#Americana2017N4 (sacrificio)

#Americana2017N4: Sacrificio. De cuidados, suplantaciones y mentiras

 

James White (Íd., Alma Har’el, USA, 2016, Tops)
Author: The JT LeRoy Story (Íd., Jeff Feuerzeig, USA, 2016, Docs)
Kate Plays Christine (Íd., Robert Greene, USA, 2016, Docs)

 

Sacrificio es dejar de lado tu propia vida para ponerla al servicio de tus seres queridos.

Sacrificio es dejar parte de tu personalidad cada vez que interpretas un papel para el cine, o la televisión.

Sacrificio es esconderte de ti mismo, pensar que no le gustas a nadie y crear, conscientemente, otras personalidades para evitar exponerte a los demás.

Sacrificio, para estos tres films, es evitar, por voluntad propia o por las circunstancias, ser uno mismo.

James White es mi personal  Top 1 del Americana 2017. Con un título que es ya toda una declaración de intenciones (fijaos en quién es el protagonista de esta historia, cómo se llama, quién es, qué hace y cómo se comporta… dadle un nombre, una identidad propia, porque la ha perdido), el film se centra en mostrar el día a día de un chico que ve cómo su vida se reduce a ser el cuidador de su madre enferma. Los ataques de ira, la depresión, el amor incondicional, el miedo a quedarse solo, y, por encima de todo, la necesidad de encontrar el equilibrio en su vida, se muestran de forma tan sencilla como emocionalmente efectiva.

 

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James White

 

Una emoción que no se consigue a través del melodrama, ni de utilizar el típico recurso musical para entristecer al espectador. No, el film basa su objetivo y explicación principal, la identidad del sufrimiento, en los encuadres. Primerísimos planos para mostrar a un James totalmente sobrepasado internamente por sus problemas, que se da cuenta de que ya no es dueño de su propia vida pero que acepta, como buen y responsable hijo, ese destino temporal. Porque cuando termine su función, todo su mundo desaparecerá y deberá encontrarse de nuevo… si alguna vez había intentado buscarse. Por otro lado, los contadísimos planos generales se reservan para cuando James intenta ser dueño de su vida: de vacaciones en la playa, intentando ligar con una chica… planos menos abiertos encontramos cuando él está en un bar, en una discoteca o con su mejor amigo. Porque en esos momentos no ha desconectado de su vida, de su (loable) autoimpuesta responsabilidad.

De esta forma el director nos obliga a seguir a James, a ser James. Identificarnos con él como persona, como amigo, como novio, como hijo. A comprender un sufrimiento que no finaliza con la última escena, esa en la que acaba por encenderse un cigarrillo.

 

El sacrificio de James es sufrido por sus más allegados. Y el de Laura, quiero decir, Jeremy, quiero decir, Speedie… es más complejo. Y multitudinario.

JT LeRoy fue un niño prodigio: superando el vivir en la calle desde su más tierna edad y habiendo ejercido la prostitución, encuentra en la escritura su mejor aliado. Pronto es descubierto por editores, directores de cine, cantautores reconocidos… su vida social es tan arrolladora que se convierte en el referente de una generación.

El problema es que JT no existe. Bueno, sí… pero en la mente de Laura. Author: The JT LeRoy Story no deja a ningún espectador indiferente.

 

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Author: The JT LeRoy Story

 

Lo más interesante del documental no es su ritmo trepidante, ni lo bien que sabe combinar las actuales entrevistas a Laura con imágenes de su pasado y grabaciones telefónicas. Incluso la animación, o el montaje de su vida en los años setenta y ochenta entremezclada con los sucesos más recientes, hacen más que apetecible el resultado final. Pero lo que lo hace realmente único es que, mientras parece que el documental sea un encargo para que Laura se defienda, desviando la atención a un tema tan interesante como quién es el autor, quién tiene derecho a reclamar ciertas indemnizaciones, quién es capaz de decidir si ella es o no la autora de novelas, guiones y letras de canciones…  en realidad, en el conjunto del metraje, lo que descubrimos es un cuestionamiento enterrado sobre los verdaderos motivos de Laura. Y es que, dado el imaginativo histórico que aquí mismo presenta… ¿cómo podemos creernos una palabra de lo que dice?

Seguramente sufrió abusos, seguramente no se ha sentido nunca a gusto con su cuerpo, seguramente ha sacrificado el poder vivir muchas de sus ilusiones en primera persona por miedo. Pero, como espectadores, el sentimental cierre del film, ese que se permite justificar todo lo realizado durante años para proteger a su personalidad principal del mundo… deja indiferente. Es más, se antoja como una confesión burlona, una provocación. A medida que avanza el documental, parece que Laura no tiene múltiples personalidades. Parece que, sencillamente, hubiese dejado volar esa tremenda imaginación suya saltando, además, las barreras de su propia ambición: si no la dejan escribir como un chico, se convertirá en un chico. Si no puede presentarme al mundo como JT, estará lo más cerca posible de la sombra del impostor… Es decir: su sacrifico parece vacuo, su sufrimiento, inventado. Y su confesión… otra forma de obtener beneficios.

Pero no seamos malpensados.

En cualquier caso, el documental no deja cabos sueltos, pero tampoco es, como hubiésemos deseado, un ejercicio de investigación. Falta el punto de vista de los engañados, de los que apoyaron a un genio y se encontraron a una embustera. O quizá, y sólo quizá, se encontraron, verdaderamente, a JT con el cuerpo de una mujer quince años mayor que él.

El sacrificio de Laura es mediático, y terrible. Por mucho que podamos pensar es fruto de una estrategia muy pensada. Y sacrificio es también el que hace Kate en su profesión: Kate es actriz, y ha aceptado interpretar el difícil papel de Christine, la reportera estadounidense que se suicidó en antena en los años setenta. Sí, se trata del mismo personaje real que vimos en Christine, y en verdad este doble visionado, ficción y documental, complementa muy bien la historia.
Bueno, eso de que Kate Plays Christine es un documental… es algo a discutir.

 

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Kate Plays Christine

 

Obviamente, encontramos todos los elementos para que sí creamos es el making-of del personaje de Christine y, en este sentido, es un film muy educativo para demostrar lo difícil de la profesión. Seguimos a Kate mientras construye el personaje en unas escenas que cada vez se convierten en más íntimas, al captar las dudas que le provoca tanto el desconocimiento de la persona real como las escenas que considera no encajan con el carácter de su personaje. En este sentido, la claustrofobia de Kate está muy bien representada en la puesta en escena, y el montaje, que repite periódicamente el ensayo del momento final (el del suicidio de Christine en plena retransmisión) nos recuerda constantemente por qué estamos viendo el film. Y esta es la gran apuesta de Kate Plays Christine.

Al igual que Christine, Kate Plays Christine plantea desde buen inicio, a través de las palabras de Kate, el por qué del interés por filmar estos últimos días de la reportera. No es por conocerla a ella ni sus motivos, sino más bien por comprender el entorno en el que tuvo que gestionar su carrera, y su vida. Un entorno que, como comentábamos para Christine, se empezaba ya a caracterizar por dejar a un lado los programas familiares, apostando por retransmitir la vida personal de hombres y mujeres anónimos.

La curiosidad por la desdicha de otros, el morbo de ver sangre y tripas, define nuestra sociedad desde hace décadas… y cada vez la necesidad de encontrar esta información en la parrilla ha ido a más, y a peor. Por eso es tan significativo el cierre del “documental”. Al espectador, justo al final (y con mensaje reforzado con las imágenes de los títulos de crédito), se le quita la venda de los ojos. La intención de Kate Plays Christine es exactamente la misma que la que tenía la propia Christine al cometer el intento de suicido. Solo que, ahora, el director sabe, mucho mejor que la naïve Christine, cómo conseguir que sí hagamos caso.

 

TRAILER – James White:

 

TRAILER –  Author: The JT LeRoy Story:

 

TRAILER – Kate Plays Christine:

 

 

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y miembro de la ACCEC (Asociación de Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora cofunda Probeta para ampliar con actividades culturales esa visión de que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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