#Americana2018N7 (futuro)

#Americana2017N7. Futuro: mirar atrás para seguir avanzando. Imaginar. Sobrevivir.

 

Flesh and Blood (Íd., Mark Webber, USA, 2017, Next)
The Strange Ones (Íd., Christopher Radcliff, Lauren Wolkstein, USA, 2017, Next)
World of Tomorrow (Íd., Don Hertzfeldt, USA, 2015-2017, Tops)
Ex Libris (Íd., Frederick Wiseman, 2017, Docs)

 

Todos damos por hecho que el futuro va a ser mejor. Miramos hacia atrás, hacia lo que hemos hecho, hacia lo que hemos arreglado, y damos las gracias por avanzar escogiendo el mejor camino. Miramos a los lados, y vemos injusticias, comportamientos que nos aterrorizan. Hay situaciones que no deseamos ni a nuestro peor enemigo. Miramos hacia adelante, y nos reímos nerviosamente cuando alguien nos ayuda a comprender que, quizá, vivir eternamente no debiera ser una meta. Disfrutar del momento es lo mejor que puede hacerse. Pero el momento, este preciso momento, sólo puede construirse a base de recoger conocimiento, de reinventarse, y de ayudar. Para sobrevivir.

Cuatro puntos de vista que tiene que ver con pasado y presente para construir el futuro. Un futuro mejor para todos. Incluso para nuestros clones.

 

Flesh and Blood

 

Miramos hacia atrás con Flesh and Blood, que recrea un momento clave en la vida de una familia que se interpreta a sí misma. A caballo entre la ficción y el documental, Webb revisa la importancia de los lazos familiares rememorando, sin desvelarlas completamente, las circunstancias que le hicieron cometer un tremendo error, y cómo supo superar el bache que significa enfrentarse a tener que reinventarse. Desnudando emocionalmente a su madre y hermanastro ante la cámara, a modo de vídeo casero y busto parlante, arremetiendo contra la expareja de su madre con diálogos reconstruidos, o mostrando sus verdaderos sentimientos en cuanto al perdido amor de su vida, las diferentes escenas convergen en el verdadero motivo del documental ficcionado: la redención a través de la búsqueda de la comprensión, y perdón, de los actos de un padre que le abandonó de joven. La demostración de que se puede ir a mejor.

Flesh and Blood demuestra que repetimos patrones, pero que podemos estar por encima de ellos. Que podemos avanzar, y que, para ello, hay que enfrentarse a un mismo. Webber consigue momentos verdaderamente íntimos, tanto cuando quiere acercar al espectador a sus propias vivencias y reflexiones (primerísimos y a veces angustiosos planos), como cuando expone de forma objetiva, con la cámara alejada, el reencuentro con el padre. El film acaba siendo un testimonio real a partir de unas imágenes que son puro recuerdo y, por tanto, imaginación. Y es esa extraña dicotomía la que convierte a Flesh and Blood en un interesante ejercicio moral.

Pero si algún film programado en Americana 2018 pretende remover ética y moral, principios y valores, para ser conscientes de lo que no queremos para nuestro futuro ni el de nuestros más allegados, ese es el hipnótico The Strange Ones, extraordinaria opera prima que mantiene tensionado al espectador durante hora y media, haciendo crecer en su interior el terror de forma exponencial.

 

The Strange Ones

 

Estamos ante un thriller psicológico en el que la temática principal no se adivina, hasta bien avanzado el film, a no ser que seamos plenamente conscientes del significado de algunos gestos, miradas, y silencios. El trabajo de sus dos protagonistas es descomunal: el niño, James Freedson-Jackson, transmite con su dispersa mirada caos, sufrimiento, terror, remordimiento… pero sobre todo batalla interior. El del apuesto joven que le acompaña en esa calculada excursión que es ir de caza (metáfora que esconde en sí misma todo lo que ocurre en el film: el adentrarse en frondosos bosques, el disparar el arma, el  salir corriendo y refugiarse en una comuna que poco tiene que ver con la personalidad del joven, el querer volver, desesperadamente…), es un personaje, creado a la perfección por Alex Pettyfer, sumido en una extraña contención que sólo después explotará, sin hacerlo, ante nuestros propios ojos.

La decisión de avanzar claramente, y en boca del “hermano mayor”, que la realidad sólo está ante nuestros ojos y vemos lo que queremos ver, es toda una declaración de intenciones: tú, espectador, lucharás inconscientemente por evitar ver lo que te estoy mostrando. Pero vas a tener que hacerlo, y vas tener las mismas pesadillas que sus protagonistas, y vas a desear acabar igual que quieren ellos. Porque no vas a querer esto en tu vida. Ni en la de tus hijos. Ni en la de tus nietos.

The Strange Ones es un imperdible del festival, sin dudarlo. Por su minimalista guion y puesta en escena. Porque consigue unas imágenes que no son extrañas únicamente por lo que muestran (esa persecución policial en el bosque que desencadenan unos hechos que es imposible ocurran de esta manera), sino por cómo están montadas, siguiendo las pautas de un guion aparentemente desordenado pero que responde, y muy efectivamente, al trastorno más o menos temporal del niño protagonista. Porque su objetiva denuncia es tan potente como lo es su subjetiva mirada. Porque encuentra la forma de mostrar que no todo es blanco o negro, incluso en circunstancias tan aterradoras como las que muestra, sin mostrarlas. Porque un bosque puede hablar de siniestro pasado y presente, y confusa y paradójicamente deseado futuro.

Deseamos lo que conocemos, aun sabiendo que nos hace daño.

Así que no es extraño que The World of Tomorrow, corta de animación amablemente satírico, juegue con proyectar en un futuro no tan lejano como parece las intenciones de una sociedad tan perdida como el niño de The Strange Ones.

 

World of Tomorrow

 

Queremos vivir eternamente. Queremos que la tecnología nos ayude a ello. Queremos seguir siendo niños. Queremos que todo sea sencillo.

Pero no lo va a ser.

A golpe de mordaz guión para el primer corto y de alocado para el segundo, los directores de los films de animación sermonean al espectador, riéndose de sus ansias de conseguir clonarse, de que los selfies hayan potenciado un egoísmo que nos ha hecho perder la ilusión por mantener relaciones reales con otros seres humanos (no siendo tan descabellado que “nuestros clones” acaben confundiendo el sentirse enamorado, o tan solo reconocido, con el sentir algo por una piedra), e incluso de que queramos seguir viviendo en el pasado, o teletransprotarnos a otro lugar, en otro tiepo… otra época conocida, en la que recordamos ser felices.

Solo que los recuerdos, volvemos a remarcarlo, son pura imaginación.

Lo más desesperante es que World of Torromow denuncia el camino que estamos siguiendo si no cambiamos. En verdad habla más del presente y sus peligros, dibujando el futuro con ilustraciones sencillas, que obligan a prestar atención al contenido, y no al continente. Y el contenido acaba por denunciar lo que todos sabemos, pero no practicamos: vive el presente, no hay futuro que valga. No proyectes, no quieras que tus descendientes sean iguales a ti. Vive tu propia vida, sin inmiscuirte en la de los demás. Aprende a quererte, y a respetar. Infórmate, y crece. Física, y mentalmente.

Y qué mejor forma de crecer que rodeado de libros.

Pero no sólo eso. Nunca una biblioteca ha sido sólo eso.

 

Ex Libris

 

Wiseman conforma un nuevo documental a caballo entre la información y el bello testimonio,  adentrándose en las distintas instalaciones de la biblioteca pública de Nueva York. El director decide que, para conmemorar su centenario y a sabiendas que su obra va a ser tratada como posible documento histórico a dejar a los futuros usuarios, lo mejor es hacer una foto del momento, pero también demostrar las posibilidades, pasadas y futuras, del trabajo realizado entre sus paredes. Así que a diferencia de su anterior National Gallery (2014), Ex Libris centra su mirada más en las actividades programadas que en los tesoros de la biblioteca (tanto arquitectónicos como de archivo). Más en las necesidades sociales que en las obras ordenadamente almacenadas. Así que, cíclicamente, pasará a exponer durante todo el tiempo que él considere necesario la presentación de un libro, el trabajo solidario para ayudar a hacer los deberes a los más pequeños, las discusiones en club de lectura… combinando sus imágenes con las reuniones de los comités de gobierno de la institución. Unos comités que deben decidir cómo gestionar su presupuesto, si es necesario más ayuda privada respecto a la pública, si deben defender la compra de bestsellers o la de libros con poca distribución, si apoyan las ediciones electrónicas frente a las impresas, si deben restringir su propia normativa para evitar que sus instalaciones y actividades abiertas al público se conviertan en refugio de personas sin hogar o si, por el contrario, su misión debe mantenerse intacta y, por tanto, no inmiscuirse en asuntos de competencia política… Ex Libris expone, mediante unas imágenes que a priori pueden parecer seleccionadas al azar, la importancia de no olvidarse de los jóvenes (“les invité a participar, pero no quisieron entrar”), de luchar para denunciar la manipulación de la información en pro de la igualdad (la discusión de profesores y expertos sobre la mala praxis de McGraw Hill, sin duda un dardo envenenado del que no podrá zafarse la editorial), de pensar en cómo reinventar el trabajo de unas bibliotecas que ya no son espacios para estar tranquilo leyendo, sino que son un servicio comunitario, de propagación de información y de enseñanza, e incluso lobbies para conseguir mejoras sociales. Ex Libris es un poema filmado para que futuras generaciones sigan los pasos que ya se intentaron en el 2017: frenar la consulta individual desde el ordenador de casa, invitando a compartir experiencias, y conocimiento. Porque si el futuro puede ser mejor, lo será si volvemos a los orígenes. Si consultamos qué hicimos mal, y qué hicimos bien. Si no repetimos errores. Y si nos apoyamos los unos a los otros.

Un futuro mejor, reinventado entre todos, con la tecnología como soporte, y no como centro.

 

Trailer – Flesh and Blood:

 

Trailer – The Strange Ones:

Trailer: World of Tomorrow:

 

Trailer: Ex Libris:

 

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación Catalana de la Crítica y Escritura Cinematográfica) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora, quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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