Viejóvenes

¡Hay luz al final del túnel!

 

“Los niños en manada,

¡vaya hijos de puta!,

los niños en manada.

Los hombres del mañana,

¡vaya hijos de puta!,

los hombres del mañana.

Los que me sobrevivan, 

¡vaya hijos de puta!,

los que me sobrevivan,

¡vaya hijos de …

Los niños del mañana (Love of Lesbian, Maniobras de escapismo, 2005, Naïve)

 

El Teatre Tívoli lleno. Los espectadores, casi todos entre los 35 y 40 años, estamos impacientes… queremos ver a Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla reírse de nuestra peculiar situación: No somos hombres y mujeres, no somos chicos y chicas. Ni viejos, ni jóvenes, estamos en ese momento en el que continuamos llevando camisetas de Dragon Ball o coleccionando cómics, pero también en el de que cuando se te acerca un niño a preguntarte la hora, o cuando quiere saber si eres el último de la cola del pan, te suelta esa barbaridad disfrazada de “disculpe/gracias señor/a”. Hijos de puta.

Así que queremos reírnos de unos sketches con los que nos sintamos retratados o, más bien, con los que veamos que muchos otros se sienten identificados. Encontrar un refugio en la colectividad, que nos confirme eso de que los 40 son los nuevos 30, y los 30 son los nuevos 20. Vamos, que somos normales, que nos queda juerga para rato. ¿No?

Empezamos a silbar, se están retrasando tres minutos.  La expectación es máxima, y las ganas, más. Es justo entonces cuando comienza el vídeo de presentación… y ya estamos rendidos ante ellos.

La aparición de Ojete Calor cantando en la calle ‘Viejoven‘ calienta motores (curiosamente, el sentido otorgado al palabro en esa letra es el contrario: jóvenes – entiéndase, de nuestra edad – que se comportan como yayos), como la de Carlos Areces haciendo de imposible locutor/presentador… y así pasamos a Joaquín y Ernesto en el escenario, con una puesta en escena peculiar (que luego se encargarán de ¿explicar? cómo la han conseguido), diciendo, básicamente, lo que todos esperábamos: gilipolleces.
Muchas y variadas gilipolleces. Absurdidades que rozan, cuando no la sobrepasan con creces, la hilaridad en un espectador incapaz de evitar que le rueden por las mejillas bonicos lagrimones.

viejovenes 2
El espectáculo intercala la actuación de los dos esperados protagonistas, con sus merecidos monólogos, y con vídeos de personajes tan reconocidos como la Cinta VHS, o la zarza ardiente. El nexo entre bromas, aunque no nos sea necesario, existe, sólo hay que estar atento a un guión inteligente. Inteligente, sí. Porque, ¿qué es lo que espera un público en nuestra situación? Pues, lo dicho, gilipolleces. Escatológicas, sexuales, o simplemente tan estúpidas como divertidas. Y no, no es contradictorio.


Y es que, como ellos mismos reconocen, el título, Viejóvenes, es la excusa, pero en realidad es la mejor (auto)denominación de lo que estamos viendo: quizá seamos una generación en la que el absurdo es lo que mejor representa la surrealista situación social que estamos viviendo. Quizá seamos los únicos que sabemos, y sabremos, valorar este tipo de humor. Porque es el nuestro, es nuestro día a día.


Y, en el que es el mejor momento del espectáculo (junto al del hipnotizador… sólo por este ya vale la pena pagar la entrada), aparece en pantalla el reconocimiento a todo lo que estamos viendo, y viviendo, escondido como el título de otro de los sketches: Hay luz al final del túnel.

Sí, la hay. Por supuesto. Nos reiremos de nosotros mismos durante muchos años más. Nos reconoceremos iguales que nuestros padres y abuelos, como el de esta escena humorística, pero no nos importará, porque sabremos qué se siente al ser viejoven y reírnos de todo y todos. Porque la vida, nuestra vida, es este espectáculo inconexo (o no) en el que podemos reírnos de Osborne y Arévalo cuando sabemos que en unos años otros se reirán también de este humor seguramente caduco e incomprensible para los que no hayan “sufrido” la transformación generacional (entendiéndose como el no ver la necesidad de sentar cabeza) en sus propias carnes.

¿Y qué? Que se rían. Acabarán dándonos las gracias. Los niños del mañana… vaya hijos de puta. Por cierto, Hijo de puta, hay que decirlo más, sí.

VIDEO PROMOCIONAL – Viejóvenes:

Apasionada del cine y en especial del subgénero de viajes en el tiempo, estudia un Máster en crítica cinematográfica (2008-2009) y se convierte en redactora en El Espectador Imaginario hasta 2011, año en el que cofunda Cine Divergente. Redactora en Miradas de cine desde 2013 y cocoordinadora de su sección de Actualidad desde 2016, además de ser miembro de la ACCEC (Asociación de Catalana de Críticos y Escritores Cinematográficos) desde 2014, en los últimos años ha publicado críticas y ensayos cinematográficos, cubierto festivales, participado en programas radiofónicos especializados y colaborado en el libro Steampunk Cinema (Ed. Tyrannosaurus Books, 2013). Ahora, con La Realidad No Existe, quiere demostrar que "la" realidad no existe y es producto de nuestra imaginación.

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