#DocsBarcelona2018N3 (y creencias)

#DocsBarcelona2018N3: creencias. De ritos, ceguera, obsesiones y principios

 

El Espanto (Íd., Martin Benchimol, Pablo Aparo, Argentina, 2017, Sección Oficial – Panorama)
The White World According to Daliborek (Íd., Vít Klusák, República Checa/Eslovaquia/Dinamarca/Reino Unido, 2017, Sección Oficial – What the Doc)
Robar a Rodin (Íd., Cristóbal Valenzuela, Chile/Francia, 2017, Sección Oficial – Latitud)
Over the Limit (Íd., Marta Prus, Polonia/Alemania/Finlandia, 2017, Sección Oficial – Panorama)

 

Actuamos y tomamos decisiones en función de nuestra personalidad y carácter, que se van formando a media que incorporamos en nuestro, digamos, mapa mental, los valores con los que os sentimos más identificados (respeto, superación, gratitud…), las creencias que se nos han inculcado desde pequeños (la existencia o no de Dios, por ejemplo), y el análisis de las experiencias que hemos ido experimentando a lo largo de nuestra vida. A veces, estas experiencias nos hacen reconsiderar nuestros valores y creencias. A veces, simplemente, las refuerzan. ¿Algunos ejemplos?

En El Espanto los directores querían acercarse a la figura de José, un curandero conocido por curar el Espanto, enfermedad derivada de haber sufrido un susto mayúsculo, como el ver a un fantasma. El método de José es conocido por todo el pueblo, pero comentarlo es más que tabú…

 

El Espanto

 

El documental acabó transformándose en el retrato, exagerado, de los habitantes el pueblo, contando con su complicidad. Unos habitantes que, también, ejercen de curanderos. Todos ellos, casi sin excepción. Así que  José casi no aparece en pantalla, ni falta que hace. Es mucho más revelador e instructivo conocer a estas personas que aseguran curan casi cualquier tipo de enfermedad (sin cobrar, eso sí) con un cordel, bostezando, o animando a generar adrenalina, y que desechan las medicinas modernas. Quizá a algunos espectadores pueda chocarles, a otros parecerles todos unos impostores… Quizá a algunos les vengan ganas de reírse de ellos y de su aparente falta de cultura, pero si algo es El Espanto es el ensalzamiento del respeto por las creencias arraigadas, y por las personas que, sin comprender muy bien el por qué, continúan creyendo y manteniendo unas tradiciones heredadas desde hace generaciones.

Intercalando escenas de la vida cotidiana de estas personas, ligadas por la boda de una de ellas, con entrevistas directas a cámara, los directores crean un documental algo cómico, tanto por algunas de las confidencias como, por encima de todo, por cómo se nota se divierten generando y aumentando la rumorología sobre las personas del pueblo. Contradicciones en sus relatos dejan también entrever valores personales compartidos, de puertas afuera, también por todos ellos. Y es que el entorno es a veces una de las razones que nos impiden mostrarnos como somos realmente. Un buen ejemplo es el pasaje en el que uno de ellos dice abiertamente, entre risotadas, que a los homosexuales deberían ahorcarles, para continuar con la revelación de que posiblemente, varios hombres del pueblo lo sean. Pero, como siempre, y más en estos parajes rurales, declararlo abiertamente será, siempre, tabú.

La presión del entorno, y la falta de acceso a información que permita contrastar ciertas afirmaciones (o la falta de ganas de querer hacerlo), puede hacer que estemos ciegos ante la diversidad social. Esto es algo que se intuye en El Espanto, y se muestra de forma mucho más explícita en The White World According to Daliborek.

 

The White World According to Daliborek

 

El protagonista es un nazi declarado. Homófobo, racista, machista… lo tiene todo. Le seguimos en su día a día: trabajador de clase baja (pintando piezas de coche en un polígono de mala muerte), vive con una madre que le consiente cómo le habla y trata. Cuando está en casa malgasta su tiempo en componer canciones que refuerzan la imagen que ya nos hemos podido hacer de él, o jugando a la Play. O emborrachándose con un amigo.

Durante sus dos primeros tercios el documental es muy repetitivo, pero es la mejor forma encontrada por la dirección para conseguir que el espectador sienta lástima por el muchacho. Y es que a medida que le vamos conociendo más, nos damos cuenta del miedo que tiene a ser rechazado. Se trata de un joven inadaptado, solitario, y con mucha imaginación, algo que ha convertido en su refugio particular. No extraña que, dada su personalidad, quiera formar parte de un grupo en el que se sienta rápidamente acogido si sigue las directrices (recuerda mucho a uno de los protagonistas de La OlaDie Welle, Dennis Gansel, 2008). Y esta condición, sumada a su falta de decisión y debilidad, además de falta de apoyo en casa, consigue transmitir rápidamente la imagen del nazi contemporáneo.

El último tercio es el más interesante de todos, cuando se revelan emociones y sentimientos por parte de los protagonistas. Con el simple hecho de filmarles durante su excursión al centro de concentración de Auschwitz, The White World According to Daliborek les saca de su zona de confort (de hecho, el documental, hasta ese momento, rezuma impostura por su parte: parece que actúen, que hayan creado un personaje para la cámara… de ahí a la necesidad de repetición inicial para dejar entrever alguna verdad soterrada), y consigue retratar las verdaderas personalidades. Observamos a una madre que quiere seguir en la mentira que ella misma se ha creado (“somos superiores, todo va bien”, parece decirse a sí misma); a su novio, tan indeciso que cambia continuamente de bando para ser aceptado;  y al hijo, que se encierra en sí mismo para analizar qué ha pasado durante la visita. El documental acaba por decirnos la decisión tomada por su protagonista para seguir con su vida… y el espectador se da cuenta de la relevancia que ha tenido el rodaje. Y de la importancia, en definitiva, de la existencia de este tipo de largos reportajes.

Robar a Rodin es la antítesis del anterior, en cuanto a personaje y en cuanto a finalidad. Si The White World According to Daliborek retrata la debilidad del ignorante, éste muestra la valentía del virtuoso.

 

Robar a Rodin

 

Excelente trabajo el de Robar a Rodin. Tomando la estructura de chocante thriller (realmente impacta el hecho que se pueda tratar con tanto misterio la desaparición de una estatua, aunque sea de Rodin), el documental comienza detallando lo sucedido en las horas inmediatamente posteriores al descubrimiento del robo, para acabar por presentar el por qué de la hazaña. Hazaña, sí, porque al conocer al ladrón y sus intenciones, se pone en evidencia la falta de conocimiento y sensibilidad de la gran mayoría de la población en cuanto al arte y su significado y valor se refiere… además de dejarnos con la duda de si el chico, igualmente, está jugando con todos nosotros.

“La presencia de la ausencia”. En eso se basaba el proyecto de robo. Parece que el estudiante que se llevó la estatua de Rodin lo tenía todo planeado (qué debía robarse, cuánto tenía que esperar para la exponencial difusión mediática, cuáles eran los sentimientos individuales y sociales que debía generar la desaparición de la pieza de arte…) y, no obstante, al espectador puede quedarle la duda de si toda esta explicación fue posterior al hecho en sí. En cualquier caso, châpeau. Tanto para el artista, como para los productores de un film necesario. Porque este es el tipo de documentales que, como el anterior, hace que reflexionemos sobre nuestros valores y creencias, y sobre nuestra mirada al mundo. Con el nazi nos es sencillo pensar que nuestro nivel cultural nos permite posicionarnos en otro estrato social, de mentalidad más abierta, y regocijarnos por ello. Con Robar a Rodin se nos obliga a pensar más allá de nosotros como individuo que quiere formar parte de una sociedad afín: se presenta el robo como la oportunidad de cuestionar, por un lado, la estructura social y sus normas y, por otro, la existencia de un pensamiento colectivo más bien aletargado y acostumbrado a dejarse llevar. Y, de esta forma, el estudiante nos genera envidia.

Envidia por tener las cosas tan claras. Envidia por ser capaz de adecuarse a un mundo que le va pequeño. Envidia por disponer de unos valores que van más allá de sus experiencias.

Y eso que se trata de un ladrón, por mucho que quiera negarlo.

Un ladrón con buenas (y reivindicativas) intenciones. El Robin Hood del arte. El que hizo que la exposición de Rodin en Chile batiese records históricos.

La fuerza del pensamiento vs. la fuerza física. Cerramos con Over the Limit.

 

Over the Limit

 

Resulta impactante que tanto deportista como entrenadoras hayan dado su consentimiento no únicamente a ser filmadas (es cierto que la directora confiesa que puso micrófonos a escondidas para poder captar muchas de las conversaciones), sino al producto final en sí. Porque lo que se consigue con el documental es acercarse al mundo de la gimnasia rítmica y dejarnos conocer todos sus entresijos: la presión de los campeonatos, las largas horas de entreno, la alegría de la victoria, pero también la violencia verbal, los discursos que se antojan más desmotivadores que todo lo contrario, las lágrimas por el dolor de un cuerpo que ya no puede responder a tanto esfuerzo… y la falta de poder disfrutar de un mínimo de vida privada. Aunque disfrutar sea, simplemente, poder acompañar a un padre a punto de morir de cáncer.

¿Cuáles son las motivaciones de estas gimnastas de élite para renunciar a sus vidas?

El film deja entrever un nacionalismo arraigado, una extrema lucha por la auto-superación, la necesidad de llevar dinero a casa… Aunque muchos no lo compartamos, sí podemos comprender el por qué estas chicas sacrifican su vida. La ilusión por vencer, por ser el mejor, es tan extrema que aceptan humillaciones constantes. Valores personales que van más allá de la creencia colectiva. Individualismo que repercute en toda una nación.

Over the Limit demuestra que las personas somos tan diferentes como únicas. Y también que no podemos menospreciar, nunca, los pensamientos de cada uno, por poco que los compartamos. Extrañamente, es una mezcla entre documental objetivo y homenaje, tanto a sus protagonistas como al país que impulsa su carrera profesional.

Y así termina nuestro particular DocsBarcelona 2018. Catorce films vistos en esta edición, de temática muy dispar pero con conceptos convergentes. Una edición que ha arrancado con una fuerza que no hemos visto continuar, pero que, en cualquier caso, aprueba, un año más, con nota. Y es que da gusto que exista un festival de documentales, y que potencie la mirada crítica y arriesgada. Que programe films tan deliciosos como Hasta mañana, si Dios quiere, junto a propuestas tan dolorosas como Shootball. Porque sólo así se mantiene y conserva la mirada crítica que The Cleaners denuncia es posible acabe desapareciendo.

Nos vemos en DocsBarcelona 2019.

 

TRAILER – El Espanto (Íd., Martin Benchimol, Pablo Aparo, Argentina, 2017, Sección Oficial – Panorama):

TRAILER – The White World According to Daliborek (Íd., Vít Klusák, República Checa/Eslovaquia/Dinamarca/Reino Unido, 2017, Sección Oficial – What the Doc):

TRAILER – Robar a Rodin (Íd., Cristóbal Valenzuela, Chile/Francia, 2017, Sección Oficial – Latitud):

TRAILER – Over the Limit (Íd., Marta Prus, Polonia/Alemania/Finlandia, 2017, Sección Oficial – Panorama):

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Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro 'Steampunk Cinema' (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013) y 'El amor en 100 películas' (Ed. Arkadin, 2019). Ahora, quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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