#DocsBarcelona2018N2 (oscuridad)

#DocsBarcelona2018N2: oscuridad. De la naturaleza humana, de lo que va a perderse, y de lo que va a venir. Oscuridad, ¿y luz?

 

Photon (Íd., Norman Leto, Polonia, 2017, Sección Oficial – What the Doc)
Treblinka (Íd., Sérgio Tréfaut, Portugal, 2016, Sección Oficial – What the Doc)
The Cleaners (Íd., Hans Block, Moritz Riesewieck, Alemania/Brasil, 2018, Sección Oficial –  Panorama)
Hasta mañana, si Dios quiere (Íd., Ainara Vera, España/Noruega, 2017, Sección Oficial – Panorama)

 

“Vivir juntos, morir solos”

Perdidos (Lost, 2004-2010)

 

 

El ser humano es capaz de cualquier cosa con tal de asegurar su supervivencia. Sobrevivir a las enfermedades, sobrevivir a los malos pensamientos, sobrevivir a Dios.

Superarle, más bien.

Con tecnología, con nuevas profesiones, con control.

Controlar la felicidad para asegurar la estabilidad. La media de vida consiguió aumentarse ya hace miles de años simplemente por el hecho de buscar esa estabilidad. Pero, ¿es esa estabilidad realmente beneficiosa para todos nosotros? Quizá esté repercutiendo no únicamente en la creación y desaparición de puestos de trabajo, sino incluso en nuestras conexiones neuronales. En nuestra capacidad imaginativa. En el tamaño de nuestro cerebro.

La información es poder. La sobreinformación nos debilita. Y la vida contemplativa no es ya la solución.

El futuro de la humanidad pinta más bien oscuro. Y la luz no parece ser la que sustituya a esta oscuridad. Veamos por qué, analizando su pasado, y presente.

 

Photon

 

Photon es un documental denso, pero adictivo y muy estimulante. En su primera parte, intenta con poco éxito llevar conceptos físicos al entendimiento global. A base de imágenes en blanco y negro evocadoras, pero también muy inquietantes (seguramente no buscadas con esa intención, pero el misterio que nos suscita a los profanos en el tema nos lleva a sentir una incomprensible intranquilidad), acompañadas de una hipnótica música y de una pequeña y útil explicación introductoria sobre el significado del espacio-tiempo, una voz en off se dedica a narrar la creación del universo, revelando al mayor detalle cómo podemos imaginarnos las partículas más pequeñas conocidas, desde el hace pocos años probado bosón de Higgs hasta la creación de los átomos, pasando por quarks, electrones, neutrones… y la necesaria configuración de las “cápsulas”, la forma en la que estas partículas pudieron encontrar la manera de ordenarse, y repetirse, para crear la vida. A partir de aquí, la segunda parte del documental entra en un terreno biológico, explicando el funcionamiento del cerebro, y satisfaciendo nuestra curiosidad en cuanto al por qué el ADN puede tener imperfecciones (de una forma tan realista que se antoja incluso macabra… pero no olvidemos: esto es ciencia). También resulta una sección curiosa, ya que el soterrado ateísmo de la primera parte se deja ver aquí en su forma más espléndida: comentarios socarrones sobre el por qué Dios no ha intervenido, o dirigidos hacia los que no creen en la existencia de la evolución, e incluso explicaciones contrastadas científicamente del por qué, hace miles de años, los primeros humanos inventaron la existencia de un ser superior (hecho que conllevó a la existencia de las reglas en la comunidad, entre ellas la monogamia, estabilidad que, parece ser, es una de las causas que, sumadas a otras que fomentaron el miedo al caos, explica parte del por qué de la longevidad).

La tercera parte es tan pesimista como cautivadora: se trata de ilustrar con imágenes lo que el autor piensa va a pasar con nuestro mundo, y con nosotros mismos. Una distopía desalentadora, pero que esconde preocupaciones de gran relevancia: la sobreinformación puede llevarnos a no utilizar nuestra imaginación y, por tanto, que dejemos de utilizar una parte de nuestro cerebro. Incluso que éste se empequeñezca. Quizá no sea problema, si pensamos en que, seguramente y gracias a nuestros propios avances tecnológicos, consigamos transferir nuestra mente a una computadora.   El cuerpo dejará de tener utilizad, y quizá promovamos la vuelta al vacío. Un vacío tan lleno de energía que es posible acabe colapsando. El Big Crunch está a la vuelta de la esquina, y no nos damos cuenta. Y quizá seamos parte más que relevante para que éste se dé.

Photon separa los tres actos insertando fragmentos de una supuesta entrevista en directo  al científico que narra el documental. Quizá es un recurso pensado para dejar descansar al espectador, para sacarlo de un trance que le está llevando, poco a poco, a la introspectiva desesperación. Pero no funciona, porque ni aclara información,  ni aporta otros elementos para la reflexión. Parece que sea un guiño personal, una forma de autoanalizarse en cuanto al tiempo dedicado a esta investigación, dejando más bien de lado a su mujer e hijo. Parece, en definitiva, una forma de pedir perdón a una familia que también hará aparecer en el documental, como conejillos de indias. En cualquier caso, esperamos le haya servido, al menos a él. Porque a nosotros no.

Photon incide en analizar al ser humano desde su ADN, desde sus “cápsulas”, y su posición en el mundo. Provoca al espectador, intentando que éste reaccione y cambie su forma de actuar desde un punto de vista tan racional que, seguramente, no consigue su cometido. Pero sabemos de los dos hemisferios, del racional y el emocional. Y, en contraposición a Photon, Treblinka quiere remover al espectador y apelar a la necesidad de actuar para lograr un cambio de mentalidad universal, basándose, precisamente, en las emociones. Y en el no olvidar, o imaginar.

Nunca dejemos de imaginar, por favor, lo que sucedió durante la segunda guerra mundial.

El ser humano es capaz de crear campos de exterminio tan eficientes como fábricas. El ser humano es capaz de construir Treblinka.

 

Treblinka

 

Si Experimento Stuka se gesta para dar a conocer una de las grandes mentiras asociadas a la guerra civil española, Treblinka se erige como estandarte del recuerdo de aspectos que ya conocemos. En Treblinka, una fábrica de muerte que estuvo abierta tan sólo diez meses,  se ejecutó a un millón de judíos. Pero eso no fue lo más terrible. Lo verdaderamente horrendo es el uso que se hizo de compañeros, otros judíos, para llevar a cabo profesiones que facilitasen el genocidio.

Peluqueros, seleccionadores de ropa, dentistas, obreros… ellos podían librarse de la muerte, pero, ¿a qué coste? Muchos acabaron por suicidarse por no seguir formando parte de la matanza. Se convertían en vivos-muertos, en fantasmas de su propia vida. Y eso es lo que ha querido reflejar Treblinka.

Basándose en las memorias de Chil Rajchman, el director recorre en tren los paisajes que tuvieron que atravesar los judíos hasta llegar a su fatídico destino. A modo de sutil y nostálgico ensayo, y utilizando la doble imagen desenfocada, pondrá en boca de algunos actores pasajes del libro, mientras el espectador se ve obligado a imaginar lo que en ellos se relata (cámaras de gas y de incineración, pilas de ropa, y cadáveres), y a ponerse en la piel de esos malogrados supervivientes.

El tren cumple entonces un doble objetivo: obligarnos a pensar en el pasado, mientras se observa el presente (distinto tiempo, un mismo espacio), y recordarnos que puede volver a realizar el mismo recorrido, una y otra vez. Y volverá a pasar, si no nos hacemos conscientes de la brutalidad de la que hemos sido capaces de ejecutar…  y somos capaces de repetir.

La información es poderosa, más en estos tiempos en que se nos facilita tanto el acceso a ella. Pero estamos cayendo en una trampa. Una trampa mortal.

Conocemos la historia, hemos visto decenas de imágenes tan crueles como desesperantes. Tantas que nos hemos acostumbrado a ellas. Y ahora, alguien ha decidido que es mejor eliminarlas. Que es necesario podamos vivir en una sociedad engañosamente feliz, en la que el sexo, la guerra y el terrorismo no existe. Hablemos de The Cleaners.

 

The Cleaners

 

Siendo como es un documental más efectista que efectivo, es bien cierto que, aunque no revele nada que cualquiera con inquietudes ya conoce, o al menos intuye, sí aporta suficiente información como para animarnos a cambiar nuestros hábitos en cuanto a consumo de redes sociales.

Facebook, Twitter, Youtube…  hace años que estas plataformas han creado una necesidad de la que no éramos conscientes: el poder expresarnos libremente. El que nuestros pensamientos más íntimos, si así lo queremos, puedan llegar a personas del otro lado del planeta. Nos hemos convertido en prosumidores: producimos los propios contenidos de estas páginas, y consumimos todo lo que son capaces de ofrecernos.  Conceptualmente es genial. Pero a la práctica… hay que recordar que el ser humano es capaz de Treblinka.

El documental muestra el testimonio de varias personas reclutadas para ser moderadores bajo la alargada sombra de estas grandes redes sociales. Pero eso implica varias asunciones que, éticamente, son más que cuestionables:

Por un lado, podemos respetar y apoyar el hecho de que miles de personas vigilen qué contenidos se suben a estas webs. Nadie quiere que su hijo o sobrino de cinco años se encuentre con un vídeo no sólo pornográfico, sino pederasta o zoofílico. Tampoco queremos que sepan demasiado temprano qué es la muerte, ni que en algunos países las guerras, y el odio, provocan genocidios tan impactantes como los de hace ochenta años. Pero quizá, nosotros, como adultos, sí tenemos derecho a conocerlo, o a consumirlo. Y esto es lo que los moderadores, casi adolescentes situados físicamente en países tercermundistas, están adoctrinados a hacer.

Eliminar.

Los testimonios explican que deben pasar por una formación inicial en la que se les especializa para conocer las banderas, las guerrillas, los tipos de consoladores…. Personalmente, para mí esto es lo más abrumador. Se están corrompiendo mentes de inocentes para que actúen después como nuestros salvadores. Son una especie de mártires, abocados a conocer una realidad muy lejana a la suya y que va a marcarles de por vida. Y, por si esto no fuera poco, deben pasar horas y horas descartando enlaces a vídeos, fotos o textos que no entran dentro de la normativa estipulada.

En Instagram no hay sitio para la guerra, pero sí para millones de fotos del menú mediodía.

Así que la existencia de este nuevo trabajo es necesaria, sí. Pero hay unos límites…. Y el problema es decidir cuáles son. ¿Es justo que no pueda viralizarse una pintura de Trump desnudo? ¿Es justo que no podamos sensibilizarnos con las imágenes de un niño ahogado en una inundación? Si la censura en redes se lleva, como se está haciendo, hasta extremos… el resultado va a ser Un Mundo Feliz. Y ya sabemos que no funciona.

La segunda gran reflexión se expone también abiertamente en el documental: Facebook, Twitter, Google… son empresas. Y, por tanto, su misión es conseguir beneficios. Es correcto. El problema viene cuando un gobierno tiene la fuerza suficiente como para hacer que se borre cierto contenido, o no se tenga acceso en su país, porque va en contra de sus normas, o más bien intereses. También cuando, por seguir una normativa concreta, resulta que se está dando más voz a opiniones racistas (“una opinión es una opinión”) que a dejar ver los vídeos que demuestran lo que hacen esos mismos personajes (“el vídeo es violento”). Es aquí cuando toda la legitimidad otorgada a los bustos parlantes responsables del diseño de las políticas y normativas por las que se rigen los moderadores se pierde del todo. Y el documental cobra vida, por fin.

The Cleaners ha podido montar tanto las imágenes de los testimonios como entrevistas a ex directivos de estas grandes empresas que explican el por qué de sus políticas, junto con los sonados y recientes juicios a esas grandes empresas, tanto por temas de errores en el filtraje de información sexual, como terrorista. Es curioso: da la sensación de que todo es impostado. De que incluso los jueces saben que el mundo internet es tan grande que es imposible de controlar. Pero ahí están, intentando sermonear a los cabezas de turco de las compañías…

La sobre-información capará nuestra imaginación.

La sobre-información filtrada capará nuestra capacidad crítica.

Y, no obstante, es lógico que, en un mundo cada vez más tecnológico, y solitario, tengan que crearse este tipo de profesiones.

Y que otras, lamentablemente, se vean abocadas a su extinción. Ya no tanto por la falta de fe… sino por la falta de sensibilidad, empatía y vocación de ayuda. Hablamos ahora de la excelente Hasta mañana, si Dios quiere.

 

Hasta mañana, si Dios quiere

 

Una comunidad de monjas, con una media de edad cercana a los ochenta y cinco años. Un día a día tranquilo, sostenido en el tiempo. Y una cámara que encuadra ilusiones. Que encuadra bondad.

Hasta mañana, si Dios quiere capta toda una filosofía de vida que se está perdiendo. El metraje se hace tan corto como nostálgico, porque a algunos nos evoca a nuestra infancia, y a otros les inspira ternura. Pero a todos nos provoca tristeza. La tristeza de ver cómo se pierden unos valores tan necesarios.

Que su directora confiese que este documental es fruto de una idea fallida, nos hace desearle que sus primeras ideas no lleguen nunca a buen puerto. Porque Hasta mañana, si Dios quiere rezuma calidad y sensibilidad, aporta reflexiones tan relevantes como la posibilidad de relativizar, sólo si uno mismo quiere. O que la edad está en la mente. O que el pasado es pasado y hay que vivir el presente… y todo a base de retazos de diálogos entre ellas.

Que pueden destruirse las fotos de la familia anterior, de la profesión anterior. Conservarlas es signo de vanidad, dicen. Madre mía, si supiéramos la cantidad de selfies que se están archivando en los servidores de medio mundo…. Incluso se exponen abiertamente las dudas, pequeñas y salvables, eso sí, con respecto a las Sagradas Escrituras: “Si Eva y Adán tuvieron dos hijos varones, Caín y Abel… ¿de dónde sale la mujer de Caín?”. Que lo diga una monja entre risas perdona cualquier omisión al texto. Faltaría más. Aunque al director de Photon le hubiese encantado ver este fragmento….

Pero si algo pone de manifiesto el documental es que se está perdiendo el respeto por la convivencia. Y lo hace mediante una mirada tan fuerte como sorprendente: dejando la cámara al final del pasillo que comunica las habitaciones de las Hermanas. A costa de un buen sonido, esos encuadres revelan complicidad, paciencia y amor. También lo hacen los planos cenitales del hueco de las escaleras: en su vida no todo ha sido fácil, pero así lo han decidido ellas. La desnudez de unas imágenes intencionadamente no sobrecargadas, y geométricas (símbolo de perfección, y tranquilidad) nos parecen permitir acercarnos ya no sólo a los cuerpos sino al alma de estas bellas personas que han dedicado, y siguen dedicando, su vida al prójimo. Es una verdadera pena pensar que con ellas se perderá tanto conocimiento de la vida. Un conocimiento que va mucho más allá de sus cuatro paredes, un conocimiento que muchos de nosotros no dejaremos entrar en nuestras mentes.

Es mejor hacerse selfies y buscar qué significa algo en la wikipedia.

Hasta mañana, si Dios quiere. El tema es… ¿qué quiere Dios? ¿Que filtremos la información? ¿Qué prefiramos compartir nuestra vida con desconocidos antes que crear nuestro propio círculo relacional, y físicamente personal? ¿Que dejemos de tener opinión propia y nos dejemos llevar por la de las grandes compañías? ¿Qué seamos capaces de reproducir Treblinka, ahora quizá más por el miedo a relacionarse con otros que por el miedo a quienes piensan diferente? Espero, sinceramente, que  no. Espero, sinceramente, que encontremos la luz en este oscuro futuro que todos vaticinan, pero no transforman.

 

 

TRAILER – Photon (Íd., Norman Leto, Polonia, 2017, Sección Oficial – What the Doc)

 

TRAILER – Treblinka (Íd., Sérgio Tréfaut, Portugal, 2016, Sección Oficial – What the Doc):

 

TRAILER – The Cleaners (Íd., Hans Block, Moritz Riesewieck, Alemania/Brasil, 2018, Sección Oficial –  Panorama):

 

TRAILER – Hasta mañana, si Dios quiere (Íd., Ainara Vera, España/Noruega, 2017, Sección Oficial – Panorama):

 

 

 

 

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora, con La Realidad No Existe, quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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