#BCNFilmFestival2018N2 (y coherencia)

#BCNFilmFestivalN2. Coherencia: en la vida y tus actos. En el impulso de tus ilusiones. En un festival.

 

Rebelde entre el centeno (Rebel in the Rye, Danny Strong, USA, 2017, Sección Oficial)
Caras y lugares (Visages Villages, Agnès Varda y JR, Francia, 2017, Zona Abierta)

 

Mantenerse fiel a uno mismo no es fácil. Por la presión del entorno, por la exigencia social, por el cuestionamiento mediático… o por los miedos personales. Muy de vez en cuando, quizá para darnos cuenta nosotros mismos de que todo es posible, nos deslumbran personas cuya determinación puede servirnos de guía. Y aquí dos ejemplos: JD Salinger, y el perfecto tándem Agnès Varda con JR.

Rebelde entre el centeno es todo aquello que no encontramos en Mary Shelley (y aun así ha ganado el premio a la mejor película en este BCN Film Festival 2018…), propuesta también de la programación del festival.  Mientras aquella centra la atención en la historia de amor de su protagonista para dejar volar la imaginación y “demostrar” cómo se gestó Frankenstein, el biopic creado para Sallinger es sobrio, objetivo en su planteamiento (aun en sus flashbacks) y desarrollo. Porque no se centra en el período durante el que estuvo recluido en una institución mental para veteranos de guerra, pero tampoco obvia la importancia de este período en la mente del creativo; porque no ensalza su adentramiento en la meditación como si de una revelación se tratase, sino que permite que sea el diálogo que se establece con los silencios del protagonista el que convenza al espectador de la necesidad que sintió el escritor de encontrar una forma poco convencional para la época para estabilizar su propio yo; porque, en definitiva, la vida de Sallinger se muestra como la de cualquier persona: un joven soñador que acaba retirándose harto de la verdadera incomprensión de su obra.

 

Rebelde entre el centeno

 

Rebelde entre el centeno conecta con un espectador que posiblemente desconozca la obra de su autor, porque éste transmite las dudas y sentimientos que cualquiera de nosotros ha podido sentir en algún momento de nuestras vidas. Y, si bien es cierto que los personajes secundarios quedan bastante diluidos, incluido el del profesor que publicó por primera vez a Sallinger (un Kevin Spacey marcado ya por el escándalo sexual, pero que hay que reconocer eleva la calidad de cualquier film con su interpretación), la verdad es que las escenas más importantes son las que permiten conocer directamente al escritor, tanto en sus momentos de reflexión como en su retiro. Es bien cierto que se pasa de soslayo su faceta asocial… pero no se esconde. Así que Rebelde entre el centeno, que al comenzar se antoja como otra superproducción que quiere mitificar a un personaje público, acaba calando a medida que avanza, sin ensalzar la figura del escritor sino haciéndonos comprender, si no compartir, el por qué de su retiro. Seguramente una de las (buenas) razones que le ha hecho llevarse el premio EDUCACINE en el Festival.

Y si con el film se demuestra que Sallinger fue coherente en sus decisiones tras las terribles experiencias que le tocó vivir, Agnès Varda es coherente con su obra a la hora de aliarse con el fotógrafo JR, creando esta maravilla de documental que es Caras y Lugares.

 

Caras y lugares

 

La idea de partida es sencilla: recorrer la Francia profunda, y hacer protagonistas a sus habitantes. La ilusión de los dos directores impregna cada fotograma, que rezuma la complicidad existente entre ellos, y alimenta tanto el documental como su lógica buena acogida entre el público. Porque demuestra el talento de un JR capaz de encontrar la imagen perfecta que acompañe a los lugareños, y de arrancarnos más de una lágrima y sonrisa gracias a su espontaneidad y joven y jovial alma… pero también que el secreto de Varda es que potenciar la creatividad, propia y de los que te rodean, no es ya clave para extinguir las diferencias generacionales, sino para establecer un diálogo exponencialmente enriquecedor. Así que Varda acaba resultando en el film no tanto la coprotagonista como la acompañante del que necesita explorar cómo regalar sus ideas de forma desinteresada, pero es la pieza clave para dar sentido al documental: porque la directora quiere hablar de humanismo, y JR se convierte en su perfecta representación… en contraposición a su antiguo amigo: Godard.

Y, desde esta perspectiva, no es difícil para el espectador darse cuenta de que JR se convierte, más que intencionadamente por parte de Varda, en la (imposible) versión bondadosa de Godard y, por tanto, en el artista a seguir y admirar. En el artista en el que nos gustaría vernos reflejados.

Varda esconde la figura de Godard y la arrastra soterradamente durante todo el documental, dejándole resurgir en los momentos en los que sea más fácil para el espectador realizar al comparativa: ambos artistas altamente creativos. Ambos con talento infinito, capaz de motivar a cualquiera, de hacer reflexionar sobre su obra. Ambos con la capacidad de llenar de conocimiento, y reconocimiento, a la sociedad que les rodea. Pero sólo uno con un corazón tan transparente como su obra. Sólo uno capaz de mantener nuestra atención.

Varda habla con JR de sus experiencias pasadas, de sus amigos, de cómo se inspiraba a la hora de componer sus propias fotografías y relatos. La directora busca en JR lo que consiguió años atrás con Godard: abrir su alma, a través de sus ojos. Y lo consigue, consigue que JR se quite las gafas de sol, sólo para ella… pero en realidad lo ha hecho ya, durante todo el documental, también para el espectador. En contraposición, un Godard tan celoso de su privacidad artística no apta para cualquier público, confundida con arrogancia y mal gusto, que es capaz de tragarse sus ganas de volver a ver a su otrora íntima amiga pro el bien del cuidado de su impostada imagen.

Ya no estamos en una época en la que el misterio aporte misticismo y poder. Estamos en un mundo en el que triunfarán los más solidarios.

 


Caras y lugares es un mensaje secreto (a voces) para Godard, pero también para todos nosotros: si la persona de JR nos motiva a dejarnos llevar, el experimento que es el documental lo hace para que empaticemos con nuestro entorno. Porque aprendiendo de él, echando la vista atrás, tal y como hace Agnès, y aportando una imagen para el recuerdo pero también para la reivindicación de aquellos que lucharon por avanzar en sus vidas con el fin de provocar a las nuevas generaciones, será cuando conectemos con nuestras raíces, y sepamos cómo actuar. La visita a la minería abandonada, a la fábrica, al granjero, a los pastores… todas las experiencias envuelven pasado, presente y futuro, y lanzan el mismo mensaje: no hay que sentirse superior, no hay que dejar de lado de dónde venimos. Reconocer, y agradecer. Y aportar, dentro de las posibilidades de cada uno, para conectar. Tal y como han conectado Varda y JR.


 

Así que el resultado final, un documental fresco en su presentación, con escenas tan preparadas como perdonables gracias a la soltura de sus protagonistas, es coherente con su intención: demostrar la humanidad que puede, y debe, residir y resistir en todos nosotros.

 

Lamentablemente este es mi cierre personal del Festival por no haber podido acudir a más de las citas propuestas. No obstante, no puedo terminar sin hacer una valoración de la organización y ambiente vivido.

En primer lugar, agradecer a la organización el pase a la prensa en aquellas sesiones destinadas a público si hay butacas libres (a excepción de inauguración y clausura, comprensible aunque, personalmente, considero que se podría igualmente permitir el acceso siguiendo el mismo criterio). Esto, que parece lo más lógico para facilitar el trabajo del redactor que cubre el festival, no se encuentra en todos los festivales (por mucho que se haya reivindicado desde el gremio).

En segundo lugar: el festival, en sus dos ediciones, ha tenido que enfrentarse a comentarios ciertos, pero quizá injustos: que los films proyectados sean en su gran mayoría (si no todos) preestrenos… no tiene per se que ser motivo de rechazo. El festival no busca una calificación clase A, ni lo pretende. Al igual que su compañero de viaje, la festividad de Sant Jordi, está claro desde el año pasado que el festival es un escaparate para dar a conocer sus mejores propuestas (las de a contracorriente básicamente) para los siguientes meses. Eso sí, el error está en cobrar por sus entradas individuales precios más elevados que los del día del espectador (más hiriente en los casos en los que el estreno es casi inmediato). Eso sí es una tomadura de pelo…. Por otro lado, el festival también debería reflexionar sobre la coherencia de su propuesta: quizá los malos resultados del año anterior (salas mucho más vacías que en esta edición… que no ha llenado tampoco) han hecho que se apostase por ampliar secciones y actividades paralelas (presentaciones de series; cine “con gracia”; imprescindibles dedicado a Bergman; una charla para guionistas… ), pero, sin haber consolidado su apuesta principal, es posible la exponencial ampliación haya aturdido más a su público. Un público que, además, debe volver a ser valorado para que las actividades programadas realmente le funcionen. ¿A quién quiere atraer el festival? Personalmente, aun no lo tengo claro con la diversidad de su programación. Y “amantes de la lectura”… no sirve como target.

No obstante, escrito todo esto, el esfuerzo, la ilusión volcada en esta segunda edición es más que agradecible. La calidad de los films, con alguna (decepcionante) excepción, está entre el bien y el notable. Es ya seguro se apostará, y con razón, por una tercera edición, del 22 al 30 de Abril de 2019. Y es la que debería servir como verdadero punto de inflexión. Personalmente espero que se defina el target específico, y se consiga salir adelante con una propuesta nicho, pero interesante y necesaria. Más en una ciudad como Barcelona.

 

 

TRAILER – Rebelde entre el centeno (Rebel in the Rye, Danny Strong, 2017, Sección Oficial):

 

TRAILER – Caras y lugares (Visages Villages, Agnès Varda y JR, Francia, 2017, Zona Abierta):

 

 

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora, quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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