de la familia que debe protegerse. Esfuerzos para dejar de ser egoísta, o para volver a serlo, una vez ya hemos hecho lo que pensamos debíamos hacer. Así, pasando de una mirada “personal a lo social” a una mirada “personal al individuo y sus retos”, entramos a los films de esta L’Alternativa 2017 que van a lo concreto, al individuo, y a su desarrollo personal.

Comenzamos por Niñato (Íd., Adrián Or, 2017).

Niñato presenta el día a día del viejoven actual español. Treinta y cuatro años, viviendo con los padres, queriendo vivir del sueño con el que creció toda la vida: ser músico, cantante de hip-hop.

Pero Niñato tiene que educar a tres hijos, también. Le ayudan incondicionalmente sus padres, y su hermana mayor. Pero también pone mucho de su parte. Y esto es lo que mejor explora el film.

Porque es evidente, con las imágenes seleccionadas en el montaje, que Niñato es un buen padre. Sus condiciones personales son las que son, y ya las deja entrever el film (pocos recursos económicos). Pero si algo consigue el director es mostrar que mantener los sueños no está reñido con la madurez, y con querer sacar a la familia adelante, dotando a sus miembros de herramientas propias para que forjen su propio futuro. Niñato hace reflexionar a sus hijos, se preocupa por el aprendizaje diario, por razonar la importancia de hacer los deberes… y Niñato, por las noches, también compone música. Agotado, pero lo hace. Porque es su pasión.

Si algo es reprochable a este pequeño pero intenso film (por mostrar la dificultad de lo cotidiano, una dificultad a la que más familias de las que nos pensamos se enfrentan cada día en España, sin perder la sonrisa), es el haber seleccionado secuencias en las que el sonido y la iluminación es más que pésimo. Se entiende es de bajo presupuesto, pero le hace un flaco favor mantenerlas. Seguro se disponía de otros retazos, tan familiares como coherentes con la narración, que podrían utilizarse. Por otro lado, el haberse centrado tanto en la relación con el hijo pequeño deja un regusto amargo: hubiese gustado ver más de las otras niñas, de la relación con los padres, con su novia. El metraje del film lo aguantaba, porque el espectador observa sin pausa y con ganas de seguir, durante más de sus escasos setenta y dos minutos, con una triste sonrisa en la boca.

 

Niñato

 

Otro film nos habla de la madurez, y del paso de adolescente con futuro incierto a madre responsable. Ese es Milla (Íd., Valérie Massadian, 2017), personalmente el mejor de esta selección de L’Alternativa 2017.

Milla es una joven de diecisiete años que vive con su novio en una casa abandonada. Son felices sin hacer gran cosa, o precisamente por ello. Ríen juntos, leen juntos, se divierten juntos. No hace falta más.

La directora muestra en esta primera parte del film el día a día de la pareja, básicamente dentro de la casa. La cámara a ras de suelo que presenta distintos niveles de profundidad de campo se intercala con primerísimos planos de los dos protagonistas para captar ese amor infantil, incondicional. Él recita un poema para el espectador, y la empatía se genera en escasos minutos. Verles, espiarles en su día a día,  se convierte en un enternecedor retrato de esa inocencia que hemos perdido.

La segunda parte, cuando descubrimos que Milla está embarazada, se centra ya en ella como protagonista. Se acabaron los primerísimos planos: la cámara se aleja para mostrar la realidad de una chica que debe cambiar su vida. La vemos en su nuevo trabajo, charlando con compañeras, divirtiéndose… pero ya desde otra perspectiva: Milla ha tenido que madurar a la fuerza, pero en el fondo se siente aún niña, aún con necesidad de protección. La escena en la que la cámara se desplaza para mostrar lo que está pensando verdaderamente, traducido en imágenes en una canción interpretada de forma desgarradora que clama a los cuatro vientos la necesidad de sentirse libre, no es la primera secuencia tan surrealista como, en realidad, veraz.

En la tercera parte Milla es madre, y volvemos a centrarnos en estar dentro de la casa, ahora con el niño, y a los primeros planos. Su padre, del que minutos antes habremos conocido su destino con un encuadre muy revelador (una puerta, una cortina roja; alguien llama a la puerta y, sin mediar palabra, deja una mochila en el suelo; Milla se apoya en la pared. Está todo dicho), aparecerá, protegiéndole. Imposible no encontrar belleza en ese tierno momento, mientras el niño juega con sus juguetes. Su madre se desvive por él, mostrándose tan natural como las escenas que veíamos en Niñato. No pasa gran cosa, dirán muchos. Y, en realidad, pasa todo. Porque si rememoramos cómo comienza el film, hemos vivido en dos horas la transformación que se espera de cualquier ser humano: disfrutar de la juventud, ser consciente de las dificultades de una realidad en la que la sociedad puede llegar a marginarnos, y llegar a la plenitud sólo mirando, protegiendo, lo que se ha hecho bien. El legado dejado fruto del amor.

 

Milla

 

Maduramos. Avanzamos en nuestra vida, estando más o menos contentos con ella. Pero nuestros sueños siguen ahí. Como los de California Dreams (Íd., Mike Ott, 2017).

El año pasado Ott presentaba en la anterior edición de L’Alternativa Actor Martínez (2016), en la que también jugaba a la confusión, mezclando realidad y ficción además de cine dentro del cine. California Dreams, en ese sentido, le ha quedado mucho más redonda, sobre todo porque nos hace dudar si realmente está reivindicando los sueños de las personas que aparecen en la película, o se está riendo de ellas. ¿Son sueños reales? ¿Son personas “normales”? ¿Son todos actores? Parece una mezcla perfecta ficción-no ficción, solo que no estamos seguros de cual es cual. Una mezcla que, por un lado, enfurece (no es agradable pensar que se está aprovechando de personas desvalidas para hacer un film sobre la sordidez de una sociedad lastrada por el famoso “sueño americano”) y, por otro, entusiasma: no es fácil captar tan intensamente el sentimiento globalizado de sentirse perdedor en la ciudad de las estrellas, la ciudad (y país) que vende que si no triunfas es porque no quieres.

Acertado es escoger a personas de distintas razas y nivel cultural, pero con el mismo sueño: ser actores. Ser otras personas. Olvidarse de sus miserias.

Acertado es también que se conozcan entre ellos, que se sinceren entre ellos, utilizando como hilo conductor al joven que puede hablar de forma igual de natural de ser trabajador de Taco Bell que de su mala experiencia sexual con otro chico. La red que se teje entre ellos, presentados siempre de la misma forma (haciendo el casting para del film), involucra al espectador a participar en sus sueños, a la vez que le crea la silenciosa ansiedad de darse cuenta de lo difícil que es mantener la ilusión por algo que se sabe perdido.

Y, para terminar, más que acertado es cerrar el film haciendo exponenciales esas ilusiones, mostrando abiertamente la parte más ficcional del inusual ¿documental?. En cualquier caso, nos quedamos con que hay que luchar por nuestras fantasías, hasta el final. Nadie lo hará por nosotros.

 

California Dreams

 

De eso sabe mucho Manuel, protagonista de la fabulosa Donkeyote (Íd., Chico Pereira, 2017).

Manuel, a sus 73 años, quiere ir a América con su burro Gorrión para hacer la ruta de los indios americanos. Pastor desde su juventud, está aprendiendo inglés a marchas forzadas.  Como no tiene dinero para realizar el viaje, se traslada a Sevilla, a ver si los de la Coca- Cola le subvencionan. También se traslada a Cádiz, quiere llegar al puerto y preguntar por los costes, y condiciones, del transporte de Gorrión.

Donkeyote es una road movie documental, una disparatada comedia con un hombre, un burro, y un perro fiel.

Manuel es todo lo que queremos llegar a ser de mayores.

El documental capta la vitalidad de un hombre que no quiere postergar más su sueño. Un hombre que quizá no es plenamente consciente de sus limitaciones, pero sí de sus capacidades.  ¿Quiénes somos nosotros, espectadores, para reírnos de su idea? Ni tan siquiera su propia hija le tienta a quedarse (aunque tampoco le anima). Es más: Donkeyote es una oda a dejarnos llevar, a hacer caso a nuestras fantasías, en el momento que consideremos más oportuno. Y es que quizá la mejor forma de descubrir hasta dónde somos capaces de llegar es, precisamente, hasta que veamos los molinos, no a los gigantes. Pero si no nos aventuramos a encontrarlos, acabaremos, irremediablemente, amargados.

 

Donkeyote

 

L’Alternativa 2017 ha dado mucho más de sí, y eso se plasma en su ambiente, en la respuesta de su publico. La programación, veinticuatro años después, sigue siendo exquisita, actual, y diferente. Las temáticas, varias, pero relacionadas. Al fin y al cabo, seguimos en una sociedad que necesita ser zarandeada por motivos sociales, económicos, y ecológicos. L’Alternativa se adapta en función de la necesidad de su público, y no se olvida de sermonear, pero dejando paso siempre, a la esperanza, y los sueños de cambio. Esperamos ansiosos el esperado 25 aniversario, en 2018.

 

 

TRAILER: Taste of Cement

 

TRAILER: El mar la mar

 

TRAILER: Stranger in Paradise

 

TRAILER: El mar nos mira de lejos

 

TRAILER: Niñato

 

TRAILER: California Dreams:

 

TRAILER: Donkeyote

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación de Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora, con La Realidad No Existe, quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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